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Hicieron lanzas y jabalinas, arcos y flechas tomaron piedras y garrotes y en la oscuridad de la noche, se pusieron en marcha hacia el castillo de la malvada mujer.
La Loba y sus secuaces dormían confiados en el terror que infundían en la comarca por lo que descuidaron la vigilancia. Nunca nadie se había atrevido a desafiar su poder, ni contaban con que tal cosa pudiera suceder. Sigilosamente, los vecinos de Figueirós, treparon murallas y abrieron puertas sorprendiendo a los sicarios de la Loba. En un breve pero encarnizado combate el pueblo venció contra sus huestes, y acto seguido se lanzaron escaleras arriba en busca de su opresora.
La Loba se había refugiado en la torre más alta pero ninguna puerta era lo bastante gruesa y resistente para aguantar los embistes de los decididos asaltantes. En cuanto vio caer su última defensa ante el empuje de los enemigos y no queriendo someterse a quienes ella consideraba sus esclavos (ya que se consideraba una reina y como tal moriría), echó a correr hacia la ventana y se arrojó al vacío, muriendo destrozada sobre las rocas.
Con su muerte, acabó el suplicio de los habitantes de la comarca, que recordaron durante siglos, en romances y canciones, el valor de los vecinos de Figueirós.
La Loba y sus secuaces dormían confiados en el terror que infundían en la comarca por lo que descuidaron la vigilancia. Nunca nadie se había atrevido a desafiar su poder, ni contaban con que tal cosa pudiera suceder. Sigilosamente, los vecinos de Figueirós, treparon murallas y abrieron puertas sorprendiendo a los sicarios de la Loba. En un breve pero encarnizado combate el pueblo venció contra sus huestes, y acto seguido se lanzaron escaleras arriba en busca de su opresora.
La Loba se había refugiado en la torre más alta pero ninguna puerta era lo bastante gruesa y resistente para aguantar los embistes de los decididos asaltantes. En cuanto vio caer su última defensa ante el empuje de los enemigos y no queriendo someterse a quienes ella consideraba sus esclavos (ya que se consideraba una reina y como tal moriría), echó a correr hacia la ventana y se arrojó al vacío, muriendo destrozada sobre las rocas.
Con su muerte, acabó el suplicio de los habitantes de la comarca, que recordaron durante siglos, en romances y canciones, el valor de los vecinos de Figueirós.
fuente: https://zorrotzafrayjuan.wordpress.com
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