Josep Molera (1851) no pasó inadvertido, ni mucho menos, en la Catalunya de su época. Muchas cosas se han dicho de él, unas pocas ciertas, algunas dudosas y probablemente la mayoría fruto de la imaginación o el valor añadido que el tiempo da a las historias. Pero en el fondo importa poco qué creer o no de la leyenda, porque lo importante es el personaje.
Tampoco se sabe cuándo dejó de ser él mismo para convertirse en el personaje, aunque no son pocas las fuentes que apuntan a la Tercera Guerra Carlista (1872-1875), donde estuvo a punto de ser fusilado, como principal culpable del «click» en su cabeza. Desde entonces, Josep nunca volvió a ser el mismo y surgió el excéntrico charlatán Noi de Tona.
Después de la guerra se convirtió en un trotamundos de las tierras catalanas, e iba de fiesta en fiesta y de feria en feria por toda la región ganándose la vida con discursos y poemas gracias a su labia, su buena memoria y su particular forma de ser. También se comenta de él que disfrutaba arrancando los dientes a la gente.
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