La mañana del 14 de agosto se procedió al relevo de las guardias de la Coronela, entrando en servicio la 8ª del I batallón al mando del doctor Mariano Bassons, que ya había estado luchando allí el día 12, y la 2ª del tercer batallón, a la orden de Juan Boria. En la zona de la torre de Sant Joan entró la 1ª del III batallón a la orden de Carlos de Oliver, reforzadas con 250 efectivos del ejército del regimiento de Sant Narcis, comandados por el teniente coronel Juan de Llinás. Las cinco compañías restantes del III batallón se desplegaron por el tramo de muralla más próximo al bastión, mientras otros batallones de la Coronela a la ordenes de teniente coronel José de Peguera y Vilana-Millàs, y del sargento mayor Félix Nicolás Monjo y de Corbera, se preparaban como cuerpo de reserva en el convento de Sant Francesc y el convento de Sant Sebastia. Para completar el asalto Villarroel dispuso que varias piezas de artillería fueran traídas desde las murallas y apuntaran hacia el interior del bastión, ordenando que no fueran cargadas con balas sino con potes de metralla menuda para devastar a las tropas francesas que se agolpaban en el enclave. Finalmente dispuso a varias compañías de migueletes y caballería desmontada, sumando un total de 1.000 hombres para el ataque. Cuando este se desató la artillería acribilló a los borbónicos, y tras sucesivos asaltos, las tropas de Berwick acabaron retirándose ante lo insostenible de la posición. En total, tras los tres días de combate, las tropas defensoras sufrieron entre 800 y 900 bajas, mientras que los asaltantes tuvieron más de 3.000 bajas. Fracasados los dos asaltos, el mariscal duque Berwick informó a su soberano, el rey Luis XIV de Francia, de los pormenores de lo sucedido justificando los hechos alegando que "los enemigos se defienden como desesperados". Por otro lado, a pesar de haber conseguido la victoria, tras los tres días de combates, las tropas catalanas habían perdido a lo mejor de sus hombres. A partir de entonces las rondas del conseller en Cap para reconocer la primera línea y animar a los combatientes durante la oscuridad de la noche fueron constantes, pero las deserciones empezaron a ser masivas y la defensa se hacía insostenible por momentos. El 21 de agosto el conseller en Cap Rafael Casanova decretó que nadie estaba autorizado para salir fuera del contorno de las murallas de Barcelona
martes, 2 de agosto de 2016
Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XIX])
A las once de la mañana del 13 de agosto se procedió al relevo de las guardias; entraron la 2ª compañía del VI batallón a la orden de Juan Francisco Masdéu, la 5ª del mismo batallón a la orden del José Mata, y la 9ª del V batallón a la orden del doctor José Fornés, siendo reforzados con 100 hombres del ejército. Tomaron sus posiciones como pudieron en el dantesco escenario formado por las ruinas ensangrentadas de los bastiones, mientras eran retirados los cadáveres de los muertos entre los sollozos de los heridos en la noche anterior. La tensión fue extrema durante todo el día y, efectivamente, a las diez de la noche las tropas borbónicas lanzaron un nuevo asalto general. Las tropas asaltantes rompieron las defensas masacrando a la 2ª compañía del VI batallón, incluidos el capitán, el teniente y el alférez. Tomado el baluarte de Santa Clara, los granaderos borbónicos empezaron a fortificaron en él. En lo desesperado de la situación, tres compañías del ejército comandadas por el general Bellver, y todo el II batallón de la Coronela comandadas por el sargento mayor Felix Nicolas de Monjo se lanzaron al contrataque. Las tropas del ejército consiguieron diezmar a los asaltantes, pero el batallón de la Coronela fue barrido por las tropas borbónicas y tuvo altísimas bajas. En lo encarnizado de los combates y viendo la posición perdida, el conseller en Cap ordenó que otro batallón de la Coronela se lanzara al ataque, pero el general comandante Villarroel lo rechazó. Ordenó que cesaran todos los ataques hasta que rompiera la luz del día, momento en el cual ordenó el asalto al bastión con solo unidades del ejército, destinando en vanguardia a los migueletes catalanes y los granaderos aragoneses del regimiento de desmontados de Sant Miquel. Tras horas de violentos combates y cargas suicidas todo a lo largo del día 13 los destacamentos borbónicos continuaban fortificados en el bastión de Santa Clara resistiendo a sangre y fuego los envites de las tropas catalanas
Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XVIII])
Tras abrir trincheras, las tropas del duque de Berwick consiguieron llegar hasta el foso, conquistar el camino encubierto, y situarse delante de las murallas de Barcelona. La artillería francesa batió la muralla hasta abrir tres brechas, mientras los minadores hicieron túneles para volar la muralla. El 12 de agosto Berwick ordenó que se lanzara el asalto general sobre Barcelona, siendo esta la primera vez que la Coronela embistió abiertamente a las tropas borbónicas. La noche del 12 de agosto los minadores hicieron estallar mina situada bajo el bastión de la Porta Nova, que quedó parcialmente en ruinas, mientras los granaderos borbónicos se lanzaron al asalto. Estaban de guardia en dicho bastión la 4ª compañía del V batallón de Antonio Berardo, y la 3ª del I batallón de Magín de Ninot. Las compañías de la Coronela se fueron retirando ordenadamente ralentizando el avance de los granaderos borbónicos hasta que recibieron los refuerzos de unidades del ejército que se hallaban de cuerpo de reserva en Sant Agustí y la cortadura. Entonces se lanzaron al contrataque contando con la cobertura de la batería de artillería del bastión de Sant Pere expulsando hasta el foso a los asaltantes. Recuperado el enclave las tropas borbónicas lanzaron varias oleadas de gente fresca, pero ya abierto el día y reforzados con un batallón entero de la Coronela los ataquen fracasaron.
En medio de la noche, al unísono del asalto al bastión de la Porta Nova, también se asaltó el bastión de Santa Clara. A los minadores borbónicos le había resultado imposible minarlo, pero la artillería lo había bombardeado hasta dejarlo en ruinas por la parte frontal, posibilitando su asalto por la rampa formada por los desprendimientos
Dada su precaria situación estaba custodiado por tres compañías: la 3ª del II batallón de Francisco de Bastero, la 7ª del I batallón de José de Ferrer, y la mayor, la 8ª del I batallón formada por los estudiantes de leyes comandada por el catedrático Mariano Bassons. El asalto de los granaderos borbónicos también se prolongó hasta romper la luz del día, y también fracasó ante la enconada oposición de las compañías de la Coronela, que fueron reforzadas inmediatamente por efectivos del ejército a las órdenes del teniente coronel Eudaldo Mas y Duran. Los combates fueron extremadamente violentos, y las compañías borbónicas que se lanzaron a pecho descubierto al asalto quedaron prácticamente exterminadas con 900 bajas. Las bajas entre los defensores, amparados en lo intrincado de las ruinas y barricadas construidas a tal efecto, fueron mucho menores: 160 bajas, con 70 muertos y 90 heridos. No obstante, los oficiales catalanes mostraron un arrojo desmedido, presentando unas bajas del 32% que dobló al de los milicianos, un 16%: el capitán Magín de Ninot resultó muerto, el capitán Ferrer herido, a lo que cabe sumar dos tenientes y un alférez muertos. Esta superior mortalidad entre los oficiales llegó a límites estremecedores en la última defensa de Barcelona el 11 de septiembre
En medio de la noche, al unísono del asalto al bastión de la Porta Nova, también se asaltó el bastión de Santa Clara. A los minadores borbónicos le había resultado imposible minarlo, pero la artillería lo había bombardeado hasta dejarlo en ruinas por la parte frontal, posibilitando su asalto por la rampa formada por los desprendimientos
Dada su precaria situación estaba custodiado por tres compañías: la 3ª del II batallón de Francisco de Bastero, la 7ª del I batallón de José de Ferrer, y la mayor, la 8ª del I batallón formada por los estudiantes de leyes comandada por el catedrático Mariano Bassons. El asalto de los granaderos borbónicos también se prolongó hasta romper la luz del día, y también fracasó ante la enconada oposición de las compañías de la Coronela, que fueron reforzadas inmediatamente por efectivos del ejército a las órdenes del teniente coronel Eudaldo Mas y Duran. Los combates fueron extremadamente violentos, y las compañías borbónicas que se lanzaron a pecho descubierto al asalto quedaron prácticamente exterminadas con 900 bajas. Las bajas entre los defensores, amparados en lo intrincado de las ruinas y barricadas construidas a tal efecto, fueron mucho menores: 160 bajas, con 70 muertos y 90 heridos. No obstante, los oficiales catalanes mostraron un arrojo desmedido, presentando unas bajas del 32% que dobló al de los milicianos, un 16%: el capitán Magín de Ninot resultó muerto, el capitán Ferrer herido, a lo que cabe sumar dos tenientes y un alférez muertos. Esta superior mortalidad entre los oficiales llegó a límites estremecedores en la última defensa de Barcelona el 11 de septiembre
Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XVII])
El Sangriento final
El teniente mariscal Antonio de Villarroel, desde que fuera nombrado comandante en jefe del ejército de Catalunya, había tenido plena autonomía militar y había planteado una estrategia defensiva conservadora que buscaba ganar tiempo, basándose en el principio que solo una ayuda externa podía liberar la ciudad. La llegada al poder de Rafael Casanova (Conseller en Cap) el día de Sant Andreu Apóstol, 30 de noviembre de 1713, marcó un cambio total con el anterior gobierno. El nuevo Conseller en Cap Rafael Casanova exigió a Antonio de Villarroel que inmediatamente ordenara lanzar ataques continuos cada noche contra el cordón de bloqueo para desgastar a las tropas borbónicas. Hasta entonces Villarroel había rehusado emplear a la Coronela en los combates habidos delante del campo de Barcelona; en los combate de la Cruz Cubierta, asalto de Can Navarro y en la batalla del convento de los Capuchinos el general comandante solo usó efectivos del ejército de Catalunya. El conseller en Cap Rafael Casanova se hizo con el control de casi todos los recursos políticos, deviniendo la máxima autoridad política de Catalunya, presionando y sugiriendo estrategias al alto mando militar. Rafael Casanova potenció al máximo el papel militar de la Coronela, unidad que tenía bajo su mando directo sin interferencias de los mandos militares, ofreciéndo a sus batallones para que atacaran al cordón de bloqueo borbónico, y ante la negativa de Antonio de Villarroel, organizando y preparando una operación de asalto que lanzaría la Coronela sin la participación del ejército. Cuando la operación ya estaba lista, fue aplazada ante la llegada de las cartas de Carlos III de Austria y la reina. Cuando dos meses después, con la llegada del mariscal de Francia duque de Berwick, el bloqueo se convirtió en un sitio propiamente dicho, Antonio de Villarroel continuó rehusando utilizar a la Coronela, y en el asalto a la primera paralela del 13 de julio de 1714 solo participaron unidades profesionales del ejército catalán. A pesar de ello la fuerza de la Coronela se había ido reduciendo progresivamente al haber sentado plaza en el ejército varios de sus miembros, así como también por las crecientes deserciones ante lo que se avecinaba como un sangriento final. El 28 de julio el conseller en Cap Rafael Casanova decretó mediante bando la militarización total de los niños mayores de 14 años que se hallaban en Barcelona, ordenando se presentaran a las 6 de la mañana en las Rambles de Barcelona; la no comparescencia estaba penada con la prisión. Una vez estuvieron concentrados, se les dio a elegir entre alistarse, o al ejército, o a la Coronela
El teniente mariscal Antonio de Villarroel, desde que fuera nombrado comandante en jefe del ejército de Catalunya, había tenido plena autonomía militar y había planteado una estrategia defensiva conservadora que buscaba ganar tiempo, basándose en el principio que solo una ayuda externa podía liberar la ciudad. La llegada al poder de Rafael Casanova (Conseller en Cap) el día de Sant Andreu Apóstol, 30 de noviembre de 1713, marcó un cambio total con el anterior gobierno. El nuevo Conseller en Cap Rafael Casanova exigió a Antonio de Villarroel que inmediatamente ordenara lanzar ataques continuos cada noche contra el cordón de bloqueo para desgastar a las tropas borbónicas. Hasta entonces Villarroel había rehusado emplear a la Coronela en los combates habidos delante del campo de Barcelona; en los combate de la Cruz Cubierta, asalto de Can Navarro y en la batalla del convento de los Capuchinos el general comandante solo usó efectivos del ejército de Catalunya. El conseller en Cap Rafael Casanova se hizo con el control de casi todos los recursos políticos, deviniendo la máxima autoridad política de Catalunya, presionando y sugiriendo estrategias al alto mando militar. Rafael Casanova potenció al máximo el papel militar de la Coronela, unidad que tenía bajo su mando directo sin interferencias de los mandos militares, ofreciéndo a sus batallones para que atacaran al cordón de bloqueo borbónico, y ante la negativa de Antonio de Villarroel, organizando y preparando una operación de asalto que lanzaría la Coronela sin la participación del ejército. Cuando la operación ya estaba lista, fue aplazada ante la llegada de las cartas de Carlos III de Austria y la reina. Cuando dos meses después, con la llegada del mariscal de Francia duque de Berwick, el bloqueo se convirtió en un sitio propiamente dicho, Antonio de Villarroel continuó rehusando utilizar a la Coronela, y en el asalto a la primera paralela del 13 de julio de 1714 solo participaron unidades profesionales del ejército catalán. A pesar de ello la fuerza de la Coronela se había ido reduciendo progresivamente al haber sentado plaza en el ejército varios de sus miembros, así como también por las crecientes deserciones ante lo que se avecinaba como un sangriento final. El 28 de julio el conseller en Cap Rafael Casanova decretó mediante bando la militarización total de los niños mayores de 14 años que se hallaban en Barcelona, ordenando se presentaran a las 6 de la mañana en las Rambles de Barcelona; la no comparescencia estaba penada con la prisión. Una vez estuvieron concentrados, se les dio a elegir entre alistarse, o al ejército, o a la Coronela
Leyendas en Catalunya (Pere Marc)
Fue acusado de herejía, por cuanto, según era de dominio público (tenía fama publica referente), daba culto a los demonios, ejercía como mago y adivino, hacía sortilegios. Es decir, era un nigromante del grado máximo. El imputado Pere Marc, ante la parvedad de las pruebas presentadas, fue absuelto. Los hechos imputados fueron considerados de gravedad menor y sólo se le impuso una llevadera penitencia consistente en el rezo diario, y postrado de rodillas, del salmo Miserere. Quien levantó acta pública el notario de Barcelona Bartomeu Costa, padre.
Leyendas en Catalunya (Les "Bruixes" [XII])
Isabel de Monic, en 1574, declara que cuando una vecina le propone
hacerse bruja, ella tiene una gran alegría, puesto que se le promete que
nada le va a faltar Isabel, huérfana de padre y madre, recibe de boca
del diablo la promesa de protegerla y darle todo lo que le haga falta.
Antes de ordenar su ejecución, el proceso seguido contra ella indica que "hay que castigar los males y delitos contra la república para servir
de ejemplo a las buenas personas y para el mantenimiento y sustento en
sus casas y la conservación de sus bienes"
Marquesa Homet se le acusa de pactar con el diablo cuando otra mujer le dice que tendrá un hombre muy galán que le dará dinero.
Caterina Trenca entra en este círculo maligno cuando le prometen que irá ante un señor que le dará dinero, la ayudará en todos los trabajos y hará por ella todo lo que ésta necesite
Marquesa Homet se le acusa de pactar con el diablo cuando otra mujer le dice que tendrá un hombre muy galán que le dará dinero.
Caterina Trenca entra en este círculo maligno cuando le prometen que irá ante un señor que le dará dinero, la ayudará en todos los trabajos y hará por ella todo lo que ésta necesite
lunes, 1 de agosto de 2016
Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XVI])
No existió propiamente, una bandera que identificara a la Coronela de Barcelona como a unidad, sino que la bandera de la primera compañía del I batallón, cuya capitanía se reservaba honoríficamente al conseller en Cap, pero que era efectivamente comandada por Vicente Duran con el rango de teniente, hacía las funciones de bandera coronela siguiente el protocolo de un regimiento de infantería
Mención aparte merece la Bandera de Santa Eulalia, que no tenía relación orgánica con la Coronela sino que era la bandera de guerra de Barcelona. Desde la edad media la bandera de Barcelona había sido la tradicional cuartelada de la cruz de Sant Jordi con el senyera (emblema de los Comtes de Barcelona, pese a quien le pese y demostrable). Paralelamente el cabildo catedralicio custodiaba una bandera con la imagen de Santa Eulalia de Barcelona, copatrona de la ciudad, que era usada ceremonialmente durante la procesión del Corpus Christi. En el siglo XVI, por alguna razón que no se ha podido contrastar documentalmente, la tradicional bandera cuartelada de las armas heráldicas de la ciudad cayó en desuso, pasando a adoptarse la bandera religiosa con la imagen de Santa Eulalia como bandera de guerra de Barcelona. En el siglo siguiente, durante la "Guerra de Catalunya" (1640-1652), la bandera con la imagen de Santa Eulalia presidió el Tercio de la Bandera de Santa Eulalia en las batallas contra los tercios de Pedro Fajardo y Pimentel, marqués de los Vélez. En el inventario realizado en la Casa de la Ciutat de Barcelona en 1674 se documenta la existencia de una bandera procesional y de un pendón de Santa Eulalia, que eran sagradamente custodiados en un arca que solo se podía abrir con tres llaves distintas. Dado que no existen encargos para la confección de nuevas banderas en los registros de los consellers de Barcelona, el historiador Francesc Riart considera que la hipótesis que guarda mayor fundamento es que la bandera de Santa Eulalia que llevó el conseller en Cap Pedro Juan Rossell en la victoriosa batalla de Montjuic (1641) contra los tercios del marqués de los Vélez, fuera la misma que el conseller en Cap Rafael Casanova llevó el 11 de septiembre de 1714. De hecho, la documentación muestra que en marzo de 1714, cuando el conseller en Cap Rafael Casanova y el conseller segundo Salvador Feliu de la Peña instaron al general comandante Antonio de Villarroel a usar las tropas la Coronela en combate abierto contra el cordón de bloqueo borbónico en el campo delante de Barcelona, bajo el amparo de la Bandera de Santa Eulalia, estos hicieron los preparativos siguiendo el protocolo fijado en 1640. La descripción que hizo Francisco de Castellví de la bandera detalla que era de color rojo carmesí, sobre la que figuraba la imagen de Santa Eulalia de Barcelona, flanqueada por las armas de la ciudad, y con un sagrado cáliz con el lema: "Exugere Deus, Judicam Causa Tuam, ('Ven Dios, y juzga tu causa')"
Mención aparte merece la Bandera de Santa Eulalia, que no tenía relación orgánica con la Coronela sino que era la bandera de guerra de Barcelona. Desde la edad media la bandera de Barcelona había sido la tradicional cuartelada de la cruz de Sant Jordi con el senyera (emblema de los Comtes de Barcelona, pese a quien le pese y demostrable). Paralelamente el cabildo catedralicio custodiaba una bandera con la imagen de Santa Eulalia de Barcelona, copatrona de la ciudad, que era usada ceremonialmente durante la procesión del Corpus Christi. En el siglo XVI, por alguna razón que no se ha podido contrastar documentalmente, la tradicional bandera cuartelada de las armas heráldicas de la ciudad cayó en desuso, pasando a adoptarse la bandera religiosa con la imagen de Santa Eulalia como bandera de guerra de Barcelona. En el siglo siguiente, durante la "Guerra de Catalunya" (1640-1652), la bandera con la imagen de Santa Eulalia presidió el Tercio de la Bandera de Santa Eulalia en las batallas contra los tercios de Pedro Fajardo y Pimentel, marqués de los Vélez. En el inventario realizado en la Casa de la Ciutat de Barcelona en 1674 se documenta la existencia de una bandera procesional y de un pendón de Santa Eulalia, que eran sagradamente custodiados en un arca que solo se podía abrir con tres llaves distintas. Dado que no existen encargos para la confección de nuevas banderas en los registros de los consellers de Barcelona, el historiador Francesc Riart considera que la hipótesis que guarda mayor fundamento es que la bandera de Santa Eulalia que llevó el conseller en Cap Pedro Juan Rossell en la victoriosa batalla de Montjuic (1641) contra los tercios del marqués de los Vélez, fuera la misma que el conseller en Cap Rafael Casanova llevó el 11 de septiembre de 1714. De hecho, la documentación muestra que en marzo de 1714, cuando el conseller en Cap Rafael Casanova y el conseller segundo Salvador Feliu de la Peña instaron al general comandante Antonio de Villarroel a usar las tropas la Coronela en combate abierto contra el cordón de bloqueo borbónico en el campo delante de Barcelona, bajo el amparo de la Bandera de Santa Eulalia, estos hicieron los preparativos siguiendo el protocolo fijado en 1640. La descripción que hizo Francisco de Castellví de la bandera detalla que era de color rojo carmesí, sobre la que figuraba la imagen de Santa Eulalia de Barcelona, flanqueada por las armas de la ciudad, y con un sagrado cáliz con el lema: "Exugere Deus, Judicam Causa Tuam, ('Ven Dios, y juzga tu causa')"
Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XV])
La bandera de un regimiento de infantería era un elemento de identidad y prestigio, y a la vez una herramienta práctica para establecer la posición del mando militar, a la que en el caos de la batalla debían prestar sumar atención los soldados para seguir la órdenes que se establecieran. Un regimiento de infantería reglado tenían una bandera principal, y dos o tres banderas menores; dada su carga simbólica, la captura de una bandera enemiga, de «un color» según la terminología de la época, era apreciada sobremanera como señal de victoria. La defensa de la bandera para evitar que cayera en manos del enemigo suponía habitualmente una feroz lucha a muerte
Dada la base gremial de la Coronela de Barcelona, cada gremio tenía sus propias banderas para su uso religioso-ceremonial, y de combate. Desde el siglo anterior, durante la Guerra de Cataluña (140-1652), los gremios disponían de banderas religiosas y de guerra; al estallar Guerra de Sucesión Española los gremios barceloneses renovaron sus banderas de guerra, que acompañaban siempre a la compañía cuando entraba en servicio de guardia de portales y murallas de Barcelona. Dichas banderas de guerra medían unos 2 metros por lado, y estaban engalanadas como las del ejército de Carlos III de Austria: asta, lanza, cordones, borlas y, en algunos casos, guaspa. En cuanto al diseño, las había de pintadas y de cosidas, luciendo las armas de la cofradía gremial sobre fondo de color.
Tras la reforma de 1713 que reorganizó la Coronela en 6 batallones, se dotó a cada batallón de una bandera con la imagen del santo patrón o misterio católico bajo la advocación del cual estaba: Santísima Trinidad, Inmaculada Concepción, Santa Eulalia de Barcelona, Santa Madrona, San Severo de Barcelona, y Virgen de la Merced. El capitán de la 7ª compañía del II Batallón Francisco de Castellví y Obando narró que cada una de las seis primeras compañías de cada batallón mostraban en el anverso la imagen del santo patrón con el escudo heráldico de Barcelona debajo, y en el anverso las reales armas de Carlos III de Austria con el símbolo heráldico del gremio repetido en las cuatro esquinas de la bandera, una descripción que no se ha podido cotejar con la documentación de los gremios
Dada la base gremial de la Coronela de Barcelona, cada gremio tenía sus propias banderas para su uso religioso-ceremonial, y de combate. Desde el siglo anterior, durante la Guerra de Cataluña (140-1652), los gremios disponían de banderas religiosas y de guerra; al estallar Guerra de Sucesión Española los gremios barceloneses renovaron sus banderas de guerra, que acompañaban siempre a la compañía cuando entraba en servicio de guardia de portales y murallas de Barcelona. Dichas banderas de guerra medían unos 2 metros por lado, y estaban engalanadas como las del ejército de Carlos III de Austria: asta, lanza, cordones, borlas y, en algunos casos, guaspa. En cuanto al diseño, las había de pintadas y de cosidas, luciendo las armas de la cofradía gremial sobre fondo de color.
Tras la reforma de 1713 que reorganizó la Coronela en 6 batallones, se dotó a cada batallón de una bandera con la imagen del santo patrón o misterio católico bajo la advocación del cual estaba: Santísima Trinidad, Inmaculada Concepción, Santa Eulalia de Barcelona, Santa Madrona, San Severo de Barcelona, y Virgen de la Merced. El capitán de la 7ª compañía del II Batallón Francisco de Castellví y Obando narró que cada una de las seis primeras compañías de cada batallón mostraban en el anverso la imagen del santo patrón con el escudo heráldico de Barcelona debajo, y en el anverso las reales armas de Carlos III de Austria con el símbolo heráldico del gremio repetido en las cuatro esquinas de la bandera, una descripción que no se ha podido cotejar con la documentación de los gremios
Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XIV])
Por lo que respecta a los tambores, para el uniforme de 1706 se aprovecharon los del antiguo Tercio de Barcelona; los tambores estaban bajo las órdenes del Tambor Mayor, y su cometido era el dar entrada y salida en el ritual del cambio de la guardia. También debían servir de fondo musical para los actos tradicionales y protocolarios, y si en 1706 eran 10, en 1710 pasaron a 15, y en 1714 a 20. Su uniforme era rojo carmesí, tanto casaca como la divisa, el forro y las medias; el característico galón libreado de los tambores era de plata. Las cajas de los tambores iban pintada con los mismos colores de rojo y plata, decoradas con las armas heráldicas de la ciudad, y engalanadas con borlas y cordones. El carácter ritual de los tambores estuvo siempre presente en las tradiciones de la unidad y se documentan en las entradas del rey Carlos III de Austria en Barcelona, en la entrada de la reina Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel, en los cambios de guardia de la Coronela de Barcelona, en la guardia del Palacio Real, las funerales, y en las parada y desfiles castrenses que realizó la Coronela de Barcelona, com el que tuvo lugar en marzo de 1714.
El arma estándar con que se armó el ejército catalán en 1713 fue el fusil, siendo la mayoría de facturación inglesa o austríaca. Anteriormente, en 1707, cuando la Coronela de Barcelona finalizó el proceso de militarización, sustituyó los obsoletos mosquetes y arcabuces con los modernos fusiles. El armamento se completaba con bayoneta de casquillo y espada. Al cinto llevaban una cartuchera ventral, de cuero y con el escudo heráldico de Barcelona grabado, así como las vainas para la bayoneta y para la espada. El frasco con la pólvora de cebar podía ir ligado al cinto y los granaderos incorporaban al equipamiento un zurrón, también grabado con las armas de la Ciudad, donde llevaban las granadas. Como elemento distintivo y para facilitar la operación de lanzamiento de las granadas de mano, los granaderos no vestían con el tricornio, sino con gorra granadera. Amparados por las constituciones catalanas, los milicianos guardaban el fusil en su casa
El arma estándar con que se armó el ejército catalán en 1713 fue el fusil, siendo la mayoría de facturación inglesa o austríaca. Anteriormente, en 1707, cuando la Coronela de Barcelona finalizó el proceso de militarización, sustituyó los obsoletos mosquetes y arcabuces con los modernos fusiles. El armamento se completaba con bayoneta de casquillo y espada. Al cinto llevaban una cartuchera ventral, de cuero y con el escudo heráldico de Barcelona grabado, así como las vainas para la bayoneta y para la espada. El frasco con la pólvora de cebar podía ir ligado al cinto y los granaderos incorporaban al equipamiento un zurrón, también grabado con las armas de la Ciudad, donde llevaban las granadas. Como elemento distintivo y para facilitar la operación de lanzamiento de las granadas de mano, los granaderos no vestían con el tricornio, sino con gorra granadera. Amparados por las constituciones catalanas, los milicianos guardaban el fusil en su casa
Leyendas en Catalunya (Raimon Penyafort [III])
En 1238, el capítulo general de su orden le confió la revisión del texto de sus Constituciones y en 1239 fue elegido como el tercer general de la orden de los dominicos, en capítulo general de la orden en París. En ejercicio de su cargo, se encargó de visitar los principales conventos así como la obtención de bulas papales para el desarrollo de la Orden y la integración de la rama femenina dentro de los dominicos.
En 1240 dimitió tras un breve, pero intenso período de gobierno, regresando al Convento de Santa Caterina de Barcelona, donde vivió treinta y cinco años durante los que actuó como inquisidor del Reino y asesor jurídico y en los que se encargó del oficio de confesor y consejero del rey Jaume I. Su intervención en todos los asuntos religiosos relevantes de la Corona queda patente en el hecho que cuatro diócesis (Barcelona, Vic, Lleida y Girona) fueron dirigidas por dominicos. Falleció el día 6 de enero de 1275 en la ciudad de Barcelona, a los 95 ó 100 años
Durante su vida desempeñó una importante acción pastoral y misionera. Así, fundó un studium o escuela de lengua árabe en Túnez (1245) y en Murcia (1266) para facilitar la conversión de los musulmanes. Por otro lado, solicitó a Santo Tomás de Aquino la redacción de un manual apologético, conocido como Summa contra gentiles (1259 - 1261), cuyo fin principal era el de proporcionar argumentos racionales y filosóficos a los predicadores para convertir a judíos y árabes.
Pero la obra más importante y conocida son las Decretales de Gregorio IX, promulgadas por este papa en 1234. Como tal y junto a los libros posteriores, fue el cuerpo de Derecho canónico en uso en la Iglesia Católica hasta la aprobación del Código de Derecho Canónico de 1917.
Además de las obras anteriormente citadas, es autor de una "Summa Iuris Canonici" (escrita aproximadamente entre 1218 y 1221), de las "Dubitalia cum responsionibus ad quaedam ad Pontificem" (primera mitad S. XIII) y de pequeños tratados sobre afinidades y consanguinidades matrimoniales, de casos jurídicos (Summa de casibus poenitentiae) y compilaciones de las Decretales para el uso de los dominicos.
Se le suelen atribuir diferentes milagros y hechos extraordinarios, de entre los que destaca la utilización de su capa como embarcación para llegar a Barcelona desde Sóller. Por ello, el Concilio de Tarragona de 1279 solicitó su canonización, que fue realizada en 1601 por el Papa Clemente VIII, previa beatificación en 1542 por Pablo III. Para celebrarlo, se llevaron a cabo dos certámenes poéticos en Barcelona en los que hubo participación castellana y catalana y de los que Rebullosa publicó un libro (Relación, 1601). Su festividad se introdujo en 1671 en el Santoral católico para el día 23 de enero, siendo desplazada al 7 de enero (día posterior a su muerte) en 1969.
Sus restos mortales fueron depositados en el Convento de Santa Caterina y, en 1838, trasladados a la Catedral de Barcelona que ocupan la capilla actual desde 1879.
En 1240 dimitió tras un breve, pero intenso período de gobierno, regresando al Convento de Santa Caterina de Barcelona, donde vivió treinta y cinco años durante los que actuó como inquisidor del Reino y asesor jurídico y en los que se encargó del oficio de confesor y consejero del rey Jaume I. Su intervención en todos los asuntos religiosos relevantes de la Corona queda patente en el hecho que cuatro diócesis (Barcelona, Vic, Lleida y Girona) fueron dirigidas por dominicos. Falleció el día 6 de enero de 1275 en la ciudad de Barcelona, a los 95 ó 100 años
Durante su vida desempeñó una importante acción pastoral y misionera. Así, fundó un studium o escuela de lengua árabe en Túnez (1245) y en Murcia (1266) para facilitar la conversión de los musulmanes. Por otro lado, solicitó a Santo Tomás de Aquino la redacción de un manual apologético, conocido como Summa contra gentiles (1259 - 1261), cuyo fin principal era el de proporcionar argumentos racionales y filosóficos a los predicadores para convertir a judíos y árabes.
Pero la obra más importante y conocida son las Decretales de Gregorio IX, promulgadas por este papa en 1234. Como tal y junto a los libros posteriores, fue el cuerpo de Derecho canónico en uso en la Iglesia Católica hasta la aprobación del Código de Derecho Canónico de 1917.
Además de las obras anteriormente citadas, es autor de una "Summa Iuris Canonici" (escrita aproximadamente entre 1218 y 1221), de las "Dubitalia cum responsionibus ad quaedam ad Pontificem" (primera mitad S. XIII) y de pequeños tratados sobre afinidades y consanguinidades matrimoniales, de casos jurídicos (Summa de casibus poenitentiae) y compilaciones de las Decretales para el uso de los dominicos.
Se le suelen atribuir diferentes milagros y hechos extraordinarios, de entre los que destaca la utilización de su capa como embarcación para llegar a Barcelona desde Sóller. Por ello, el Concilio de Tarragona de 1279 solicitó su canonización, que fue realizada en 1601 por el Papa Clemente VIII, previa beatificación en 1542 por Pablo III. Para celebrarlo, se llevaron a cabo dos certámenes poéticos en Barcelona en los que hubo participación castellana y catalana y de los que Rebullosa publicó un libro (Relación, 1601). Su festividad se introdujo en 1671 en el Santoral católico para el día 23 de enero, siendo desplazada al 7 de enero (día posterior a su muerte) en 1969.
Sus restos mortales fueron depositados en el Convento de Santa Caterina y, en 1838, trasladados a la Catedral de Barcelona que ocupan la capilla actual desde 1879.
Leyendas en Catalunya (Raimon Penyafort [I])
Santa Margarida i els Monjos (Barcelona), 1175 ó 1180 - Barcelona, 6 de enero de 1275. Es el santo patrón de los juristas, del Derecho canónico, de los abogados y de los Colegios de Abogados. Clérigo barcelonés y miembro de la orden religiosa de los dominicos, sus acciones más destacadas son la compilación de las Decretales de Gregorio IX (Corpus Iuris Canonici) y la introducción de la Inquisición en el Reino de Aragón.
Hijo del señor del castillo de Peñafort (en el condado de Barcelona) y de su esposa Sara, los primeros datos que figuran de él son de 1204, año en el que empezó a ejercer de clérigo y escriba de la Catedral de Barcelona. Con la finalidad de ampliar sus conocimientos, viajó hasta la Universidad de Bolonia, donde se licenció en cánones y trabajó como profesor entre 1217 y 1222. Recién llegado a Barcelona, fue nombrado canónigo en Barcelona y pavorde (1223), si bien renunció a tales distinciones e ingresó en la Orden Dominicana, congregación que había conocido en Bolonia. De 1223 a 1228, año en el que acompañó al legado papal Jean d'Abbeville en su recorrido por los reinos hispánicos para implantar la reforma y decisiones del Concilio de Letrán IV, no hay referencias documentales sobre su vida, por lo que se cree que se dedicó al estudio y en la redacción de tratados, como la Summa de casibus poenitentiae o las glosas al Decreto de Graciano. Con Jean d'Abbeville viajó hasta Roma, en donde alcanzó el rango de capellán y penitenciario (1232) del papa Gregorio IX.1 , quien le encargó la elaboración de las Decretales.
La historiografía mercedaria lo presenta como uno de los cofundadores de la Orden en especial por su rol de legislador, dado que, se dice, entregó a los mercedarios la Regla de san Agustín y las Constituciones de la Orden de Predicadores como base para la nueva institución. Gregorio IX le ofreció el arzobispado de Tarragona, pero cansado y enfermo, lo rechazó junto a los otros honores papales, retirándose al Convento de Santa Catalina, en Barcelona (1236).
Poco tiempo después reinició su actividad, donde destacan, entre otras: su colaboración en las Cortes de Monzón de 1236; la intercesión en favor de Jaime I en la causa de excomunión, consiguiendo que se levantara (1237); favoreciendo la dimisión del obispo de Tortosa y en los nombramientos de los obispos de Huesca y Mallorca (reconquistada recientemente); y, finalmente, en la realización de actividades puramente jurídicas, tales como ejercer de juez o de asesor, principalmente en procesos de herejía y nulidades matrimoniales
Hijo del señor del castillo de Peñafort (en el condado de Barcelona) y de su esposa Sara, los primeros datos que figuran de él son de 1204, año en el que empezó a ejercer de clérigo y escriba de la Catedral de Barcelona. Con la finalidad de ampliar sus conocimientos, viajó hasta la Universidad de Bolonia, donde se licenció en cánones y trabajó como profesor entre 1217 y 1222. Recién llegado a Barcelona, fue nombrado canónigo en Barcelona y pavorde (1223), si bien renunció a tales distinciones e ingresó en la Orden Dominicana, congregación que había conocido en Bolonia. De 1223 a 1228, año en el que acompañó al legado papal Jean d'Abbeville en su recorrido por los reinos hispánicos para implantar la reforma y decisiones del Concilio de Letrán IV, no hay referencias documentales sobre su vida, por lo que se cree que se dedicó al estudio y en la redacción de tratados, como la Summa de casibus poenitentiae o las glosas al Decreto de Graciano. Con Jean d'Abbeville viajó hasta Roma, en donde alcanzó el rango de capellán y penitenciario (1232) del papa Gregorio IX.1 , quien le encargó la elaboración de las Decretales.
La historiografía mercedaria lo presenta como uno de los cofundadores de la Orden en especial por su rol de legislador, dado que, se dice, entregó a los mercedarios la Regla de san Agustín y las Constituciones de la Orden de Predicadores como base para la nueva institución. Gregorio IX le ofreció el arzobispado de Tarragona, pero cansado y enfermo, lo rechazó junto a los otros honores papales, retirándose al Convento de Santa Catalina, en Barcelona (1236).
Poco tiempo después reinició su actividad, donde destacan, entre otras: su colaboración en las Cortes de Monzón de 1236; la intercesión en favor de Jaime I en la causa de excomunión, consiguiendo que se levantara (1237); favoreciendo la dimisión del obispo de Tortosa y en los nombramientos de los obispos de Huesca y Mallorca (reconquistada recientemente); y, finalmente, en la realización de actividades puramente jurídicas, tales como ejercer de juez o de asesor, principalmente en procesos de herejía y nulidades matrimoniales
Leyendas en Catalunya (Català Fabri)
Fue uno fraile franciscano que ejercieron de inquisidor en la Occitania y murio mártir. El papa Juan XXII inició su canonización pero ésta no se acabó. A pesar de ello es venerado como santo y su festividad se celebra el 11 de febrero. (un asesino convertido en santo, algo normal en la Iglesia Cristiana)Con
el ánimo de controlar y someter los herejes valdenses a la humillante
sambenito con la cruz, el Inquisidor de Provenza Fray Jacques Bernard
envió los dos hermanos franciscanos Catalán Fabri y Pedro Pascual como
comisionados en el obispado de Valença. Allí,
la población consideró que ese gesto suponía la culminación de una
serie de vejaciones y se preparó un plan para asesinarlos. Los conjurados asaltaron el priorato de Montoison donde pasaban la noche y los mataron.No se sabe el origen de Fabri; Pedro Pascual era natural de Cuneo (su nombre era Pietro de 'Pasquali).Fueron
enterrados en el convento franciscano de Valença y pronto concitaron
devoción a su entorno y la percepción de milagros en sus tumbas. El
papa Juan XXII se propuso canonizarlos pero los mismos franciscanos no
veían muy favorable a sus intereses la proliferación de santos a su
orden. A pesar de que la canonización no llegó a término, su veneración fue en aumento y la tradición los considera santos. En la región, se celebra su festividad el 11 de febrero. Algunos santorales equivocan y hablan de los frailes como predicadores en Valencia
Leyendas en Catalunya (Gaietà Ripoll i Pla)
Nació en Solsona (Solsones), el 22 de enero de 1768 - Valencia, 31 de julio de 1826, fue un
maestro de Ruzafa que murió condenado a la horca para promover la
enseñanza laica durante la Década Ominosa.Gaietà Ripoll había luchado contra los franceses en la guerra de la
independencia y en 1810 fue hecho prisionero y trasladado a Francia
donde entró en relación con grupos de pacifistas cuáqueros y
librepensadores franceses. En 1814 volvió y sirvió a la Milicia Nacional hasta que se licenció en 1823. La Iglesia Católica, concretamente "Las Juntas de Fe de la
Inquisición", presidida la de Valencia por el canónigo José María
Despujol, lo condenaron por hereje y masón y bajo la acusación de no
impartir la doctrina cristiana a sus alumnos.Primero sufrió dos años de prisión y luego fue condenado a morir
quemado, sin embargo en lugar de quemarlo murió en la horca sobre un
barril con unas llamas pintadas (en un gesto de presunta humanidad).Una vez muerto fue quemado en el crematorio de la Inquisición situado junto al puente de San José que atraviesa el Turia. Tras la muerte de Ripoll la Inquisición quedó en suspenso.Hubo protestas y presiones para la opinión pública europea e incluso
algunos miembros del gabinete de Fernando VII estaban en contra y
recomendaron al rey de quedar al margen de la cuestión.En
1835 la viuda de Fernando VII, la regente María Cristina de Borbón,
como medida contra el carlismo, firmó la Real Orden que disolvía las
Juntas de Fe y con ella definitivamente la Inquisición. Es considerada la última víctima en Europa de la Inquisición. Alfred Bosch ha escrito una novela, Inquisitio, basada en su vida.En
la ciudad de Valencia hay una plaza periférica con el nombre de
"maestro Ripoll" aunque sin ninguna inscripción que indique quién fue el
titular de la plaza, y por qué murió.
viernes, 29 de julio de 2016
Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XIII])
En marzo de 1707 se completó el proceso para que todos los miembros de la Coronela vistieran con uniforme militar. Cada gremio pagó los respectivos uniformes, quedando a su discreción los colores de su compañía, estableciendo como factor común a toda la unidad el color de la divisa, que fue de rojo carmesí, así como el forro de la casaca, también roja. Los colores de la casaca iban desde varias tonalidades de azul, hasta el amarillo, verde, blanco y rojo, según cual fuera su batallón, consiguiéndose así mantener la personalidad propia de cada compañía, y por ende de cada gremio, dentro de la uniformidad del batallón. En cuanto al sombrero de tres picos o tricornio, algunas compañías le bordaron galón de oro o de plata, completándolo con rosa de tafetán del mismo color que la divisa de la unidad, el rojo o granate. Todas las compañías se dotaron de corbata blanca, que era una propiedad personal del cofrade, y en cuanto a las medias se llevaban "a la virulé", oséase, cubriendo la rodilla. La unidad al completo estaba lista en 22 de marzo de 1707, cuando se realizó la primera parada militar a la vuelta del rey a Barcelona. Las facturas de la compra de uniformes de 1706 también revelan algunas particularidades; las compañías armadas por los gremios más poderosos económicamente encargaron sus uniformes con "paño de 24", mientras que aquellas más modestas lo hicieron con "paño de 22". También marcaron diferencias los botones, pues aquellas más pudientes los compraron latón dorado, mientras el resto optó por botones forrados del mismo color que la casaca. En cuanto al patronazgo, quedó al arbitrio de los gremios, llevando algunas la casaca con solapas de 32 botones, mientras otras como las de los pintores llevaban 24. Los criterios de para la agrupación de los botones frontales iban desde los agrupados de 3-3-3, pasando por el 2-2-2-2, hasta el 2-3-1. Finalmente los zapatos eran propiedad del cofrade
En 1710 se produjó una segunda compra masiva de uniformes; a pesar de haber transcurrido cinco años de guerra, pudiéndose pensar que dicha circunstancia podría haber perjudicado a los gremios barceloneses, el hecho es que todos gastaron una suma mayor que en 1706 y demostraron poseer una potencia económica superior. La mayoría de compañías compraron paño de primera calidad engalanándolas con botones de latón dorados. Así mismo gran parte de las compañías que habían optado por los colores amarillo, verde, blanco y rojo, se pasaron a varias tonalidades de azul, resultando dicho color el mayoritario entre las compañías de la Coronela. Mantenidas las excepciones de los hortelanos que iban de verde, y alguna otras que vestían de blanco o de amarillo, la divisa común a toda la unidad, el rojo o granate, y la mayoría de azul, confirió a la Coronela de Barcelona la uniformidad que mantendría hasta 1714 de azul-grana
En 1710 se produjó una segunda compra masiva de uniformes; a pesar de haber transcurrido cinco años de guerra, pudiéndose pensar que dicha circunstancia podría haber perjudicado a los gremios barceloneses, el hecho es que todos gastaron una suma mayor que en 1706 y demostraron poseer una potencia económica superior. La mayoría de compañías compraron paño de primera calidad engalanándolas con botones de latón dorados. Así mismo gran parte de las compañías que habían optado por los colores amarillo, verde, blanco y rojo, se pasaron a varias tonalidades de azul, resultando dicho color el mayoritario entre las compañías de la Coronela. Mantenidas las excepciones de los hortelanos que iban de verde, y alguna otras que vestían de blanco o de amarillo, la divisa común a toda la unidad, el rojo o granate, y la mayoría de azul, confirió a la Coronela de Barcelona la uniformidad que mantendría hasta 1714 de azul-grana
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