jueves, 31 de marzo de 2016

Asesinos en Serie (Jack Unterweger [V])

Tras asesinar a Schrempf, Jack fue de cacería a Viena, consiguiendo que, en menos de un mes después de matar a Schrempf, cayeran víctimas (esto se sabe por las fechas en que desaparecieron) de él las prostitutas Silvia Zagler, Sabine Moitizi, Regina Prem y Karin Eroglu. Los cadáveres, hallados el 20 de mayo y el 23 de mayo en los casos de Sabine Moitizi y Karin Eroglu, sugerían una misma mano homicida: ambos cadáveres fueron encontrados en zonas boscosas de las afueras de Viena, estaban acostados de lado y presentaban signos de que la víctima había sido estrangulada con su propia ropa. Sabine Moitizi solo llevaba una camiseta y Karin Eroglu estaba completamente desnuda; el dinero de Sabine Moitizi había desaparecido pero su ropa y su bolso estaban a pocos metros, mientras que Karin Eroglu tenía puestas sus joyas y su bolso y ropa habían desaparecido con excepción de los zapatos. El caso de Regina Prem tenía un adicional toque siniestro, pues esta prostituta y madre de familia desapareció cierta noche y, poco después, su esposo recibió varias llamadas de un sujeto que aseguraba ser el asesino de Regina y describía con escalofriante exactitud y minuciosidad las prendas que ella llevaba la noche en que desapareció. El esposo de Regina jamás olvidará lo que le dijo quien decía haber matado a su esposa: "Yo fui su verdugo, y Dios me ordenó hacerlo. La tiré en un lugar de sacrificio, con la cara vuelta hacia el Infierno. Le he dado a muchas de ellas el castigo que merecían".
Los crímenes no requerían ser idénticos y los parecidos que presentaban hacían una formidable conjunción con el "le he dado a muchas de ellas el castigo que merecían" que oyó el esposo de Regina. En Estados Unidos la Policía ya habría concluido que un asesino en serie andaba suelto, pero en Austria los métodos de análisis criminalístico eran menos avanzados y el temor de aceptar la inédita situación del asesino serial era grande, por lo que los investigadores se vieron inclinados a acentuar las diferencias entre los distintos crímenes, concluyendo erradamente que se trataba de casos aislados.
A pesar de la actitud torpe e ingenua de la Policía, la Prensa se aventuró a sacar sus propias conclusiones y el 25 de mayo de 1991 un periódico austríaco sacó una nota en que se hablaba de un asesino serial suelto y se lo bautizaba como "El Estrangulador de Viena". No importó que los investigadores vieneses se resistiesen a vincular los asesinatos de Viena con los otros casos de la serie, los periodistas habían iniciado su propia línea indagatoria y, en medio de diversas especulaciones sobre el supuesto asesino serial, la búsqueda de opiniones calificadas condujo a los periodistas a buscar la ayuda y las opiniones de Jack Unterweger, hecho que equivalía a pedir que el asesino ayude a atrapar al asesino y se pronuncie sobre quién podría ser el asesino, siendo evidente que eso implicaba facilitarle información y darle medios de poder para manipular la opinión pública y sostener la ilusión de su inocencia. Fue así que Jack Unterweger, que para entonces colaboraba en el diario austríaco El Correo, inició una amplia labor de cobertura sobre los asesinatos de “El Estrangulador de Viena”…
Naturalmente Jack aprovechó la oportunidad y entrevistó a criminalistas, a políticos, a policías, a agentes encargados de la investigación. En cierta ocasión, Jack tuvo la perversidad de preguntarle a uno de los investigadores del caso si creía que las prostitutas de Austria tenían miedo. "Creo que están aterradas", respondió el investigador, y Jack usó esa respuesta para alertar a la sociedad austríaca sobre el hecho de que un asesino serial estaba actuando.



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