Dice la leyenda que el día que el pueblo de Bàscara estaba reunido en la plaza de la villa bailando, celebrando su fiesta grande -la fiesta de Corpus-, un cuervo herido cayó en la calle Mig. Temiendo que la herida del cuervo fuera causada por la peste, que durante aquellos tiempos estaba asolando las tierras catalanas, y temiendo también que ésta no pudiera extenderse a la población, el alcalde ordenó levantar un muro a ambos lados de la calle del Mig, hasta que se aseguraran que no había peligro. El miedo, fuera casual o no, resultó premonitorio, porque ese mismo año de 1650, entre los días 8 y 23 de julio, murieron diez aldeanos por contagio de la epidemia de la peste, y dos años más tarde, morirían otros cuarenta y ocho aldeanos más a causa de la misma enfermedad.
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