miércoles, 21 de octubre de 2015

Leyendas en Catalunya (La Pesanta [II])

Pero a pesar de ser un ser temible y temido por todos, uno de esos que parece invencible, al igual que muchos seres de la mitología de nuestra región, tiene sus peculiares debilidades. Y es que se explican algunas maneras de quitársela de encima, como por ejemplo pronunciando las palabras: "Virgen!" O "Jesús mío!"; o incluso tirando una prenda negro hacia la ventana más cercana, hará que la bestia marche de golpe.
Otra de sus características, y también una de sus debilidades, es que es nieta hasta extremos impensables, y no entra nunca en una habitación sin hacer limpieza antes, por eso si se deja un plato de mijo o cualquier otro cereales, bajo la ventana por la que puede entrar la Pesanta y esta el volcan, se pasará la noche recogiendo uno a uno todos los grandes que hayan caído al suelo, pero como tiene las patas agujereadas, se pasará la noche intentándolo pero sin conseguirlo lo.
La Pesanta es la personificación de las pesadillas y está relacionada directamente con un fenómeno que se produce de alteración del sueño llamado la parálisis del sueño. Esta anomalía consiste en un estado entre el propio sueño y el despertar que consiste en la incapacidad de hacer cualquier tipo de movimiento voluntario ni de hablar, por lo que te sientes totalmente inmovilizado y esto genera una gran sensación de angustia y de ansiedad. Es por ello que nuestra cultura, ha intentado explicar esta peculiar alteración del sueño en la forma de este ser mitológico, de la Pesanta. Pero no somos la única cultura que ha decidido interpretar este fenómeno con un ser mitológico, y es que por ejemplo en Colombia, la causa de esta parálisis es una bruja. Esta parálisis, ha sido interpretada a lo largo de los siglos por un demonio o un duende, muestra de ello es una obra pictórica del siglo XVIII de Henry Fuseli.
En la mitología vasca tienen un ser equivalente a nuestra Pesanta, se dice Inguma, y ​​al igual que el ser que hoy nos ocupa entra en las casas de las gentes por la noche, pulsa la garganta de las personas que están durmiendo en sus camas, dificultándoles la respiración y generando una terrible sensación de angustia. A este ser se le dedicaba una especie de cantinela que permitía librarse de él, que retaba a Inguma a contar todas las estrellas del cielo, de esta manera se distraía en Inguma tiempo suficiente para que se hiciera de día, y así no atacara a la gente.
"Inguma, enauk hire IzuJainkoa eta Andre Mariahartzentiak lagun;zeruan izar, lurrean balar, kostan harehaiek Denak zenbatu arteetzadiela niganat ager. "
En griego, la palabra Efialtes quería decir pesadilla, y Efialtes era también un gigante de su mitología, considerado por muchos el demonio de las pesadillas, el mismo personaje que la Pesanta.
Por lo tanto estamos hablando de una representación mitológica de una enfermedad del sueño muy presente siglos atrás, que en nuestra toma la forma de una animal, de un gossot enorme de color negro y piernas de acero agujereadas, la Pesanta .


fuente:  http://blocs.gracianet.cat

Leyendas en Catalunya (La Pesanta [I])

La Pesanta, un animal mitológico característico de la zona de la Garrotxa, en especial de  la Vall de Bianya en forma de gran gossot negro (en algunas versiones se trata de un gran gatot, pero no es tan común como la imagen del perro) que se cuela por las noches dentro de las casas y se pone encima de las personas mientras duermen dificultándoles la respiración y generando angustias y pesadillas terribles.
La Pesanta, también llamada pesadilla o Passarillo es peluda y negra, enorme y con patas de acero, pesada como el plomo. Sus patas pero tienen una peculiaridad, y es que están agujereadas, por lo que no puede cosechar nada de tierra sin que no le caiga paso. Según Joan Amades en "Los ogros infantiles" Revista de Dialectología y Tradiciones Populares 13 (1957) tenía sólo una de sus patas metálicas, en este caso de hierro, y le servía para golpear con ella a cualquiera que se encontrara por calle durante la noche.
Lo más extraño es que a pesar de saber cuál es su aspecto, es casi imposible que nadie lo haya visto nunca, ya que así que alguien se despierta, la Pesanta huye corrientes y sale por el agujero más pequeño de la ventana, o por la cerradura , y de ella sólo ven la sombra. Y es que según dicen de ella, a pesar de su apariencia no antropomórfica, está emparentada con el duendes. Ya que cuando le conviene se puede volver invisible, puede reducir su tamaño a placer, pasando por el ojo de la cerradura y por los lugares más pequeños, e incluso puede atravesar paredes.
Decían de ella que durante el día se escondía en los cráteres de los volcanes de la comarca, aunque también podía encontrar refugio en algunas iglesias abandonadas o casas en ruinas, en espera de la noche para poder actuar.


Leyendas en la Peninsula Iberica (La Tragantia [II])

Cuando el rey de Cazorla atravesó a galope tendido el ruidoso puente de madera, seguido de media docena de sus fieles, no había en todo el valle una chimenea que humeara en medio de la perfecta quietud. Sus vasallos estarían a salvo. El no. El helado zumbido de un proyectil taladró el aire cristalino que tienen las mañanas en Cazorla y una emplumada vara atravesó el cuello del rey y lo derribó sobre los maderos. La punta le salía, roja, por las vértebras. Un grupo de ballesteros surgió del herbazal de la ribera apuntando con sus armas al grupo fugitivo. Pareció que el rey quiso decir algo antes de morir, pero el hierro le había segado la voz. Se levantaba el sol dándose prisa en hacer su larga carrera del día de San Juan. Una hormiga empezó a subir por la mano del cadáver.
Lo cristianos no devastaron el valle. Se establecieron en él y lo poblaron con sus ávidos colonos traídos de lejanas tierras. Pronto volvió el humo a las chimeneas y el laborioso sonido a las norias y a las herrerías y  las alegres canciones a las eras.
En el húmedo subterráneo había varias estancias unidas por un angosto pasillo y por un silencio perfecto. Pilares de piedra sostenían el techo de las mayores. El salitre reinaba sobre el granito de los muros. En algunos había lápidas con inscripciones paganas. Dentro de un nicho excavado en la roca un goteo quería remedar a una fuente. Con siglos de paciencia había labrado un pozuelo en la losa del suelo.
La tinieblas del subterráneo no toleraban noches ni días. Con un misericordioso candil en la mano vagaba la princesa por sus breves dominios muriéndose de angustia cada vez que creía escuchar un ruido.
 
A la zozobra de las primeras horas sucedió la resignada paz de la prisionera y luego su desesperación y su locura cuando comprendió que el mundo se había olvidado de ella. Las provisiones se acabaron, la lámpara extinguió su luz con un chisporroteo. Aterida de frío, quizá porque ya llegaba el invierno y allá fuera el río arrastraba tortas de nieve montañera, la infeliz se dispuso a morir debajo de las mantas de su oscuro lecho. Durmió, o creyó dormir, un espacio de tiempo frecuentada por atroces pesadillas. Cuando despertó sentía, en el hervor de una fiebre, las piernas heladas y doloridas. Quiso frotarlas con las manos. Le devolvían un tacto viscoso de piel desconocida y áspera que le produjo asco y escalofríos. No sentía hambre ni impaciencia. Dormía y no se movía del lecho. Sin horror ni sorpresa aceptó en su cuerpo el lento prodigio de mudarse en serpiente hasta la adolescente redondez de las caderas. Reptaba por sus tinieblas entre silbos a los pilares que sostenían el techo
Si un niño escucha esta canción, el monstruo lo devora. Por eso la gente menuda procura irse a la cama y estar dormida muy temprano.
En una torre del castillo de Cazorla hay una pesada losa con una argolla de hierro que nadie se ha atrevido a levantar. Se dice que es la entrada, seguida de larguísima escalera angosta, que lleva al subterráneo donde el rey de Cazorla ocultó a su hija. A un postigo del mismo alcázar le llaman de la Tragantía y a una solitaria cueva que está en el camino, de Montesino.

fuente: http://www.culturandalucia.com

Leyendas en la Peninsula Iberica (La Tragantia [I])

Cuando las huestes del arzobispo de Toledo atravesaron angostas los puertos del Muradal con carros, cruces y caballos, ya sabía el atribulado rey de Cazorla que iban a devastar sus posesiones y que sería un despilfarro inútil que aquel minúsculo reino intentara resistir por las armas a la adiestrada violencia de los cristianos. 
Había en el antiguo castillo de Cazorla un mirador alto desde el que se contemplaba el verde valle pespunteado de blancas almunias y un claro río concurrido de norias y molinos. Atravesaba la corriente un sólido puente de madera con clavazón de bronce. Uno de los troncos que componían sus pilares había agarrado en el lecho del río y le verdeaban ramas por primavera. Veía el rey cómo sus gentes diminutas y apesadumbradas atravesaban el puente tirando de carritos en los que habían cargado sus más valiosos enseres. Voces domésticas y palomas volaban cerca del castillo con el viento favorable. En lo alto, coronando de verde y de gris el valle, se veían, como un tapiz, los pinares de la Sierra de Segura

 Bien sabía el desdichado rey de Cazorla la suerte que esperaba a su menguado reino. Como dos años antes hicieran en Quesada, los cristianos entrarían a sangre y fuego y devastarían todo lo que no pudieran rapiñar. Talarían árboles y viñedos, con teas de lino y alquitrán pondrían fuego al pueblo y a las blancas almunias, arrasarían los sembrados, arruinarían las norias, cegarían los pozos y las acequias, aportillarían las cercas y dejarían tras de sus caballos un rastro de ruina y desolación cuando regresaran a sus tierras cargados de despojos y arrastrando atónitas cuerdas de cautivos

El rey de Cazorla había tomado las medidas que cumplen a un buen gobernante preocupado por el bien de su pueblo: permitió el éxodo de sus súbditos hacia tierras más seguras de las que podrían regresar cuando el peligro hubiese pasado. Por el empedrado camino de Baza, que atravesaba los puertos de Tíscar, se despobló el reino de Cazorla. El propio rey había puesto a salvo su trigo y sus caballos días antes. Ahora se demoraba en el castillo solitario y recorría sus devastadas estancias silenciosas, cerrando puertas y alacenas y asomándose a todas las ventanas. Sin tapices las paredes parecían más grandes y eran iguales como en un sueño.
 
Los hombres de la escolta transmitían su impaciencia a los caballos en el patio. Iban recelosos de que las avanzadas de los cristianos alcanzasen el valle antes de que ellos hubiesen tenido tiempo de ponerse a salvo. Ignoraban que el desdichado rey tenía un motivo para retrasar la salida. Había decidido que su hija permaneciera en el castillo, oculta en unas secretas habitaciones subterráneas cuya antigua existencia sólo él conocía. Aunque la dejaba bien provista de alimentos y lucernas de aceite y todas las otras cosas necesarias para no sentir incomodidad alguna en los pocos días que duraría su reclusión, el atribulado anciano no acababa de resinarse a partir.


martes, 20 de octubre de 2015

Leyendas en Catalunya (La Leyenda de Lampegia [II])

Era un tiempo que por los Pirineos aún corrían los huesos gigantescos y la Cerdanya era habitada por los cazadores salvajes. En medio de una gran llanura, disimulada entre bosques, se alzaba una antiquísima villa llamada Lyvia. Aquella Lyvia estaba protegida por un cerrado de colosal rizos, y había sido construida muchos siglos atrás por el gigante Hércules. Hércules le había construido él solo al volver de sus aventuras por África, pero en los tiempos que pasaron los hechos que aquí se explicarán, en la vieja Lyvia ya la llamaban Llívia, tal como hoy lo llamamos nosotros, y estaba protegida por una muralla de piedra donde se refugiaban los Cerretani, cazadores de la Cerdanya. A lo largo de los siglos muchas tribus habían pasado por la Cerdanya, los unos se habían quedado y otros habían echado más adelante, hacia donde se acaban las montañas y comienza el plan. Ahora, en la época que transcurre esta leyenda, habían llegado los guerreros musulmanes conducidos por Menussa, un hombre alto y fuerte arriba de un caballo del color de las cerezas. Menussa tenía los ojos azules y la cabellera negra, y siempre vestía ropa oscura. Hacía muy pocos años que los musulmanes habían vencido los anteriores ocupantes de la península ibérica, llamados visigodos. Entonces el Califa de Córdoba distribuyó la tierra entre sus capitanes. A Munussa, valiente entre los valientes, le correspondió la Cerdanya, la alta y bonita plana en medio de los Pirineos, de nieves frías y estanques de agua azul.
Pero más adentro de Europa aún gobernaba Odó, Duque de Aquitania, uno de los visigodos que todavía no habían podido vencer. Odó era pacífico y viejo, y ya fuera porque temía los atrevidos musulmanes, o porque no era hombre de guerras, quiso hacer la paz con Munussa, el cual ya se había establecido en la vieja Lyvia, Así que Odó, con la esperanza de hacer una paz duradera invitó a Munussa a conocer su palacio de Carcasona, a orillas del río Auda.
Cuentan los juglares que en la ciudad de Carcasona, la Princesa Lampègia, hija del Duque, cuando una mañana subió a la torre más alta del castillo, vio avanzar por la orilla del río Auda, llegaba un gran cortejo: el sol brillaba sobre los escudos de los guerreros; las banderas, azules y blancas, negras y rojas, temblaban al viento, y en medio de los tambores y las trompetas cabalgaba Menussa con su caballo de fuego. Lampègia corrió bajando las escaleras de la torre y preguntó a su padre quién era aquel hombre que montaba el caballo del color de las cerezas, y el padre le respondió que era Munussa, gobernador de Llívia entre los prados de la Cerdanya. Y desde ese mismo día la princesa Lampègia quedó enamorada de Munussa. Pero de momento el amor de la princesa tuvo que quedarse en secreto dentro de su corazón, para que la guerra entre el Califa de Córdoba y su padre era más importante.
Munussa fue recibido con todo tipo de fiestas en el castillo del Duque Odó, entre músicas o comidas. Menussa era ambicioso pero también era un hombre cansado de la guerra, así que escuchó con satisfacción la oferta de paz que le hacía el Duque. Oída la propuesta de Odón, Munussa fue a descansar en las salas reservadas para él en una parte del palacio. La habitación de Munussa era adornada con ricos tapices que representaban batallas de cuando los visigodos aún eran suficientemente potentes para conquistar casi toda Europa. Pero aquellos tapices historiados que querían explicar el poder que habían tenido los antiguos visigodos no impresionaron a Munussa.
He aquí, sin embargo, que la cámara de Munussa daba al huerto del palacio, y desde una ventana pudo ver el más bello paisaje que hubiera presenciado. Y no eran el río y las verdes montañas lo que gustó a Munussa sino una hermosa joven que cosechaba manzanas del huerto metiéndolas en un cesto de palma. Munussa encanta con la visión de la jovencita, de la gracia de sus manos y de la rubia cabellera que sacaba reflejos del sol del mediodía. Ella, sin saber que la miraban, siguió cosechando manzanas entre risas y canciones, alegrías que a los ojos de Munussa añadían aún más motivos de embeleso,
Las conversaciones entre Odó y el invitado musulmán continuaban, y tantos días como duraron, tantos días Munussa, al caer la tarde, se vertía en la ventana para contemplar la chica de las manzanas. Al final los dos gobernantes se pusieron de acuerdo y pactar una paz entre ellos, y un acuerdo para ayudarse contra cualquier otro que quisiera agredirlos. Pero he aquí que no se ponían de acuerdo en la forma de sellar el compromiso: el Duque ofrecía a Munussa casarse con su hija, la princesa de Aquitania. Pero Munussa que se había enamorado de la joven del huerto del castillo, buscaba la manera de pedir al Duque que le concede la mano de aquella chica del jardín. Al final, sin embargo, Munussa, aunque un poco disgustado, cedió porque sus visires aconsejaron que aceptara la hija del Duque, una vez aceptada la Princesa pedirían a Odó que soltara la chica del jardín como acompañante de la Princesa ; seguro que el Duque no les negaría ese favor. Y así fue pactado, y aunque Munussa prefería la desconocida chica de las manzanas, sabía que si quería salvar el acuerdo de paz debía aceptar por esposa la Princesa Lampègia, hija de Odón, una mujer que imaginaba pretenciosa y presumida . Y cuál no fue la sorpresa y alegría de Munussa al descubrir, el día de la boda, que la princesa Lampègia no era otra que la chica de las manzanas de la que él se había enamorado secretamente.
- "Bella Recolectores de manzanas; Princesa de Aquitania, le dijo al oído cuando se la presentaron. Me habéis robado el corazón mientras cosechabas las doradas frutas de tu jardín".
Y entonces fue Lampègia quien confesó a Munussa que había sido ella quien primero había enamorado sólo verlo arriba de su caballo rojo, con el pelo al viento y el sol brillante en la cara.
Pero la buena suerte no dura siempre y el amor de Lampègia y su amado, y también la paz entre Menussa y el Duque de Aquitania, fueron un gran sueño, pero breve. En la resplandeciente Córdoba, capital de Al-Andaluz. el Emir Al-Hisam, desconfiando de la tribu de Munussa, al que no tenía nada de confianza, cuando supo los pactos establecidos entre el gobernador de Llívia y el Duque Odón, decidió enviar a los Pirineos, camino de la Cerdanya, un grandes ejercido por deshacer aquella alianza que podía perjudicar el poder de los musulmanes de Córdoba. Así que Al Hisam, al frente de cinco mil hombres de a pie y tres mil a caballo, subió las montañas por la orilla del río Segre hasta llegar a la sede del Urgell, y desde la sede de la Urgell Al Hisam atacó Llívia de la Cerdanya, rodeando la fortaleza existente del cerro. Las tropas del Emir eran incontables, en cambio los guerreros de Munussa eran escasos, no pasaban de mil entre hombres de a pie ya caballo, además de los pastores y leñadores adictos. La hora fatal llegó para Munussa y para su Princesa, el sueño de amor entre el musulmán y la cristiana no había durado mucho.
Ya de noche, dándose cuenta de que toda resistencia era inútil y que los soldados del Emir, habiendo asaltado las murallas del castillo, comenzaban a incendiar las casas de la villa, Munussa decidió escaparse con Lampègia; huirían por los caminos de la montaña hasta encontrar el río Auda, y el seguirían hasta Carcasona, donde resistía Odó, último Duque de Aquitania.
En medio de los soldados que quemaban a robaban, en medio de muebles desguazados y casas en ruinas, en medio de los chillidos de los malheridos, los dos amantes consiguieron llegar a las caballerizas donde los esperaba León el caballo rojo. Lo montaron los dos y el animal partió veloz con alas en las patas. Pero no pudo pasar por entre los soldados sin que uno de los guerreros que vigilaba los reconoció y dio la alarma.
- "Munussa huye! Munussa huye! Él y la princesa; al
arma, alarma!
A cuatro leguas de Llívia, junto a una fuente de aguas transparentes, quisieron reposar. Munussa no se fiaba, pero no advirtiendo ninguna señal de los perseguidores, descabalgó él y la princesa para refrescarse. Y allí mismo los asaltaron cuatro soldados del Emir que los sorprendieron a alevosía.
Al verse rodeado y sin salida, valiente como un oso, Munussa se lanzó a la desperada contra los enemigos. Luchó con agilidad, e hirió a dos de los perseguidores. Pero al final fue vencido y cayó como un valiente. Lampègia, horrorizada, tuvo que ver cómo moría su amor en medio de una gran mancha de sangre que enrojece la tierra. Terminada la lucha, uno de los soldados, maravillado por la valentía de Menussa y la belleza de Lampègia, tomó Munussa por los cabellos y de un golpe de espada le separó la cabeza del cuerpo, y atándolo a la cola del caballo rojo, le dio un cachete en las nalgas para que el caballo se pusiera a correr por los caminos de los Pirineos. Y dicen que las noches que la Cerdanya se queda sin luna, cerca de la fuente donde mataron Munussa puede sentirse llorar la Princesa Lampègia por su amado musulmán, y se puede oír cabalgar el caballo de Munussa por encima los riscos, con la cabeza de su amo aún atado a la cola


fuente: https://bienve.wordpress.com

Leyendas en Catalunya (La Leyenda de Lampegia [I])

Los bereberes tomaran como caudillo Munusa, que había sido uno de los más bravos servidores del rey moro de Granada, Abderrahman. Aquel se hizo fuerte en Llívia, desde donde desafiaba la furia del rey moro. Munussa se enamoraro locamente de la cristiana Lampègia, hija de Eudis, duque de Aquitania, que vivía en Toulouse, donde se habían refugiado gran número de cristianos. Eudis prometió la mano de su hija a Munussa con la condición de que se convirtiera al cristianismo y ayudara a los cristianos a la reconquista. Munussa fue bautizado y casado secretamente en una iglesia de Besançon y volvió a Llívia, donde se entregó a las dulzuras de la luna de miel.Cuando Abderrahman conoció la alevosía de Munussa, loco de ira, le envió un fuerte cuerpo de ejército dirigido por Gedhiben-Zeyam, con orden de apoderarse del castillo y llevar la cabeza de Munussa, a toda costa. Los moros atacaron el castillo de Llívia con furia irresistible y sorprendieron Munussa mal preparado, pues las dulzuras del amor le habían hecho olvidar los rigores de la guerra. Hubo que devolver el castillo. Munussa tuvo tiempo de huir con Lampègia. Cuando Gedhi dio cuenta de que el caudillo se le había escapado, dio órdenes rigurosas a su tropa de buscarlo y prometió un fuerte premio a quien lo encontrara. La enamorada pareja fue encontrada en la Molina, en el término de Alp, cerca de una fuente dicha, según unos, de En Planes, y, según otros, de la Reina, en recuerdo de haber encontrado los enamorados . A Munussa, le cortaron la cabeza, mientras Lampègia, la belleza de la que dejó sorprendidos a los soldados, fue respetada y llevada junto con la cabeza de su marido a la presencia del capitán de las fuerzas. Gedhi también quedó maravillado de la belleza de Lampègia y decidió hacer presente a su señor. La hizo montar en un caballo, en la cola del cual fue atada y colgada la cabeza de Munussa para causar más dolor a Lampègia. Al emprender la retirada la comitiva encontrarse en Ribes de Freser con el rey Abderrahman, que acudía en ayuda de Gedhi. Recibió el presente de Lampègia con gran gozo y la añadió a su harén.Cuando el duque de Aquitania, padre de Lampègia, supo lo que había pasado, fue tomado de gran indignación y armó un gran ejército formado por los cristianos fugitivos de Catalunya y por muchos bereberes que sentían un gran odio contra los moros

fuente: https://www.flickr.com

Leyendas en la Peninsula Iberica (Cristo Cillerero o del Olivo)

El Cristo Cillerero o Cristo del Olivo es una imagen de Jesus Crucificado del siglo XIII que se encuentra en la iglesia de San juan de Rabanera en la ciudad de Soria.
La tradición dice que se trata de un Cristo de la Orden del Temple y que procede del Monasterio de San Polo situado a las orillas del río Duero y del que se conserva su iglesia, convertida en una vivienda particular.

Leyenda.

Cuando los árabes conquistaron las tierras de Soria, ellos encerraron en una cilla o granero a unos prisioneros cristianos. Entonces ellos dibujaron en la pared la imagen de Cristo crucificado. Y aquella misma noche Cristo se les apareció a todos en sueños aconsejándoles tener paciencia y resignación, ya que finalmente serían liberados. Al despertar los prisioneros comprobaron que habían tenido el mismo sueño, pero cansados como estaban dijeron que "una cosa era predicar y otra dar trigo".
Con el tiempo los cautivos fueron liberados por otros cristianos. Y la cilla, donde fue dibujado aquel Cristo seguía utilizándose como granero, pero sucedió que nunca se agotaba allí el grano por muchos sacos que sacasen. Un día bajaron a la base de la cilla y descubrieron una estatua de un Cristo crucificado, que no era sino un milagro, puesto que era idéntico a la imagen que los prisioneros habían pintado.
Entonces el Cristo descubierto en el granero dijo: "¡Cuán olvidado me tenéis, aunque además de predicar os doy trigo!". Aquella imagen fue llevada al Monasterio de San Polo, que en aquella época pertenecía a los templarios, y se veneraba allí durante muchos años. Cuando la Orden del Temple fue disuelta, la estatua del Cristo hallado en el granero que se llamaba Cristo templario, Cristo del Olvido o Cristo Cillerero fue trasladada a la Iglesia de San Juan de Rabanera.
Este Cristo es verdaderamente singular por encontrarse sobre una cruz "Tau", pues en ella sólo se insinúa el travesaño superior vertical de la cruz.

fuente: http://grialicoarturico.blogspot.com.es


Leyendas en la Peninsula Iberica (El potrillo de Huetor Vega)

Huétor Vega es una localidad y municipio perteneciente a Granada, en la Comunidad Autónoma de Andalucia. Situado en la parte central de la Vega de Granada, a unos 4km del centro de la capital grandina y colindando con esta por su parte sureste. Limita con los municipios de Granada, Cenes de la Vega, Monachil, Cájar y La Zubia

Leyenda.

 En el pueblo de Huetor Vega, en Granada, España existe una leyenda que con el correr del tiempo toma cada vez mas notoriedad, la historia comienza hace mucho tiempo con una joven a la que le gustaba mucho montar su caballo llamado Serafín, todos los martes a la misma hora se la podía ver paseando alegremente con su potrillo, pero un día decidió subir a un prado alto para llegar hasta la cima, en el trayecto el caballo tropezó debido a lo empinado del camino y cayo aplastando a la joven. Cuentan que desde ese día, todos los martes se puede ver al potrillo cerca del camino, buscando a alguien que lo monte para llegar a la cima, dicen que muchos lo han montado al ver que el animal es amigable, pero todos tuvieron el mismo destino que la muchacha, dicen que si alguien ve en el pueblo de Huetor Vega a un potrillo solitario un día martes, se debe correr para alejarse del animal y así evitar morir aplastado.

fuente:  http://pasarmiedo.com


lunes, 19 de octubre de 2015

Leyendas en Catalunya (Marraco)

Marraco viene del euskera y significa "dragón". Es un animal totémico de Lleida y su leyenda data del siglo V aC. Como animal mitológico no ha existido nunca y su representación es libre.
Para los antiguos ilergetes este animal era la representación de su dios, su símbolo. Los caudillos eran considerados los hijos de dios y como el caudillo más importante era "Indíbil", el Marraco era considerado su padre espiritual.
En la Edad Media esta figura de animal monstruoso con forma de dragón, circulaba como un vehículo en las procesiones de Corpus. En 1551, un dragón antecedente del moderno "Marraco" asiste a la procesión de la Asunción. Lo diseñó y pintó Juan Giménez. Antecedentes históricos más cercanos son el Marraco de 1907, ideado por los concejales municipales Pere Castro y Manuel Soldevila, y construído entre otras personas por el arquitecto Morera y el carpintero Félix Font, así como el Marraco de 1941. La actual representación fue construida en 1957 por el arquitecto Lluís Domènech Torres. Forma parte de la extensa colección de Gigantes de Lérida, y preside, junto con los Gigantes de la Paería, todas las celebraciones populares. Tiene un tamaño de 8,5 m de largo por 2,90 m de ancho y 3,75 de alzada. Su peso supera las dos toneladas. Es un dragón sin alas, de color verde con colmillos muy afilados y saca humo por la nariz.
Como recuerdo de Lo Marraco se puede comprar peluches, llaveros, figuras, bolígrafos y postales.

fuente:  http://www.paeria.cat

Leyendas en Catalunya (La Cucafera)

La cucafera es el bestiario popular catalán un dragón monstruoso que tradicionalmente ha precedido la procesión del Corpus de algunas poblaciones catalanas (Tortosa, Morella) para representar la idolatría o la herejía.Una de las formas más populares, se emparenta con la Tarasca de Provenza. Se trataría de una especie de tortuga gigante, con la cáscara de este animal, pero con cabeza similar al cocodrilo en la punta de un cuello extensible. Peta los dientes de una manera seguida respecto amedrentar niños, en la que se explica que cada día se come trece gatos y tres niños vivos. En Tortosa se paseaba la madre seguida de sus dos hijas. En Valencia en 1993 se han incorporado a la Cuca Fera de Santa Margarita dos figuras monstruosas, el dragón de San Jorge y la tarasca de Santa Marta.Otra forma que no deja de ser popular, sobre todo entre los niños, es una especie de dragón, según como una procesionaria muy grande, no alado que se arrastra por el suelo con un número indeterminado de patas. En el bestiario popular, cada pata es una persona diferente. En el bestiario de Begues (Barcelona) hay una criatura del mismo nombre de difícil descripción.

Leyendas en la Peninsula Iberica (La Serrana de la Vera [III])

Leyenda

Cuenta la leyenda que Isabel de Carvajal, de familia de clase media, era una mujer de una belleza sin igual. Pero esta belleza era perfectamente compatible con su fortaleza física y su valentía. Tenía aficiones propias en aquella época de los hombres. Le gustaba la caza de animales como el lobo y el jabalí. Recorría la sierra de punta a punta y tiraba con su ballesta, pero todas estas aficiones no limitaban un ápice su feminidad.La Sierra de Tormantos, fue según cuentan, el escenario donde Isabel de Carvajal la Serrana de la Vera llevara a cabo sus crímenes allá por el siglo XVI, utilizando para ello su fortaleza y su belleza, cumpliendo así su venganza con todo hombre que se cruzaba en su camino.

De Garganta la Olla (Cáceres) Isabel se enamoró de un caballero de buena familia, sobrino del que fuera por aquel entonces obispo de Plasencia. Pero este caballero de familia noble, después de seducirla y enamorarla, la abandonó.
En una mezcla de desamor, humillación y desesperación, la Serrana de la Vera se marcha sola a la Sierra. Durante mucho tiempo, su cuerpo fuerte y ágil aguantó la soledad en una cueva, alimentándose de lo que conseguía cazar con su ballesta.

Entonces fue cuando comienza su venganza. Para ello asaltaba a cuanto hombre se cruzaba en su camino. Pero esto lo hace de una forma muy peculiar. Una vez que los seduce y los engaña, los lleva a su cueva, les ofrece suculentos platos de comida y hace el amor con ellos, satisfaciendo sus deseos más íntimos y luego los mata.
Los va enterrando en un paraje que está lleno de cruces de tumbas de todas sus víctimas. Pero un día, uno de los hombres que se llevó a su cueva consiguió huir de ella. Le persiguió durante mucho tiempo pero no pudo darle alcance y viéndose derrotada y desesperada, le gritaba que no contara a nadie dónde estaba su cueva.
El pastor que consiguió escapar llega al pueblo y cuenta lo sucedido ante el asombro de todos. Fue detenida y dicen que ahorcada por los crímenes cometidos.

fuente: http://www.revistamadreselva.com 


Leyendas en la Peninsula Iberica (La Serrana de la Vera [II])

La ciudad tenía entonces derecho a voto en las Cortes de Castilla, siendo prueba de ello el envío de dos procuradores a las cortes realizadas en Madrid en 1391. El siglo XV fue un período clave de la historia de la ciudad, durante el cual los comportamientos feudalizantes de la Edad Media dieron lugar al final del estatuto de realengo y al consiguiente establecimiento de una jurisdicción de señorío. En 1442 el rey Juan II de Castilla dio la ciudad a la familia de los Estúñigas o Zúñigas, concediendo a Pedro de Zuñiga, el título de Conde de Plasencia. Al pasar a señorío, Plasencia perdió el derecho de voto en las Cortes. En 1446, por deseo de su obispo, el cardenal Juan Carvajal, se crearon en la ciudad unos estudios de Humanidades, que fueron los primeros estudios generales de rango universitario que existieron en lo que hoy es Extremadura.
En la segunda mitad del siglo XV, Plasencia tuvo cierta participación en los conflictos bélicos relacionados con el acceso al trono. El rey Enrique IV fue depuesto en la ciudad el 27 de abril de 1465 como soberano de Castilla. Más tarde, el Conde de Plasencia tomó parte activa en la "Farsa de Avila" arrebatando la espada, símbolo de la justicia, a la estatua de madera que representaba al rey castellano y proclamando como tal al Infante Alfonso. Posteriormente, la reina de Castilla, Juana la Beltraneja y Alfonso V de Portugal se casaron el 29 de mayo de 1475 en la "Casa de las Argollas", donde fueron proclamados reyes de Castilla y Portugal.

En junio de 1488, el Duque falleció y le sucedió su nieto Álvaro de Zuñiga y Pérez de Gúzman. La nobleza placentina aprovechó la ocasión para levantarse en armas contra los Zúñiga y recuperar de este modo el poder que detentaban anteriormente sobre la ciudad y sobre las rentas de las tierras que dependían de la misma. Los sublevados fueron apoyados por los Reyes Católicos, que revocaron la donación hecha por Juan II, argumentando que había sido excesiva y contra su voluntad. La revuelta triunfó y el estatuto de realengo fue repuesto, siendo ratificado el 20 de octubre de 1488 en las puertas de la catedral, con la presencia de Fernando "el Católico", que juró defender siempre los fueros y la libertad de Plasencia

Entre 1520 y 1522, durante la Guerra de las Comunidades de Castilla, Plasencia participó de parte del bando comunero, consiguiendo instaurar una comunidad en Plasencia pero ésta se vio mermada por la cercanía de núcleos realistas cercanos, como Ciudad Rodrigo o Cáceres.
Entre 1528 y 1531 residió en Plasencia el compositor Cristóbal de Morales, que desempeñó allí el cargo de "maestro de capilla"

Plasencia tuvo cierta importancia también durante la conquista americana. En 1539, una expedición financiada por el obispo Gutierre de Vargas Carvajal fue al Estrecho de Magallanes. Uno de los barcos de la expedición, dirigido por Alonso de Camargo, consiguió cruzar el estrecho.
 En 1573, el obispo placentino Pedro Ponce de León donó al Monasterio de El Escorial parte de su biblioteca, entre cuyas obras se encontraba entre otras el "Códice Enilianense" procedente del procedente del monasterio de San Millán de la Cogolla. En 1665, otro obispo, Diego de Arce y Reinoso, tenía en el momento de su fallecimiento una biblioteca de 3880 obras en 10 000 volúmenes.


Leyendas en la Peninsula Iberica (La Serrana de la Vera [I])

Plasencia es una ciudad y municipio de la provincia de Cáceres, situado en el norte de la Comunidad autónoma de Extremadura. El municipio, que no forma mancomunidad con los pueblos que le rodean, limita con poblaciones de cinco comarcas: Alagón, Granadilla, Jerte, Manfragüe y la Vera.

Origen.

Aunque la actual ciudad de Plasencia no se fundó hasta 1186, hay pruebas de que el territorio ya estuvo habitado en la prehistoria, pues se han hallado restos de cerámica en la Cueva de Boquique. Además, el dicciionario de Pascual Madoz señala que pudo ubicarse en la actual Plasencia un lugar desaparecido que se llamaba Ambroz o Ambracia, aunque es posible que dicho emplazamiento estuviese en Aldeanueva del Camino mientras en Plasencia había un pago llamado "Pagus Ambracensis". En cualquier caso, se conoce la existencia de construcciones de origen árabe anteriores a la fundación de la ciudad. Entre estas construcciones, había una torre del siglo VIII situada junto al puente de Trujillo que se llamaba Torre del Ambroz, junto a la cual se construyó un pequeño caserío árabe.
En un documento expedido en Burgos en 1181 bajo reinado de Alfonso VIII de Castilla se estableció, en contradicción con el Tratado de Medina y con la frontera de la Plata entre los reinos de León y Castilla, que buena parte del territorio del norte de la actual provincia de Cáceres y del noroeste de la provincia de Toledo pertenecían al alfoz del concejo de Ávila.  Esta situación cambió en 1186, con el desgajamiento concejil de la ciudad de Plasencia, fundada ese mismo año por Alfonso VIII; el monarca fijó la delimitación de territorios del nuevo concejo en 1189. El lema de la ciudad recién fundada fue "Ut placeat Deo et Hominibus", que en latín significa 'para agradar a Dios y a los hombres'. En 1189, el papa Clemente III creó la Diócesis de Plasencia con sede en la ciudad. Los inicios de la ciudad fueron duros, debido a encontrarse en una zona fronteriza y a su cercanía a los territorios dominados por los musulmanes. En 1196 fue tomada por los almohades, como consecuencia de la Batalla de Alarcos, pero Alfonso VIII y el Reino de Castilla la recuperarían ese mismo año, el día 15 de agosto. Tras esta reconquista se tomaría la decisión de construir las murallas de la ciudad.

A finales del siglo XIII el rey otorgó el Fuero de Plasencia, que otorgaba mucha importancia a la convivencia entre cristianos, musulmanes y judios. Ello propició la formación de una importante comunidad judía, que fue la más grande de Extremadura y tuvo considerable poderío económico.
Una de las primeras referencias escritas que se tienen de una "corrida de toros" se halla en las "Cantigas de Santa María" de Alfonso X "el Sabio", en el llamado "Toro de Plasencia", cantiga en la cual se narra lo acontecido en una corrida celebrada en la plaza de la ciudad, donde gracias a la intervención milagrosa de la Virgen un hombre salva su vida de morir a manos de uno de los toros que se estaban lidiando en aquel momento.


Leyendas en la Peninsula Iberica (La Guajona)

A muchas madres les preocupa. a veces el color pálido de sus hijos y  lo achacan a que no comen bien, a que algo les ha sentado mal  o incluso a que han contraído una enfermedad desconocida. En Cantabria hay otra razón para explicar estas anomalías en la salud de los niños. La Guajona.
La Guajona, que en otros tiempos recibió el nombre de Lumia, es una vieja delgadísima y siniestra,  tapada de la cabeza a los pies con un manto negro. Lo único que se le ve son las manos  renegridas y sarmentosas, los pies que en realidad son patas de pájaro y la cara, una cara amarilla, rugosa, consumida, sembrada de pelos y verrugas, con ojos diminutos y brillantes como estrellas... nariz aguileña y una boca de labios delgados y descoloridos en la que se ve un único diente, negro y enorme como un puñal... pues le llega hasta por debajo de la barbilla.
La Guajona no vive de día y nadie sabe dónde se mete a la luz del sol, aunque se cree que bajo tierra. Por la noche sale y pasa como una sombra confundiéndose entre estas... Entra en las casas sin hacer ruido... se acerca a los niños y jóvenes sanos cuando están durmiendo y les clava su diente largo y afilado en una vena, para de esta manera beberles la sangre y dejarlos descoloridos y débiles... Es, por tanto... la mujer vampiro de Cantabria.
A pesar de su crueldad, hay que decir que sus ataques no son mortales y que esta especie de Drácula de la Montaña no mata a sus víctimas
fuente:  http://appg-appg1970.blogspot.com.es