Dice la leyenda que el día que el pueblo de Bàscara estaba reunido en la plaza de la villa bailando, celebrando su fiesta grande -la fiesta de Corpus-, un cuervo herido cayó en la calle Mig. Temiendo que la herida del cuervo fuera causada por la peste, que durante aquellos tiempos estaba asolando las tierras catalanas, y temiendo también que ésta no pudiera extenderse a la población, el alcalde ordenó levantar un muro a ambos lados de la calle del Mig, hasta que se aseguraran que no había peligro. El miedo, fuera casual o no, resultó premonitorio, porque ese mismo año de 1650, entre los días 8 y 23 de julio, murieron diez aldeanos por contagio de la epidemia de la peste, y dos años más tarde, morirían otros cuarenta y ocho aldeanos más a causa de la misma enfermedad.
sábado, 21 de marzo de 2026
El Noi de Tona
Josep Molera (1851) no pasó inadvertido, ni mucho menos, en la Catalunya de su época. Muchas cosas se han dicho de él, unas pocas ciertas, algunas dudosas y probablemente la mayoría fruto de la imaginación o el valor añadido que el tiempo da a las historias. Pero en el fondo importa poco qué creer o no de la leyenda, porque lo importante es el personaje.
Tampoco se sabe cuándo dejó de ser él mismo para convertirse en el personaje, aunque no son pocas las fuentes que apuntan a la Tercera Guerra Carlista (1872-1875), donde estuvo a punto de ser fusilado, como principal culpable del «click» en su cabeza. Desde entonces, Josep nunca volvió a ser el mismo y surgió el excéntrico charlatán Noi de Tona.
Después de la guerra se convirtió en un trotamundos de las tierras catalanas, e iba de fiesta en fiesta y de feria en feria por toda la región ganándose la vida con discursos y poemas gracias a su labia, su buena memoria y su particular forma de ser. También se comenta de él que disfrutaba arrancando los dientes a la gente.
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