martes, 1 de marzo de 2016

Asesinos en Serie (Carl Panzram [VIII])

Fue llevado a juicio y el mismo ejerció como su propio abogado, claro que lo hizo de la manera más torpe y burda que pueda haber, aterrorizando constantemente a los testigos y a los miembros del jurado. La sentencia llegó el 12 de Noviembre de 1928 y el juez Walter McCoy le dio 25 años de cárcel en Leavenworth, ante lo cual Panzram atinó a gritarle: "¡Vaya a visitarme!…"
El 1 de Febrero de 1929 llegó Carl Panzram a la conocida prisión de Leavenworth y, al serle leídas las reglas por el guardia principal, declaró serenamente que asesinaría al primer sujeto que se metiera contra él. Y en efecto, así ocurrió cuando uno de los guardias la tomó contra él: a la primera oportunidad lo masacró con una barra metálica. Estaban dentro de la lavandería, empleo que Panzram había solicitado dada su precaria condición física y, después de terminar con la vida del oficial Warnkle, Panzram entró en un frenesí de locura atacando al resto de los aterrorizados prisioneros que no podían escapar por la puerta pues estaba cerrada. Por los gritos y el ruido del desorden, llegaron los demás guardias a poner orden en la masacre. Cuando llegaron vieron por las ventanas a Panzram armado de una barra metálica de varios kilos de peso, cubierto de pies a cabeza de sangre y con las ropas hechas jirones. Una vez que el sicótico prisionero se calmó, abrieron la puerta y lo condujeron silenciosamente a su celda.
Por este terrible crimen fue llevado nuevamente a juicio. Esta vez ni siquiera solicitó un abogado, ya no lo necesitaba. Durante su confinamiento en solitario continuó la comunicación con Lesser, a quien le comentó que le faltaban cosas que leer, pero que en general era mucho mejor tratado que antes. Si tan solo así hubiera sido desde un principio el trato en prisión, tal vez muchas personas no hubieran sido robadas, abusadas y asesinadas de la manera en que había ocurrido. Al juicio fueron llevados como testigos guardias y prisioneros que contaron con lujo de detalles los acontecimientos del día en que fue masacrado el señor Warnkle. La sentencia fue la horca, no bien fue dictada por el juez, Panzram quedó inclusive agradecido y feliz. Al ser retirado de la sala y cuando todos dejaban el lugar, aún se podían escuchar sus horribles carcajadas…
Antes de su ejecución no faltaron las almas caritativas que trataron de interceder por Panzram, como el doctor Karl Menninger que solicitó entrevista con el condenado a muerte. Pero Panzram amenazó de muerte a las asociaciones civiles que ya desde entonces se oponían a la pena capital. Durante la corta entrevista, el reo se mostró irritado y nada cooperativo. Para Menninger quedó claro que ese hombre era capaz de matar a quien fuera con tal de escapar si la menor oportunidad se presentara. Las opiniones del buen doctor fueron rechazadas tajantemente por Panzram, quien dejó en claro que aborrecía cualquier intervención a su favor y que deseaba llegara ya la hora de su muerte para bien de él y de todos.
El 5 de Septiembre de 1930 a las 6 de la mañana y ante numerosos testigos de la Prensa y la prisión, Panzram fue colgado y declarado muerto a las 6.18 a.m. Su cuerpo no fue reclamado y fue enterrado en un sepulcro del lugar. Hasta el momento de su muerte se comportó desafiante e incorregible como siempre. Cuando dos guardias intentaron ponerle la capucha negra, les escupió a ambos en el rostro. Movía su cuello de forma frenética y violenta para zafarse, aunque no para huir de la muerte sino sólo para decirle al verdugo: “¡Apúrate, bastardo. Yo en tu lugar ya hubiese matado a diez!”. No deseaba vivir, estaba feliz de saber que miraría por fin los ojos de la muerte. Según testigos, pasó la noche en vela caminando por su celda y canturreando una canción obscena de su propia creación.

fuente: http://asesinatoserial.net/panzram.htm


Asesinos en Serie (Carl Panzram [VII])

Luego de unas semanas Panzram intentó armar un incendio, pero el dispositivo que había colocado fue desmantelado por los guardias. Intentó asesinar a otro de ellos dándole un tablazo en la cabeza y, claro está, también intentó escapar del lugar. Trepó una de las paredes de la prisión y cayó casi de una altura de 10 metros a una plataforma de concreto. Se rompió ambas piernas y tobillos y tuvo lesiones en la espina dorsal. A pesar de sus graves lesiones fue aventado a su celda sin ningún tratamiento médico. Ni siquiera yeso o tablillas le fueron colocados. Tras 14 meses de agonía en que nadie lo ayudó, Carl fue operado perdiendo un testículo a causa de los daños sufridos. A pesar de esta larga odisea, Panzram no se corregía en lo absoluto, pues tiempo después de su cirugía fue hallado sodomizando a otro prisionero, por lo cual fue arrojado al confinamiento donde sus sufrimientos se multiplicaron siendo ignorado por absolutamente todo mundo. Nada que hiciera o pidiera tenía una respuesta positiva. Tras años de padecer este aislamiento, Panzram enloquece de furia y resentimiento. Elabora planes para armar matanzas masivas, como soltar arsénico en un río para asesinar a todos los pobladores sin excepción. Finalmente, tras 5 años de habitar las entrañas del infierno, Panzram es liberado de Dannemora. Lleno de profundas cicatrices físicas y mentales, este asesino en serie toca de nuevo el mundo.
Y por enésima vez Panzram robó, incendió y asesinó al menos a un sujeto como parte de su venganza contra el mundo hasta ser capturado de nuevo. Durante su presidio en Washington finalmente comenzó a cantar la verdad. Los guardias pronto notaron que el reo Charles Panzram frecuentemente hablaba de haber asesinado niños. Comenzó una extensa averiguación en diferentes jurisdicciones para clarificar la información. Pronto surgieron los datos que corroboraban las aseveraciones del reo. Cuando fue registrado en la cárcel un joven guardia recién ingresado al servicio y de nombre Henry Lesser, éste preguntó a Panzram “¿cuál es tu crimen?”, a lo cual el monstruo respondió: “Lo que yo hago es reformar personas…” Pasaron algunas semanas en que el joven Lesser notó el extraño comportamiento de Panzram, quien raramente entablaba conversación con los demás. Mientras tanto, éste último no perdía el tiempo y raspaba el concreto alrededor de las barras de su ventana con el fin de escapar, pero fue delatado por otro prisionero. Entonces es sometido a las usuales torturas en boga. Esta vez Panzram maldijo inclusive a sus padres por haberle dado esa vida que desembocó en el pasar de los años a través de una existencia pendenciera y sin rumbo. Sometido a las más salvajes torturas y condiciones carcelarias de su tiempo, el legendario criminal Carl Panzram decide confesar absolutamente todo. Día tras día aporta datos de sus fechorías, en especial la violación y asesinato de los jovencitos McMahon y Alexander Luszzock. Por alguna razón Lesser se compadece del rabioso y odiado criminal y, en un gran gesto de su parte, se convierte en su único confidente en la prisión. Un día le da un dólar para que Panzram comprara cigarros y comida. Pronto ambos hombres se hacen amigos y Lesser convence a Panzram de escribir sus memorias.
Aquella enorme declaración de más de 20,000 palabras abarca toda la carrera criminal de Panzram, incluyendo descripciones de todas y cada una de sus encarcelaciones a lo largo y ancho del territorio. A pesar de la falta de comunicación entre agencias y prisiones de aquel tiempo, la mayoría de los datos aportados fueron corroborados. Estaban incluidos arrestos y alias usados desde 1900 hasta 1930. No solo habló de su vida, sino también del sistema penal norteamericano al cual propinó acres críticas, tachándolo de inútil y nocivo. Uno de sus lemas más recurrentes era que la fuerza daba derecho. También aseguraba que por todos sus crímenes no guardaba arrepentimiento alguno y que todas y cada una de las leyes de Dios y de los hombres en algún momento las había roto. Si hubiera nuevas leyes, con gusto las quebraba también.
Muy pronto de todas partes comenzaron a surgir ordenes de presentación contra Panzram, y entonces pronto comprendió que este era el final de su carrera delictiva.

 

Asesinos en Serie (Carl Panzram [VI])

Tras unas cuantas semanas en suelo norteamericano, Panzram decide renovar su licencia de marino y arreglar los papeles de su viejo bote el Akista y procede a explorar los puertos para hallar un yate igual o parecido pues planeaba robarlo para después renombrarlo. Así recorre varios lugares sin hallar lo que busca hasta llegar al pueblo de Salem en Massachussetts, lugar donde hacía siglos enjuiciaban a las brujas. Dentro del pueblo se encuentra en una calle a solas con un chico con quien traba plática. Aquel niño había estado la mayor parte del día dentro del restaurante de un vecino y había salido por un encargo. Panzram le ofrece 5 centavos por cumplirle otro encargo. Juntos entran a una tienda de abarrotes y al salir le ofrece un viaje en el transporte del lugar. Pronto el inocente niño baja con Panzram en un paraje solitario. Después de tres horas de torturarlo y violarlo, lo asesina con una roca. Para silenciarlo le había retacado la boca con hojas de una revista. Lo tapa con algunas ramas de árbol y huye del lugar. Tras su horrendo crimen Panzram es visto a poca distancia por un par de residentes de Salem, más tarde declararían que vieron a un sujeto apresurado y nervioso alejándose del lugar con un periódico en mano. Tres días le tomó al pueblo hallar el cadáver de George Henry McMahon de 11 años de edad. ¿Por qué lo había hecho? Simplemente por el afán de cebarse con los inocentes y los débiles.
Después de lo de Salem, viajó al norte a Nueva York y se mantuvo en movimiento por el área de Connecticut hasta que encontró el yate idóneo para robárselo. Una vez que tuvo uno de 38 pies en su poder, comenzó a navegar de aquí para allá demostrando gran destreza como marinero en toda condición y clima. Cualquier lado era bueno para asaltar yates o embarcaciones donde se hacía de joyas, ropas y armas que posteriormente vendía. Todo era ganancia fácil y redituable. Tan prolífico ladrón era Panzram que hasta bajaba del barco para meterse a casas y negocios y hasta se introdujo en el yate del Comisionado de Policía de New Rochelle, sustrayendo un revólver calibre .38 entre otros objetos de valor y dinero.
En Junio de 1923 Panzram entra al río Hudson. Se había hecho de la compañía de un muchachito de 15 años que había conocido en un empleo temporal hacía meses; de nombre George Walosin, este jovenzuelo compartía el gusto por la sodomía con Carl Panzram, sin embargo éste último cometió el error de violarlo. Luego, atraca en un pequeño muelle y se aventura en las poblaciones del lugar para ofrecer en venta el yate. Pronto un joven sujeto decide ver el bote para comprarlo. Este hombre en realidad planeaba asaltar a Panzram pero como "entre agujas no se pican", llegado el momento quien terminó sometido y asesinado fue el supuesto comprador.
Después de atestiguar los alcances del capitán O’Leary, que así se hacía llamar Carl Panzram, George Walosin decide huir y salta a la primera oportunidad al agua para nadar a tierra firme. Reporta a la Policía los abusos cometidos contra su persona y las autoridades montan un operativo en el río hasta capturar al elusivo pirata O’Leary.
El largo brazo de la ley alcanzó a Panzram el 29 de Junio de 1923 y fue puesto a disposición de la comisaría de Yonkers City, donde permaneció unos cuantos días antes de ser confinado por tratar de escapar del lugar. Entonces buscó la ayuda de un abogado local cuyo apellido era Cashin. A este abogado le prometió que, si lo sacaba de la cárcel, le pagaría con el yate, el cual valdría varios miles de dólares. El abogado se apresuró a tramitar la fianza que pagó con sus propios recursos y a los pocos días el capitán O’Leary fue liberado. Claro que Panzram nunca regresó con el abogado para arreglar las cosas y, cuando Cashin trató de registrar el bote, descubrió que era robado. Entonces la Policía confiscó el yate y además la fianza quedó perdida.
Después de su graciosa huida, Panzram se dirigió al sur de Connecticut, área donde se movía con comodidad, con el firme propósito de robar otro barco y esta vez navegar hacia Sudamérica. Para capitalizarse se dedicó a robar transeúntes de la ciudad de New Haven y, cuando la noche del 9 de Agosto de 1923 se topó en la calle con otro muchachito que iba solo, lo sometió a punta de navaja y lo condujo a los bosques cercanos. Una vez ahí le aplicó el mismo tratamiento que al joven McMahon, violándolo sin piedad hasta que ya satisfecho procedió a estrangularlo con el cinturón que llevaba el chico de origen judío. Según sus declaraciones, Panzram disfrutó de esta fechoría como ninguna otra. Dejó el cuerpo ahí tirado y se retiró del lugar tan tranquilo que nadie notó nada extraño al verlo caminar por la carretera. Este crimen permanecería en el misterio hasta que Panzram lo confesó muchos años después.

Asesinos en Serie (Carl Panzram [V])

En medio de una lluvia de balas se perdió entre los bosques para escapar en un tren. Tomó rumbo a la costa este de los Estados Unidos.
Panzram continuó su labor destructiva robando y quemando pequeñas iglesias por doquier pero siempre guardando precaución para no ser apresado de nuevo. En 1920 establece su base de operaciones en la ciudad de New Haven en Connecticut, lugar de mucha actividad y bullicio donde pasaría desapercibido para la Policía y donde había mucho trabajo que realizar. Si no asaltaba al usual borracho en las noches, se ocupaba de violar jovencitos, y si no, se metía a saquear residencias. Hasta que un día decide meterse en una residencia que lucía muy apetitosa, la cual tal vez perteneciera a un aristrócrata. Una vez dentro comenzó la colecta de joyas, dinero y armas. Cual sería la sorpresa de Panzram cuando vio que estaba dentro de la residencia del entonces presidente Taft a quien por cierto el culpaba de haberlo mandado 3 años a Leavenworth cuando éste fungía como Secretario de Guerra. El botín fue cuantioso por valor de $3,000 dólares y obtuvo una Colt calibre .45 del presidente Taft. Con esas riquezas se hizo de un yate con el que comenzó a navegar de aquí a allá como un pirata. Inmediatamente concibió un plan para delinquir de acuerdo con su nueva faceta. Frecuentemente bajaba a las calles de los puertos que visitaba para reclutar marineros, a quienes con cualquier promesa convencía para trabajar en su bote aunque fuera un día. Una vez que los incautos caían en sus garras, los emborrachaba o esperaba a que durmieran para robarlos, violarlos y matarlos. Se deshacía de los cuerpos atándoles piedras pesadas en el cuello y soltándolos en las aguas. Un día un fuerte temporal lo aventó a las rocas: apenas él y los dos marineros que estaban a punto de perecer en sus manos lograron escapar nadando a la orilla.
 En 1921 y tras otras escaramuzas y presidios en Connecticut, Panzram huye del estado y aborda un buque mercante con el que termina en Angola, en ese entonces colonia Portuguesa. En territorio africano se emplea en una compañía petrolera, que por ese entonces exploraba yacimientos en aquellas tierras. Un día que estaba sentado sin hacer nada, por azares del destino llegó un niñito negro no mayor a los 11 años, y no pasaron más que unos instantes para que Panzram urdiera atacarlo. Mediante algún embuste lo llevó a un lugar apartado donde lo violó y asesinó de un rocazo en la cabeza. Cuando Panzram se alejó de la escena del crimen, el cerebro se escurría por los oídos del desafortunado negrito. Los habitantes de Lobito Bay, comunidad pesquera donde habitaba Panzram, sospechaban del extraño norteamericano, pero no hubo manera de demostrar nada. Poco tiempo después Panzram organizó una expedición para cazar cocodrilos río arriba y contrató 6 nativos del lugar para que lo asistieran. Adentrados en la jungla sacó su pistola y uno a uno fue terminando con sus vidas, según sus propias palabras aquel crimen fue de lo más fácil, siendo más complicado matar chicos de 11 o 12 años como acostumbraba. Después de darles el tiro de gracia, alimentó a los cocodrilos con los cadáveres de aquellos infelices. Como había muchos testigos que lo vieron apalabrar a los seis negros, al regresar huyó del lugar. Luego de pocos días de estar a salto de mata por las costas africanas, llega a Portugal, sin embargo la Policía Local ya estaba al tanto de su racha de asesinatos en África, así que en cuanto pudo abordó un buque de regreso a América. Para 1922 estaba de nuevo en los Estados Unidos
En el extranjero le había resultado increíblemente sencillo asesinar personas, lo cual le agradaba mucho a Panzram, tanto que pensaba dedicarse a ser un asesino a sueldo. Sin embargo su idea no prosperó y regresó a sus actividades de siempre.
Cuando cometía algún crimen se alejaba del lugar lo más pronto posible, ya fuera abordando un tren o pidiendo aventón en las carreteras. Su vida era estar huyendo permanentemente a un paso o dos de la Policía. Sin reposo y jamás pisando poblaciones y ciudades más de lo necesario. Un ritmo de vida inimaginable hoy día.


Asesinos en Serie (Carl Panzram [IV])

Debido a su naturaleza rebelde e incorregible, Panzram pronto se vio envuelto en graves problemas con los celadores. Eran frecuentes las palizas que recibía y prolongados los periodos de confinamiento en solitario a que era sometido. Pronto sintió desesperación por escapar del lugar y mientras tanto un día logró incendiar parte de las instalaciones sin que se le levantaran cargos formales. La vida en prisiones de este tipo era un frágil equilibrio de violencia y paz entre guardias y prisioneros. Los primeros imponían el orden y la disciplina por medio de golpes y torturas, pues no conocían otra manera de imponerse entre sujetos tan peligrosos como los que cuidaban. Panzram estaba sujeto a una bola de acero de 22 kilos que debía llevar a donde fuera y durante 10 horas al día. Todos los días de la semana picaba piedras. Este severo régimen hizo que se volviera muy fuerte y musculoso. Cada día que transcurría, su amargura y enojo se incrementaban, y no veía venir la hora de salir para descargar su furia contra la Humanidad. En 1910 es liberado de Leavenworth, deseando solamente jamás volver al maldito lugar y sintiéndose la personificación del mal.
A los 19 años, Panzram carecía de hogar, familia o amigos. Todo aquello estaba negado en su existencia. A pesar de su buena apariencia masculina y no siendo necesariamente homosexual no tenía ningún interés por las mujeres. Solo deseaba hacer daño, como una respuesta a todos los agravios recibidos desde su niñez. Durante años se mantuvo errante por Kansas, Texas, llegando hasta California dejando una estela de robos, hurtos e incendios por doquier. Cualquier situación y lugar era el indicado para hacer maldades como dejar suelto el ganado o los caballos. Si entraba a robar lo primero era encontrar las armas, luego incendiaba los lugares. Si la oportunidad se daba, tiroteaba ventanas, quemaba graneros, cobertizos, cabañas y hasta pastizales o parajes abandonados. Cualquier hombre que se cruzara en su camino y habida la oportunidad, era asaltado y violado no importando raza, edad u otras condiciones. Bastaba que fuera un ser humano apto para dañarlo. Varias veces fue detenido por robo y tantas otras escapó de las penitenciarias. Se mantenía a salto de mata y cuando la situación se salía de control, trepaba al primer tren que pasaba para alejarse del peligro. En una ocasión en que iba en un vagón de tren en compañía de un par de vagabundos, ideaba violar al “mejorcito” de ellos cuando les cayó un oficial del tren, quien trató de extorsionarlos pero Panzram fue más astuto que todos y a punta de pistola le robó el reloj y el dinero al oficial ferroviario. Acto seguido lo violó y, con un poco de persuasión, obligó a los otros vagos a que hicieran lo mismo, tras lo cual los arrojó del tren para continuar solo hacia Oregon.
Pasaba el tiempo y Panzram únicamente conocía la mala vida, siendo arrestado casi por todos los lados en que caminaba. Los cargos variaban desde el típico robo hasta la piromanía y la sodomía. En el pueblo de Chinook, en Montana, lo agarran de nuevo y es sentenciado a un año de reclusión en la prisión de Deer Lodge, a donde es ingresado el 27 de Abril de 1913. Ahí se encuentra con su antiguo compinche Jimmie Benson, con quien rápidamente planea el escape, sin embargo este último es transferido, por lo que escapa solo en Noviembre del mismo año pero poco después es recapturado en un pueblo vecino. Según sus palabras, no había trabajo en Deer Lodge y el lugar estaba pobremente administrado, por lo que se dedicó a sodomizar a todo lo que se moviera. Su ferocidad y fuerza intimidaban al resto de los prisioneros, quienes no oponían resistencia a sus odiosos abusos. Finalmente el 30 de Marzo de 1915 fue liberado antes que nada con los parabienes del gobernador del presidio.
Como no conocía ninguna otra manera de vivir que no fuera delinquir casi a cada respiración, Panzram se mete en nuevos problemas con la ley en Oregon, donde va a caer en la penitenciaría estatal del Estado, por ahí de Junio de 1915. Aquella prisión era gobernada con mano de hierro por un fulano de nombre Harry Minto, quien no reparaba en usar la violencia y la tortura para mantener a raya a los prisioneros. Más rápido que de inmediato los guardias conocieron de la rebeldía de Panzram, que de nuevo en su vida fue sometido a los peores rigores y castigos, como el aislamiento por semanas a base de puro pan y agua, el ser colgado con cadenas en las paredes, el realizar trabajos forzados, sufrir palizas y hasta baños de agua a presión. Pero también hizo de las suyas incendiando algunas instalaciones, e incluso ayudó a escapar a otro prisionero quien tiempo después se encontraría cara a cara con el señor Minto, dándole muerte…. Aquel extraordinario suceso provocó que las condiciones dentro de la prisión empeoraran. En Septiembre de 1917 logra escapar para ser arrestado nuevamente, puesto que Panzram ya tenía una bien ganada fama de criminal peligroso e incorregible. Mediante un anuncio, un oficial lo reconoció y lo arrestó no sin antes batirse a plomazos. Estando en custodia Panzram no dejaba de pelear para liberarse. Finalmente en Mayo de 1918 se vuelve a escapar de la odiada prisión de Salem, en un acto digno de un argumento hollywodense.



Asesinos en Serie (Carl Panzram [III])

En 1906 cae de nuevo en un reformatorio juvenil, esta vez del estado de Montana donde rápidamente adquiere reputación de criminal nato. Un día ataca brutalmente a un guardia a quien le había agarrado tirria de tantos maltratos que le propinaba. A la primera oportunidad en que el guardia le dio la espalda, lo golpeó en la cabeza con un tablón de madera. Por aquel acto recibió numerosas palizas y fue puesto bajo rigurosa observación. La única forma de salir del aprieto era escapar del lugar, propósito en el que se le unió un compañero llamado Jimmie Benson, con quien finalmente lo logra en el año de 1907. Juntos viajaron con rumbo al Este, robando y quemando iglesias, actividad de primerísima importancia para Panzram, quien mostraba especial encono contra todo aquello que oliera a religión. Así se mantuvieron por cerca de un mes, cargados de dinero robado y armas hasta que decidieron tomar caminos separados
En el invierno de 1907 Panzram, aún siendo adolescente, se encontraba tomando en un bar del pueblo de Helena, en Montana, lugar por cierto donde la ley era la del revolver, y cuyos habitantes se componían de cazadores, peleteros y pescadores rudos. Dentro del tugurio escuchó un discursillo dictado por un reclutador de la Armada. Esa noche y tras mentir acerca de su edad, Panzram se enlistó en la Armada de los Estados Unidos y fue enviado al fuerte William Henry Harrison, ubicado en una remota región de Montana. Desde el primer día de actividades fue acusado de diversos cargos por insubordinación
Durante el mes que perteneció al ejército fue encarcelado en numerosas ocasiones por sus constantes ofensas y desobediencia crónica. Era imposible de controlar y con frecuencia aparecía en estado de ebriedad. Era simplemente imposible que Panzram se ajustara a cualquier clase de régimen disciplinario, fuera civil o militar. En Abril de 1908 fue descubierto cuando se había introducido a los almacenes del cuartel militar para robar diversas provisiones con las cuales planeaba desertar y luego venderlas. Entonces fue sometido a juicio en un tribunal militar que en aquellas épocas castigaba con excepcional firmeza los delitos cometidos por hombres del ejército. La sentencia final dictaba la expulsión de Panzram sin honores ni compensación y tres años de trabajos forzados en la penitenciaría federal de Leavenworth en Kansas, sentencia que fue ratificada por William H. Taft, futuro presidente de los Estados Unidos, quien en ese momento ejercía como Secretario de Guerra.
Tras un paradisíaco viaje de 1000 millas en tren, encerrado sin alimento ni agua junto a otros criminales peligrosos, Panzram arribó a la prisión federal ubicada en las cercanías del río Missouri en medio de una vasta planicie de Kansas. Leavenworth era una vieja prisión usada durante la guerra civil para guardar prisioneros de guerra. Por aquella época había caído en abandono por falta de fondos y mantenimiento sin embargo los nuevos prisioneros eran empleados como fuerza de trabajo para remodelar y reparar las instalaciones del lugar. A mediados de 1908 y contando 16 años, Panzram cae en esa terrible fortaleza, donde era impuesta una férrea disciplina de silencio para los prisioneros. Aquella imposición era parte de los usos y costumbres penales que se creía idónea para reformar a los prisioneros. Todos los días los hombres debían formarse en los patios no importando el clima imperante y cualquier desobediencia al código de silencio era castigada rápida e implacablemente.

Asesinos en Serie (Carl Panzram [II])

Después de incontables castigos con cinturones y palas de madera, la venganza llegó a Panzram cuando, gracias a un ingenioso dispositivo de su creación, prendió fuego a uno de los edificios del reformatorio, mientras disfrutaba al máximo con el espectáculo del fuego, viendo como, instalaciones federales que costaban unos $100.000 dólares, ardían hasta los cimientos. A fines de 1905 Carl Panzram compareció ante el comité de libertad del reformatorio, armado de la mayor hipocresía convenció a los miembros del jurado que era otro chico, ya reformado por las enseñanzas cristianas de los maestros del lugar. Pero según propias palabras "Había aprendido más de cómo mentir, robar, incendiar y matar que otra cosa, aparte de que había conocido de otros usos para el pene aparte de orinar, y de otras cosas para las que podía servir el ano" Cuando su madre lo llevó de vuelta a su casa, Carl Panzram era otra persona: se había tornado silencioso y oscuro. Sin embargo muchas otras preocupaciones poblaban la vida de su madre, que no podía lidiar con un chico rebelde y problemático. A pesar de las circunstancias, Panzram siempre guardó resentimiento contra ella. Al principio la señora contaba con el amor y respeto de su hijo, pero gradualmente estos se tornaron en desaprobación y odio pues “…ella era muy tonta para enseñarme algo bueno.”
Negándose a trabajar incansablemente en la granja, Panzram convenció a su madre para enviarlo a otra escuela, sin embargo pronto comenzó a tener problemas con un maestro quien frecuentemente lo castigaba a cintarazos.
Armó un plan para asesinarlo enfrente de todos y para tal efecto llevó una pistola a la escuela; pero, en un forcejeo con otros muchachos, el arma cayó ruidosamente al suelo. Inmediatamente fue expulsado del lugar. Pocos días después y contando 14 años, Carl Panzram abandonó para siempre su granja de Minnesota para abrazar una vida de vagabundo. Trepó al vagón de un tren con rumbo incierto pensando que el propósito de su vida sería el de robar, engañar y hacer daño a todo aquel que se cruzara por su camino.
Pronto le ocurriría una nueva gran desgracia al jovencito Carl Panzram cuando un día se encontró con unos sujetos que acampaban, quienes le prometieron conseguirle ropa limpia y un buen lugar para dormir. Pero antes de eso, le pidieron algo a cambio… y los cuatro hombres lo sometieron a una cruel violación tumultuaria sirviendo de absolutamente nada los lloros y las suplicas que externó Panzram. Si quedaba algo de humanidad, misericordia y simpatía en el espíritu del joven vagabundo, el vil acto al que fue sometido terminó por extinguir esos sentimientos para siempre. Durante mucho tiempo esta sería su vida, viajando de un lado para otro sin mas propósito que el de sobrevivir, durmiendo en vagones de trenes cargueros. Robando y pidiendo limosna para poder comer. Siempre cuidando su espalda de otros pordioseros y aún de los oficiales ferroviarios, hombres a veces de mayor cuidado que los propios vagabundos.

Asesinos en Serie (Carl Panzram [I])

Carl Panzram nació en un pueblito llamado Warren (Minnesota [USA]), el 28 de Junio de 1891. Hijo de John y Matilda, inmigrantes de origen prusiano y de ocupación granjeros que, como la gran mayoría de los de su tipo en ese tiempo, vivían casi en la miseria. Las jornadas de trabajo comenzaban con el amanecer y terminaban al anochecer sin que sus esfuerzos coronaran en riqueza. Carl tuvo cinco hermanos y una hermana, todos ellos honestos y laboriosos granjeros, características que Carl no compartía pues, según propias palabras, desde siempre había sido un ladrón y un mentiroso.
Cuando tenía 7 años, sus padres se separaron. Aunque hablando con mayor exactitud, un día su padre salió de casa para no regresar jamás. Después del divorcio de facto, la familia enfrentó peores tiempos de estrechez económica. Carl Panzram relata que sus hermanos, por cualquier motivo y en cualquier momento, agarraron la costumbre de apalearlo sin misericordia. El día que se introdujo en la casa de unos vecinos para robar dinero y pertenencias y fue descubierto por uno de sus hermanos, recibió una paliza tremenda que lo dejó desmayado. A causa de este primer gran robo, Carl fue enviado al reformatorio juvenil en 1903. Llegando al Minnesota State Training School el recibimiento fue de lujo: un oficial le ordenó al chico desnudarse por completo y procedió a revisarle el pene y el recto a la vez que le interrogaba acerca de sus costumbres sexuales. Básicamente deseaba saber si había sido fornicado o sodomizado y hasta si se había masturbado. Aquello fue el pequeño gran comienzo de lo que sería su vida en aquel sitio.
A principios del siglo XX las instituciones correccionales carecían de supervisión externa, por lo que el gobierno y la vida interna eran asuntos que estaban completamente en manos de los encargados en turno, lo cual implicaba la existencia y tolerancia de abusos que hoy en día resultan inimaginables. Eso considerando que, aún en la actualidad, la vida en un reformatorio juvenil o en cualquier cárcel puede ser un infierno.
La enseñanza cristiana era impuesta con enorme severidad como parte del programa para reformar a los delincuentes. Cualquier falla o demora en aprender las lecciones era rápidamente castigada. Panzram carecía de instrucción escolar y fallaba seguido en las lecturas y en el aprendizaje, por lo que muy pronto cayó víctima de palizas y reprimendas. Desde esos días la asociación entre cristiandad e hipocresía habría de cristalizar en su persona. En vez de conocer valores, ética o moral, fue acumulando odio y enojo hacia la sociedad.

lunes, 29 de febrero de 2016

Leyendas en Catalunya (Marcel·lí Perelló)

Marcel·lí Perelló i Domingo, nació en  Barcelona, ¿1897? - fallece en Ciudad de México 1961. Hijo de Frederic Perelló y Magdalena Domingo, fue jefe de las milicias del partido político Estat Català y formaba parte de la organización terrorista "Bandera Negra". Dirigió el complot de Garraf que, en 1925, se proponía atentar contra el rey Alfonso XIII y toda su familia, colocando un artefacto explosivo en un socavón por donde pasaría el tren con el monarca y la familia real. Una delación propició que el atentado fracasase y Perelló y los otros implicados, una vez detenidos y juzgados, fueron condenados a la pena de muerte que luego se conmutó por cadena perpetua. A la caída de la dictadura de Primo de Rivera (1930), los implicados fueron amnistiados y salieron en libertad.
Mientras estuvo encerrado en el Penal de El Dueso conoció a Edelmira Valls, que organizó una gran movilización, nacional e internacional, en solidaridad con los implicados en el atentado. Se casaron a su salida de la cárcel y tuvieron seis hijos.
Perelló fue secretario general de "Estat Català", y también militó en "Nosaltres Sols!" y en el "Partit Català Proletari". Su radicalismo le hizo enfrentarse a Francesc Macià. Durante la Guerra Civil, Perelló dirigió el Diario de Barcelona. En 1939 se exilió con su familia a Francia, desde donde se embarcaron a Casablanca, en primer lugar, y desde allí a bordo del transatlántico portugués Nyassa a México, donde llegaron en 1942. Perelló trabajó en el comercio de la ferretería, y participó my activamente en las acciones de grupos independentistas catalanes en el exterior de España. Fue miembro activo de la "Unión Catalana Independentista", muy próxima a Catalunya Grop de Santiago de Cuba dirigido por Salvador Carbonell, Badó.


Leyendad en Catalunya (Josep Badia)

Josep Badia i Capell, nacio en Torregrosa (Lleida) en 1903 - Barcelona, 28 de abril de 1936) fue un político español. Adscrito al nacionalismo catalán, era hermano mayor del también político nacionalista catalán Miquel Badia.
Se trasladó a Barcelona en 1919 y pronto se introdujo en el comercio de vinos. En 1922, año en el que su hermano Miquel, tres años menor, emigró también a Barcelona, se afilió a las juventudes de "Estat Català". Los Badia entraron en contacto con el independentismo catalán a través del deporte y el excursionismo. Tras la proclamación de la Segunda República, por orden de Francesc Macià, Miguel Badia creó la organización paramilitar de Estat Catalá, los escamots de las JEREC (Joventuts d'Esquerra Republicana-Estat Català), frecuentemente enfrentados a los grupos de autodefensa de la FAI. José partició en la organización de las JEREC.
Con su hermano participó en la proclamación del Estado catalán de octubre de 1934.
El 28 de abril de 1936, a las tres y media de la tarde, fue asesinado junto con su hermano Miquel en la carrer de Muntaner de Barcelona por miembros de la FAI como represalia por su anterior campaña contra miembros del anarquismo catalán.
Junto a su hermano, fue enterrado en el cementerio de Montjuic


Leyendas en Catalunya (Miquel Badia)

Miquel Badia i Capell, nacio en Torregrosa (Lleida) el 10 de marzo de 1906 - fue asesinado en  Barcelona, 28 de abril del 1936. Fue un político que milito en el partido nacionalista catalán "Estat Català" y que participó en un atentado frustrado contra Alfonso XIII, el complot del Garraf, el 25 de junio de 1925. Fue también jefe superior de los servicios técnicos de la Comisaría General de Orden Público de la Generalidad republicana, etapa durante la cual se ganó fama de represor de anarquistas y uno de los organizadores de la proclamación del Estado catalán en octubre de 1934.
De familia pagesa, estudió el Bachillerato en Lleida, y en 1922 se trasladó a Barcelona para ser piloto de marina mercante. Nacionalista catalán radical, se afilió a "Estat Català" poco después de su fundación por Francesc Macià y fue uno de los fundadores de su facción armada, "Bandera Negra", durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Implicado en el intento de asesinar el rey Alfonso XIII durante una visita de este en 1925 a Barcelona ("Complot del Garraf"), fue detenido y condenado a 12 años de prisión. Estuvo recluido en los penales de Alcalá y de Ocaña, donde pasó tres años encarcelado. En 1930, con la caída del dictador Miguel Primo de Rivera, fue amnistiado.
Proclamada la II República, creó las JEREC (Joventuts d'Esquerra Republicana-Estat Català). En 1932 pasó a ser secretario de Josep Dencàs, consejero de Sanidad y de Asistencia Social. El 24 de noviembre del 1933 movilizó una parte de los 7000 "escamots", la milicia paramilitar de "camisas azules" de las JEREC y los destinó a garantizar el funcionamiento de los servicios públicos para romper la huelga de transportes en Barcelona.
En diciembre de 1933 fue designado secretario de Orden Público de la Generalidad, y en marzo de 1934 pasó a ser jefe superior de los servicios técnicos de la Comisaría General de Orden Público de la Generalidad (cargo equivalente al de jefe superior de la policía en Catalunya). Desde ese cargo institucional fue cómplice del pistolerismo antisindical utilizando la violencia contra los sindicatos y permitiendo también el uso de la misma por parte de la patronal nacionalista catalana. En septiembre del 1934 fue forzado a dimitir a raíz de un incidente en el Palau de Justicia de Barcelona, en el que en un juicio en el que se juzgaba a un abogado nacionalista amigo suyo, Josep Maria Xammar, acusado de desobediencia, policías a las órdenes de Badia entraron en la sala y a la fuerza utilizando la violencia y las amenazas se llevaron detenido al fiscal que mantuvo la acusación con el fin de impedir que su amigo fuera juzgado.
Fue uno de los organizadores de la proclamación del Estado catalán en octubre de 1934. Como consecuencia de los hechos, huyó de España permaneciendo en varios países: Francia, América, Alemania, Bélgica y finalmente Andorra. Tras las elecciones de febrero de 1936 y el triunfo del Frente Popular, fue amnistiado y volvió a Catalunya, donde se dedicó a la reorganización de las juventudes paramilitares de Estat Català.
El 28 de abril de 1936, a las tres y media de la tarde, fue asesinado junto con su hermano Josep Badia en el carrer de Muntaner de Barcelona, por miembros de la FAI como represalia por su anterior campaña de asesinatos contra miembros del anarquismo catalán. Sin embargo, Josep Andreu Abelló, explicó que Badia había querido entregarle un informe comprometedor sobre diversos dirigentes de Esquerra, pero que no había podido hacerlo porque el día de la cita para la entrega coincidió con el de su asesinato. Uno de los principales implicados en el asesinato fue el anarcosindicalista Justo Bueno Pérez


Asesinos en Serie (Dagmar Overbye [III])

Durante el juicio se dijo que probablemente Dagmar había estado influenciada por el nafta (un compuesto tóxico) a la hora de cometer los asesinatos, aunque la hipótesis se descartó y, conjuntamente y pese a los diagnósticos de Dagmar como una mujer trastornada, también se desechó la alternativa de que estuviese loca. En cuanto a Svendsen, el novio de Dagmar, se supo que éste recibía dinero de ella y que no le gustaban los niños, cosas que juntas lo volvían sospechoso de colaboración. Por su parte, la madre de Dagmar mostró una extraña inestabilidad emocional  en el juicio, estando unas veces en actitud pasiva, otras en una intensa desesperación, y algunas en un estado de enérgica jovialidad. Un punto interesante del proceso fue cuando, ante la acusación de asesinato premeditado, el abogado de Dagmar dijo que ésta no era sino "el instrumento de una sociedad dañada y de unas madres irresponsables".
Finalmente a Dagmar se le terminó condenando por 9 asesinatos (confesó 16 pero no todos pudieron probarse) y se le dictó pena de muerte; mas, aunque el veredicto no fue apelado, un mes después se la perdonó y se le impuso cadena perpetua. La razón de esto estuvo en el hecho de que el debate logró hacer tomar conciencia a los presentes de una verdad fundamental: Dagmar era culpable, pero detrás de ella estaban dos grupos de culpables: primero, los padres y madres irresponsables que no supieron prevenir el nacimiento de un bebé que no iban a poder y/o querer cuidar; segundo, la totalidad de la sociedad danesa que, en virtud de determinados defectos, propiciaba hasta cierto punto el nacimiento de niños fuera del matrimonio.
Después de ser trasladada de la prisión de mujeres en Christianshavn a la Prisión Occidental, el tiempo pasó y el 6 de mayo de 1929 Dagmar falleció en cautiverio a la edad de 46 años. Las obras que cometió en vida fueron indiscutiblemente reprobables, pero el legado de concientización que dejó se plasmó en una ley de supervisión para los niños nacidos fuera del matrimonio, la cual estuvo en pleno vigor hasta 1965.

fuente: http://www.asesinos-en-serie.com


Asesinos en Serie (Dagmar Overbye [II])

Tras asesinar infamemente a su propio hijo, Dagmar se fue a Copenhague, la capital de Dinamarca. Allí consiguió empleo en una tienda de dulces, y poco después conoció a Svendsen, se fue a vivir con él, y nuevamente quedó embarazada de él, dio a luz y, "misteriosamente", el niño murió por razones aún desconocidas.
Dagmar pasó al "salón de la fama" porque, aprovechándose de casos en que se daban en adopción niños nacidos fuera del matrimonio, asesinó a 15 (aunque solo se probaron 9) infantes con inusitada crueldad: estrangulándolos, ahogándolos, o incluso tirándolos vivos al fuego de la chimenea.
El primer asesinato de la serie lo cometió en 1916. Todo empezó cuando vio un anuncio en el periódico, dentro del cual Rasmine Jensen, madre soltera, daba en adopción a su segundo hijo, ofreciendo a quien lo adoptara el equivalente (simbólico al parecer) a unos dos dólares americanos. La desesperación de la joven madre podía olerse en el anuncio, y Dagmar vio allí una fácil oportunidad para desahogar sus instintos homicidas. Entonces contactó con rapidez a Rasmine y, apenas un poco después de apoderarse del pequeñito, lo estranguló, fue hasta el cementerio más grande de Copenhague, buscó un inodoro y tiró el bebé muerto al inodoro.
De allí en adelante el método sería siempre este: 1) buscar el anuncio de una madre desesperada que, en su situación angustiosa, ofrece apenas una insignificante compensación económica a quien adopte su hijo, 2) contactar a la madre llamándola, 3) encontrarse con la madre, recibir al infante y a la pequeña suma de dinero, 4) esperar un rato después de la partida de la madre, 5) matar al infante estrangulándolo, ahogándolo o quemándolo en la chimenea, escondiéndolo el cadáver en el ático cuando fuese necesario. De entre todas las víctimas solo una sobrevivió, siendo encontrada mientras Dagmar estaba en la cárcel, cumpliendo una condena por robo que debía durar de 1918 a 1919. Las fuentes no aclaran el caso, pero puede pensarse que Dagmar dejó al niño con vida fuera de su casa (como hizo con el bebé del cementerio, aunque en ese caso la criatura estaba muerta); ya que, de haber sido encontrado en su casa, se la habría culpar y casi de seguro se habrían descubierto los bebés del ático.
La perdición de Dagmar vino en 1920 con el pequeño hijo de Karoline Aagesen, ya que, al día siguiente de dar al niño, Karoline se arrepintió y fue en busca de su pequeño a la casa de Dagmar. Sin embargo el niño no estaba, y Dagmar no podía sino ofrecer extrañas explicaciones sobre dónde estaba el pequeño y por qué estaba allí. Así, Karoline sospechó que algo andaba mal y llamó a la Policía. Lastimosamente no se equivocó, pues los agentes encontraron que, lo que alguna vez fue su hijo, era ahora un pequeño, negruzco y chamuscado cúmulo de restos humanos que yacían junto a los leños que alimentaban la chimenea de la monstruosa Dagmar.

 

Asesinos en Serie (Dagmar Overbye [I])

Dagmar Johanne Amalie Overbye, nacio el  23 de abril de 1883 en  Skanderborg (Dinamarca) - fallece el 6 de mayo de 1929 en Copenhague (Dinamarca), fue culpable de matar entre 9 y 25 niños (entre los cuales figuraba su propio hijo) entre 1913 y 1920. El 3 de marzo de 1921 fue sentenciada a la pena de muerte en uno de los juicios más importantes de la historia de Dinamarca, y que supuso el cambio de la legislación sobre las cuidadoras de niños. La sentencia posteriormente fue conmutada por la cadena perpetua.
De Dagmar se dice que fue abusada sexualmente cuando era niña, aunque esto nunca se demostró. En todo caso su niñez no fue saludable y, con tan solo doce años de edad, ella tuvo problemas con la ley y se fue de casa. Sin embargo, tres años después Dagmar regresó a la casa de sus padres en Aarhus. Tiempo después, Dagmar intentó conseguir dinero como sirvienta pero fue acusada de robo y en 1909 le dieron su primera condena en Fiona.
Posteriormente y ya cumplida la condena, ella consiguió trabajo en un restaurante. Allí tuvo un romance con uno de los empleados y se quedó embarazada, dando a luz a su primer hijo. No obstante, el bebé murió mientras Dagmar vivía en casa de su madre
La pérdida del primer hijo no hizo que Dagmar se cuidara más, y antes de 1913 ella se casaba con Nielsen, del cual tuvo a Erena Marie en 1912. Pese a ser madre, Dagmar rompió la unión con Nielsen y en 1913 se fue a Randers, donde se hizo trabajadora doméstica y quedadando embarazada del patrón. Esta vez ella no quería ser madre; pero, en vez de abortar, esperó a que el niño (bautizado como “Paúl”) naciera y, pasado un tiempo, lo mató