Dice la leyenda que en el terreno donde ahora está el lago vivía un campesino llamado Morgat. Un día cuando estaba labrando sus tierras, oyó una voz que provenía del cielo que le decía:
"Morgat, Morgat, coge la labra y vete a casa"
Morgat pensó que todo eran imaginaciones suyas y continuó con su trabajo, pero otra vez sintió:
"Morgat, Morgat, coge los bueyes y vete a casa"
El campesino, extrañado, se detuvo y levantando los ojos en el cielo no vio ni un alma en el entorno. Y, golpeando las ancas de los bueyes, volvió al trabajo. Pero todavía no había dado dos pasos, que la misma voz volvió a hacerse oír:
"Morgat, Morgat, ¡vete a casa o serás ahogado!
El hombre un poco asustado lo dejó todo y se marchó a casa, pensando que era su mujer que le llamaba porque le pasaba algo. Al llegar a casa, la mujer le dijo que ella no le había llamado, entonces decidió volver a labrar el campo, pero al abrir la puerta de casa, le estremeció un ruido extraño como si saliera de las entrañas de la tierra, mientras ésta se tambaleaba tan fuertemente que le hacía tambalear. Toda la llanura se hundía como por arte de encantamiento. Morgat, amarillo de espanto, veía subir del fondo de aquel inmenso abismo unas olas gigantescas que, atornándose torpemente, engullían con un trauto espantoso los cultivos y las arboledas.
Las aguas desatadas se extendieron desde Lió a las Estunes y desde Porqueres a Banyoles. Después se calmaron dejando formado un gran charco: el lago de Banyoles.
El campesino entendió que aquella voz que le había llamado sólo podía haber sido de la Mare de Déu del Mont, protectora de toda la comarca. Y, para agradecerle el favor que le había concedido, subió pocos días después al santuario del Mont a ofrecer un exvoto a la virgen.
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