miércoles, 27 de abril de 2016

Leyendas sobre las flores (El Manzano)

Hace muchos, muchísimos años, varios Siglos, para ser más precisos, la Nereida Tetis decidió casarse con Peleo, uno de los mortales más nobles. Todos los dioses asistieron a boda. Todos menos Eris, la diosa de la discordia que no fue invitada. También concurrió Paris, un principe troyano.
Eris, herida por no haber recibido invitación, mandó al banquete una reluciente manzana y un sobre en el que indicaba que la misma era "Para la doncella más bella de la fiesta!. Como era de suponer, todas las diosas se disputaban la manzana. Hera, Atenea y Afrodita, eran las candidatas más firmes. Para evitar discusiones al respecto, Zeus ordenó que fuese París el encargado de tomar la decisión. En un principio, Paris propuso hacer un reparto y dar a cada diosa un trozo de manzana, pero Zeus le ordenó que la más bella fuera solo una.
Paris, se entrevistó con cada una. Todas quisieron seducirlo y sobornarlo, y la única que lo consiguió fue Afrodita, la diosa del amor. Le prometió el amor de la mujer más bella sobre la faz de la tierra, Helena, hija de Zeus y esposa del rey Menelao. Paris le dio la manzana y ella preparó el encuentro entre París y Helena quien al instante se enamoró de París. Ambos marcharon a Troya y se casaron.
Pero Atenea y Hera descontentas con la decisión, visitaron a Eris y con su ayuda, prepararon una guerra de todos los griegos contra Troya. Hay quienes dicen que la guerra fue por una mujer (Helena), pero en verdad… la guerra fue a consecuencia de una manzana y varias mujeres.

Leyendas sobre las flores (El Avellano)

Una leyenda celta cuenta que, allá en Irlanda, en el "Manantial de Seghais", en el arroyo del "Otro Mundo", vivía un salmón que se alimentaba de las avellanas de tres avellanos sagrados que crecían a la ribera del arroyo. El pez, al que llamaban "el Salmón del Conocimiento" atesoraba toda la sabiduría del mundo, y se decía que el primero que probase su carne obtendría conocimientos ilimitados. Un poeta llevaba siete años esperando capturar el salmón para comerlo y así adquirir todo su saber. Por fin, un día logró pescarlo y se lo entregó a su joven aprendiz para que lo cocinase, advirtiéndole que no debía probar la carne del pez sagrado. Así lo hizo el muchacho, pero al cocinarlo lo tocó con su dedo pulgar, se quemó y se metió el dedo en la boca, para aliviar el dolor, con lo que adquirió de inmediato la sabiduría sagrada. Cuando se lo contó a su señor, éste renunció a comer el salmón y se lo entregó al aprendiz, que se convirtió en el primer bardo (Finn o Taliesin, según las distintas leyendas, que circulan en la "isla de los duendes")

martes, 26 de abril de 2016

Presidents de la Generalitat (Josep de Camporrells i de Sabater)

Josep de Camporrells i de Sabater, nació en Biosca (Lleida) ¿? - Muere en Barcelona en 1677. Arcediano de Andorra, canónigo de la Seu d'Urgell (Lleida) y President de la Generalitat de Catalunya (1671-1674).
Era hijo de Bernat Miquel de Camporrells i de Hercle, barón de la villa de Biosca y de Magdalena Sabater i Ulbià de Barcelona. La familia Camporrells tenían la señoría de Biosca desde el siglo XIV. Su familia tenía una amplia presencia en los estamentos religiosos y políticos. En 1641 ocupó el canónico de Vilamitjana de la Seo de Urgel que Pau Claris había dejado al morir el 27 de febrero de 1641. En aquella época el obispo d'Urgell, Pau Duran de tendencias filipistas, estaba enfrentado con los canónigos que, como Camporrells, eran partidarios de los franceses. Con todo, en 1652 Camporrells fue acusado de ser afecto al rey español por parte del canciller de la audiencia Llorenç de Barutell i Puigmartí, y acabó siendo desterrado en Begues del Penedès junto con Jaume de Copons i de Tamarit. Cuando Barcelona fue reconquistada en 1652, los dos desterrados ocuparon el puesto de vicarios generales de la Seu d'Urgell.Fue "síndic del Capítul" de la sede de Barcelona en 1661 período en que fue insaculado.

Presidents de la Generalitat (Joan Pagès i Vallgornera)

Joan Pagès i Vallgornera, vive y muere en el s. XVII.  Prior claustral, pavorde y canónigo de la sede de Tortosa, fue nombrado President de la Generalitat de Catalunya el 22 de julio de 1668.
Provenía de la familia de los varones de Saint-Jean-Pla-de-Corts, en el Vallespir (Catalunya Nord). Aparentemente era hermano de Francesc Pagès i Vallgornera quien incorporó a su nombre el apellido de Sentjust y fue Consejero el 1675. El otro hermano Josep Pagès i Vallgornera perdió sus tierras confiscadas por el rey de Francia en la "Guerra dels Segadors" y se vio obligado a marchar hacia Tortosa.
Durante su trienio destaca la incursión en la política catalana del príncipe Juan José de Austria, llamado "príncipe del mar" por ser el comandante supremo de la armada española. El príncipe había sido virrey después de la capitulación de Barcelona de 1652 y tenía fuerzas contactos

Presidents de la Generalitat (Josep de Magarola i de Grau)

Josep de Magarola i de Grau, nació en Barcelona en 1612 - Muere en Barcelona en 1676. Fue abad del monasterio benedictino de Sant Pere de Camprodon (1645-1676) y President de la Generalitat de Catalunya (1665-1668).Su familia era originaria de Esparreguera (Barcelona) favorable a la corona. Era hijo de Joan de Magarola, "oïdor" de la Real Audiencia y regente del Consejo de Aragón a principios del siglo XVII. Entre sus antepasados ​​encontramos al también presidente (1623-1626) y obispo de Elna, Pere de Magarola i Fontanet o a su primo Miquel Joan de Magarola, ciudadano honrado de Barcelona y consejero segundo de la ciudad que tuvo que huir a raíz la "Batalla de Montjuïc" en 1641.Estudió en la universidad pontificia de Salamanca y 1628 se incorporó al Monasteri de Montserrat, si bien en 1641 fue expulsado junto con otros monjes castellanos durante la "Guerra dels Segadors". En 1645 es nombrado abad de Sant Pere de Camprodon y en 1655 prior del Monasteri de Sant Benet de Bages.Fue nombrado President de la Generalitat de Catalunya el 22 de julio de 1665, durante su presidencia de la Generalitat murió el rey Felipe III de Aragón y se planteó un problema político para la interpretación de las constituciones catalanas en estas circunstancias, ya que según los usos jurídicos, la muerte del Rey suponía, automáticamente, la suspensión de la jurisdicción delegada de los oficiales reales y del propio virrey, pasando toda la potestad al gobernador de Catalunya junto con la Audiencia hasta que el nuevo rey jurara "in situ" las Constitucions catalanes. Pero el rey, Carlos II, tenía tres años y su madre Mariana de Austria su regente. Esta envió una misiva a los diputados excusando la no presencia del rey y comunicando la continuidad de Vincenzo Gonzaga y Doria como virrey, que se mantuvo hasta el 1667, año en que fue relevado por Gaspar Téllez-Girón y de Sandoval.

Leyendas sobre las flores (El Limonero)

Cuenta la Mirología Griega, que Euristeo, rey de Micenas, encomendó a Hércules el robo del codiciado árbol de las "Manzanas de Oro" (los limones). El legendario semidiós consiguió el fruto tras vencer a Ladón. Cuenta la mitológia que en su ultimo trabajo se le encomendó a Hércules robar las manzanas de oro que nacían de un árbol regalado por Gea, a Hera, con motivo de sus esponsales con Zeus. Estas manzanas áureas proporcionaban la inmortalidad. La diosa había plantado el árbol en un jardín divino que se hallaba en la ladera del monte Atlas. Las Hespérides se encargaban de cuidar el árbol. Para proteger el árbol y vigilar los posibles hurtos de las Hespérides, Hera situó al dragón Ladón junto al árbol.
La primera dificultad con la que se topó el héroe fue averiguar dónde se encontraba el famoso jardín. Para ello primero se dirigió hacia Macedonia, donde luchó y venció a Cicno. En Iliria consultó a unas ninfas que le indicaron que solo Nereo podría desvelarle la situación del jardín. Le llevaron ante Nereo y aunque el dios para desasirse del abrazo de Heracles se metamorfoseó de mil maneras diferentes, el héroe no consintió en soltarle mientras no le mostrase el camino que debía seguir. Camino del jardín luchó con Busiris. En Asia mató a Ematión. Y a su paso por el Cáucaso liberó a Prometeo, con el consentimiento de Zeus, matando con una flecha al águila que todas las mañanas le roía el hígado. En agradecimiento Prometeo le aconsejó que no arrancase las manzanas con sus propias manos.
Una vez en el jardín de las Hespérides, siguiendo el consejo de Prometeo, le pidió a Atlante que cogiese las manzanas, mientras él sujetaba la bóveda terrestre en lugar del titán. Cuando Atlante tuvo las manzanas, comunicó al héroe, que él mismo llevaría las manzanas a Micenas. Heracles utilizando la astucia, se mostró de acuerdo, pero le pidió al titán que sujetase durante un momento la bóveda mientras el se colocaba una almohada para estar más cómodo. Una vez que el cándido titán tomó de nuevo el peso sobre sus hombros, Heracles cogió las manzanas y echó a correr. Una vez en Micenas, Euristeo devolvió las manzanas a Hera, que las puso de nuevo en el jardín.
Esta leyenda dio lugar al vocablo hesperidio, denominación que se usa para mencionar a los cítricos.


Leyendas sobre las flores (El Cerezo)

Cuenta una leyenda que hace cientos de años, en el  antiguo Japón, cuando los señores feudales se debatían en feroces batallas, existía una zona de hermosos campos lleno de cerezos. Y precisamente en uno de esos campos maravillosos existía un árbol que pese a tener vida, sus ramas no florecían. La tristeza era su única compañía, porque ni animal ni hierba se acercaba por miedo a morir también.
Una noche se le apareció un hada con bellas palabras que le ofreció su ayuda para que volviera a estar radiante y hermoso. Le ofreció practicarle un hechizo que duraría 20 años, en ese transcurso de tiempo debería emocionarse y sentir lo que siente  el corazón de un humano. Para ello podía convertirse en humano y en árbol indistintamente. En el caso de no conseguirlo, moriría sin remedio. Y es así como, tras el hechizo, el árbol impaciente se volvió paciente por dos décadas.
Casi cuando el plazo se iba a cumplir apareció  una joven de quince años, pensó que esta dulce joven sería la salvación y que podría conquistar a quien le devolvería la primavera en forma de flor. Y fue así como Sakura, cuyo significado es Flor de cerezo, conoció a un hermoso joven llamado Yohiro (Esperanza), de largos cabellos dorados y ojos aguamarina. Conversaron por largo tiempo y descubrieron, bajo las ramas del cerezo, que compartían la afición por los libros.
Al oscurecer, Sakura invitó a Yohiro a cenar en su casa, y entre conversación y conversación se dieron cuenta que su amistad se iba solidificando. Cuando tuvieron que separarse el silencio los invadió.
Inesperadamente, esa misma noche, la madre de Sakura decidió cortar el cerezo seco y marchito. Yohiro sintió un miedo infinito al ver peligrar su esperanza de volver a ser árbol en flor. Sakura suplicó a su madre que soltara el hacha y le confió su secreto mejor guardado: El cerezo era su único amigo. Gracias a ese árbol ella había tenido las mejores tardes de lectura y conversaciones. Y fue precisamente bajo sus ramas rotas donde conoció el amor.
De repente, misteriosamente, comenzó a brillar el árbol y todos fueron testigos de cómo el feo cerezo su apariencia cambiaba; como sus ramas marchitas y decaídas se tornaban en vigorosas, floreciendo las flores que en otro tiempo no existían.
El hada, artífice del hechizo hacía dos décadas, dio a Yohiro la oportunidad de elegir entre la forma de humano o la de árbol. Y fue así como los dos jóvenes, abrazados, decidieron emprender otra aventura juntos. La hermosa aventura de amar.
Y desde ese día el cerezo siempre permaneció en flor como símbolo de amistad y del amor que se profesaban Sakura y Yohiro.


Leyendas sobre las flores (Flor del Ceibo)

Según cuenta la leyenda la "flor del ceibo" nació cuando Anahí fue condenada a morir en la hoguera, después de un cruento combate entre su tribu y los guaraníes.
Por entre los árboles de la selva nativa corría Anahí. Conocía todos los rincones de la espesura, todos los pájaros que la poblaban, todas las flores. Amaba con pasión aquel suelo silvestre que bañaba las aguas oscuras del río Barroso. Y Anahí cantaba feliz en sus bosques, con una voz dulcísima, en tanto callaban los pájaros para escucharla. Subía al cielo la voz de la india, y el rumor del río que iba a perderse en las islas hasta desembocar en el ancho estuario, la acompañaba.
Nadie recordaba entonces que Anahí tenía un rostro poco agraciado, ¡tanta era la belleza de su canto!. Pero un día resonó en la selva un rumor más violento que el del río, más poderoso que el de las cataratas que allá hacia el norte estremecían el aire. Retumbó en la espesura el ruido de las armas y hombres extraños de piel blanca  remontaron las aguas y se internaron en la selva. La tribu de Anahí se defendió contra los invasores. Ella, junto a los suyos, luchó contra el más bravo. Nadie hubiera sospechado tanta fiereza en su cuerpecito moreno, tan pequeño. Vio caer a sus seres queridos y esto le dio fuerzas para seguir luchando, para tratar de impedir que aquellos extranjeros se adueñaran de su selva, de sus pájaros, de su río. Un día, en el momento en que Anahí se disponía a volver a su refugio, fue apresada por dos soldados enemigos. Inútiles fueron sus esfuerzos por librarse aunque era ágil.
La llevaron al campamento y la ataron a un poste, para impedir que huyera. Pero Anahí, con maña natural, rompió sus ligaduras, y valiéndose de la oscuridad de la noche, logró dar muerte al centinela. Después intentó buscar un escondite entre sus árboles amados, pero no pudo llegar muy lejos. Sus enemigos la persiguieron y la pequeña Anahí volvió a caer en sus manos.
La juzgaron con severidad: Anahí, culpable de haber matado a un soldado, debía morir en la hoguera. Y la sentencia se cumplió. La indiecita fue atada a un árbol de anchas hojas y a sus pies apilaron leña, a la que dieron fuego. las llamas subieron rápidamente envolviendo el tronco del árbol y el frágil cuerpo de Anahí, que pareció también una roja llamarada.
Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó de pronto a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que entregaba su corazón antes de morir. Su voz dulcísima estremeció a la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su llamada.
Con los primeros rayos del sol, se apagaron las llamas que envolvían Anahí. Entonces, los rudos soldados que la habían sentenciado quedaron mudos y paralizados. El cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores rojas como las llamas que la  envolvieron, hermosas como no había sido nunca la pequeña, maravillosas como su corazón apasionadamente enamorado de su tierra, adornando el árbol que la había sostenido.
 Así nació el ceibo, la rara flor encarnada que ilumina los bosques de la mesopotamia argentina. La flor del ceibo que encarna el alma pura y altiva de una raza que ya no existe.

lunes, 25 de abril de 2016

Presidents de la Generalitat (Jaume de Copons i de Tamarit)

Jaume de Copons i de Tamarit, ¿? - Muere en Lleida en 1680. Arcediano de Andorra, canónigo de la Seu d'Urgel, obispo de Vic (1664-1674) y de Lleida (1674-1680), fue nombrado President de la Generalitat de Cataluñny el 22 de julio de 1662Provenía de una familia originaria de Vilafranca con amplia trayectoria política y militar. Era hijo de Dalmau de Copons y, su hermano Joan fue comendador de la Orden de San Juan de Jerusalén y murió en 1642 en la "Guerra dels Segadors". Una hermana suya, Margarida, fue abadesa de Sant Daniel.Otra rama de la familia es originaria de las tierras de Urgell y la Segarra estuvo ampliamente implicada en la "Guerra dels Segadors" en el lado francés que les valió títulos de nobleza a Ramón de Copons y Aiguaviva Tamarit (señor del Bullidor), Joan Francesc de Copons i de Sabater (señor de la Manresana) y Josep de Copons i de Gebel (señor de Llor)No es el caso de Jaume de Copons que era filipista y había sido insaculado en calidad de "supranumeràri" en 1655, en pleno período de depuración posterior a la revuelta. Anteriormente, en época de presencia francesa, había formado parte de alguna "juntes de braços "(1648) y de una "trenta-sisena" (1650) y había tenido algún enfrentamiento con el obispo francés Pierre de Marca y con el canónigo de Urgell, Lorenzo de Barutell, quien terminó desterrando a Jaume de Copons en Begues por "desafecta al rey francés". Con estos antecedentes, después del 1655 y antes de ser extraído como presidente, formó parte de numerosas juntes, trenta-sisenes y fue embajador de la Diputacio ante el virrey (1656). En 1664 al ser nombrado obispo de Vic, el procurador general pidió la extracción de un nuevo diputado eclesiástico por incompatibilidad entre los dos cargos, pero Copons se opuso y, después de un largo enfrentamiento, el virrey decidió que continuara , dado que sólo faltaban unos meses para el fin del trienio.Su mandato como presidente de la Generalitat fue un periodo sin ningún tipo de vitalidad política dada la cada vez más intensa preeminencia virreinal. Coincidió en estos años con tres virreyes: Francisco de Orozco, de dilatada experiencia desde 1650; Francisco de Moura Corte-Real y Mero, un continuidad de la política de su predecesor y que sólo estuvo un año antes de ser sucedido por Vincenzo Gonzaga y Doria procedente de Nápoles y estrecho colaborador de Juan José de Austria

Presidents de la Generalitat (Pau d'Àger i d'Orcau)

Pau d'Àger i d'Orcau, nació  en Tremp (Lleida) en 1592 - Muere enVallfogona de Riucorb (Tarragona), en 1672. Fue un religioso, "comanador" de la Orden de San Juan de Jerusalén y 102è Presidente de la Generalitat de Catalunya (nombrado el 22 de julio de 1659).Era hijo de Onofre d'Àger, caballero de Tremp y de Anna de Orcau. Estuvo vinculado a la Orden de San Juan de Jerusalén en Tortosa (1228-1234), Vilafranca del Penedès (1637-1659), Vallfogona de Riucorb (1645-1672) y Barcelona (1656 a 1672). Era un diputado de antes de la "Guerra dels Segadors", pero su poco protagonismo político en la contienda le permitió tener el favor del Rey español. Fue miembro de varias "Juntes de braços", entre ellas la que trataba de la llamada militar del Princeps namque (es uno de los "vasallajes" de Barcelona que regulaba la defensa del príncipe y del Principado de Catalunya, y la convocatoria a las armas) el 1637. Poco después de comenzar la guerra, en 1641, estaba en Malta y no se vuelve a estar en Barcelona hasta el 1650.Al frente de la Generalitat de Catalunya le tocó vivir la firma del "Tratado de los Pirineos" entre Francia y España en 1659. A pesar de esta paz, las tropas reales no se desmovilizaron y se sucedieron las represiones y abusos de los soldados sobre la ciudadanía, provocando continuos enfrentamientos entre la Diputacio y el virrey, Francisco de Orozco. Este dejó claro su visión sobre la nueva situación de las instituciones cuando manifiesta: "los señores diputados no son recogedor de los frutos del principado, sino recogedor de los frutos de su Majestad". Las tensiones también tenían otros frentes como el alojamiento de los soldados (crisis recurrente desde hacía 50 años) y la voluntad de la Generalitat para conseguir el control sobre las insaculaciones. Es un periodo de fuerte "desafección" de las instituciones y un fuerte despotismo del virrey de Catalunya en el que no se realizaron ni "juntes de braços", ni "trenta-sisenes"

Presidents de la Generalitat (Joan Jeroni Besora)

Joan Jeroni Besora, nace en Barcelona ¿? - Muere en Sant Jeroni de la Murtra (Barcelona) en 1665.  Fue canónigo de la sede de Lleida. Llego a ser  President de la Generalitat de Catalunya el 22 de julio de 1656.Fue doctor en teología y un importante humanista y bibliófilo leridano, discípulo del obispo Antoni Agustí (1517-1587). Tuvo muchas relaciones con historiadores y estudiosos como Pierre de Marca. Escribió oratorios y un episcopologio leridano. Desde 1630 había tenido participación en la política de la diputación formando parte de una "Junta de Braços" y también en una embajada al virrey. Entre 1635 y 1641 fue visitador del "braç eclesiástico". También participó en el período de la "Guerra dels Segadors" cuando en 1637 participó en la deliberación para la movilización militar decretada por Olivares raíz de la guerra con Francia, y estuvo presente en una junta extraordinaria para tratar sobre la muerte de conde de Santa Coloma en 1640.Cuando fue extraído en 1656 acumulaba una amplia experiencia en el seno de la Diputacio, pero a la vez era una hombre mayor y se dedicó con poca intensidad en el cargo, lo que favoreció una mayor presencia del diputado militar Joan de Grimau i de Vilafranca. En su trienio, la mayor preocupación de la generalidad era terminar la guerra con Francia, ya que después de la rendición de Barcelona, ​​los contraataques franceses eran constantes. Después de su mandato escribió en nombre de la Generalitat a Juan José de Austria y otros personajes protestando por la cesión del Rosello y parte de la Cerdanya en Francia por el Tratado de los Pirineos. Humanista y bibliófilo, reunió una biblioteca de más de 5000 volúmenes. Murió y fue enterrado en el monasterio de San Jerónimo de la Murtra.

Leyendas sobre las flores (La Pasionaria)

Mburukujá era una hermosa doncella española que había llegado a las tierras de los Guaraníes acompañando a su padre, un capitán del ejercito de la Corona.  Mburukujá no era su nombre cristiano, sino el tierno apodo que le había dado un aborigen guaraní a quien ella amaba en secreto y con el que se encontraba a escondidas, ya que su padre jamás habría aprobado tal relación. En realidad, su padre ya había decidido que ella desposara a un capitán a quién el creía digno de obtener la mano de su única hija.
Cuando le revelaron los planes de matrimonio, la joven suplicó que no la condenaran a consumirse junto a un hombre a quien no amaba, pero sus ruegos solamente lograron encender la cólera de su padre. La doncella lloró desconsolada, tratando de conmover el inflexible corazón de su padre, pero el viejo capitán no sólo confirmó su decisión sino que además le informó que debería permanecer confinada en la casa hasta que se celebrara boda.
Mburukujá debió contentarse con ver a su amado desde la ventana de su habitación, ya que no estaba autorizada a salir a los jardines por la noche y difícilmente lograba burlar la vigilancia paterna. Sin embargo, envió a una criada de su confianza para que lo informara sobre su triste futuro.
El joven indio no se resignó a perder a su amada, y todas las noches se acercaba a la casa intentando verla. Durante horas vigilaba el lugar, y sólo cuando se percataba de que los primeros rayos del sol podían delatar su posición se retiraba con su corazón triste, aunque no sin antes tocar una melancólica melodía en su flauta.
Mburukujá no podía verlo, pero esos sonidos llegaban hasta sus oídos y la llenaban de alegría, ya que confirmaban que el amor entre ambos seguía tan vivo como siempre. Pero una mañana ya no fue arrullada por los agudos sones de la flauta. En vano esperó noche tras noche la vuelta de su amado. Imaginó que el joven indio podría estar herido en la selva, o que tal vez había sido víctima de alguna fiera, pero no se resignaba a creer que hubiese olvidado su amor por ella.
La dulce niña se sumió en la tristeza. Su piel, otrora blanca y brillante como las primeras nieves, se volvió gris y opaca, y sus ojos ya no destellaron con hermosos brillos violáceos. Sus rojos labios, que antes solían sonreír, se cerraron en una triste mueca para que nadie pudiera enterarse de su pena de amor. Sin embargo, permaneció sentada frente a su ventana, soñando con ver aparecer algún día a su amante. Luego de varios días vio entre los matorrales cercanos la figura de una vieja india. Era la madre de su enamorado, quien acercándose a la ventana le contó que el joven había sido asesinado por el capitán, quien había descubierto el oculto romance de su hija. Mburukujá pareció recobrar sus fuerzas, y escapándose por la ventana siguió a la anciana hasta el lugar donde reposaba el cuerpo de su amado. Enloquecida por el dolor cavó una fosa con sus propias manos, y luego de depositar en ella el cuerpo de su amado confesó a la vieja india que terminaría con su propia vida ya que había perdido lo único que la ataba a este mundo. Tomó una de las flechas de su amado, y luego de pedirle a la mujer que una vez que todo estuviera consumado cubriera sus tumbas y los dejara descansar eternamente juntos, la clavó en medio de su pecho. Mburukujá se desplomó junto al cuerpo de aquel que en vida había amado.
La anciana observó sorprendida como las plumas adheridas a la flecha comenzaban a transformarse en una extraña flor que brotaba del corazón de Mburukujá, pero cumplió con su promesa y cubrió la tumba de los jóvenes amantes. No pasó mucho tiempo antes de que los indios que recorrían la zona comenzaran a hablar de una extraña planta que nunca antes habían visto, y cuyas flores se cierran por la noche y se abren con los primeros rayos del sol, como si el nuevo día le diera vida.

Leyendas sobre las flores (El Azahar)

Cuenta la leyenda que el sultán de la medina de Granada, Alkabul "el Privilegiado", posó sus ojos en la incipiente gracia de la hija de una pareja de sus esclavos, Al- Azhar. El sultán, prendado de los luminosos encantos de la doncella, mató a sus padres y la llevó a vivir con él; con el propósito de desposarla el mismo día que la joven cumpliría trece años. Semanas antes de celebrarse el casamiento, Xurán, un joven calígrafo y arquitecto de la Granada nazarí, recibió de Alkabul el encargo de decorar la cámara nupcial. Apenas traspasó el dintel de la puerta y se encontró con la princesa, descubrió en sus grandes ojos negros el misterio del amor y del deseo. Una tarde poco después, cuando los señores y los esclavos dormitaban al placido descanso de la tarde, se encontraron a solas y Xurán le declaró su amor.
Xurán también le contó a Al-Azhar que una vez hubiera acabado el encargo del sultán sus ojos serían cegados para que no volviera a crear una obra similar. Esa misma noche se volvieron a encontrar y los amantes abrasaron sus deseos entre las palmeras de la medina. Justo eran los días en los que los naranjos amargos estaban en flor. Entre jadeo y jadeo, la Alhambra se iba llenando del perfume de la flor del naranjo. Sería su última noche. Al amanecer se despidieron entre lágrimas.
Ciego de ira y loco de dolor cómo sólo un déspota es capaz de estarlo, el sultán Alkabul mató a la bella Al-Azhar y después de quemar su fino cuerpo dispersó sus cenizas entre los rosales del palacio. A pesar del olor de las cenizas y de la fragancia de los rosales no consiguió aplacar el aroma que los amantes habían dejado la noche anterior ni el rastro que en el aire permanecía de la fragancia amorosa creada con la mezcla de sus cuerpos.
Arkabul, guiado por el perfume que Al-Azhar había impregnado en Xurán, le persiguió y persiguió hasta acorralarlo en el promontorio del Veleta, donde se quitó la vida. Desde entonces, acaba la leyenda, cuando la brisa sopla sobre los jardines de la Alhambra, un aroma penetrante e inolvidable a se extiende por Granada.


Leyendas sobre las flores (La Peonía)

La princesa Aya debía casarse con el príncipe Ako. Las familias de los dos jóvenes habían decidido el matrimonio y todos los preparativos necesarios estaban hechos. La tarde del día anterior a la boda, la princesa paseaba por su jardín, mirando melancólicamente aquellos lugares tan amados y familiares que debía abandonar para siempre, y amargas lágrimas brotaban de sus ojos y resbalaban por sus rosadas mejillas.
Al llegar a un rincón del jardín oyó un suspiro que respondía al suyo. Se volvió, e imaginad el asombro que sentiría al ver detrás una planta de peonías, que eran sus flores predilectas, a un hermosísimo príncipe envuelto en un manto de terciopelo, salpicado de peonías recamadas en oro. El joven miró a la muchacha con ojos dulcísimos y entreabrió sus labios con una sonrisa triste que penetró hasta el fondo del corazón de Aya; luego desapareció en forma misteriosa.
Profundamente turbada por aquel encuentro, Aya regresó muy despacio al palacio y dijo a su padre que por nada del mundo se casaría con el príncipe Ako, ya que solamente amaba al misterioso joven del jardín. El anciano príncipe, que adoraba a su hijita, mando a suspender la boda y destacó por todo el mundo caballeros y servidores en busca del desconocido joven, del cual se había enamorado su hija.
Los mensajeros escalaron montes escarpados, recorrieron inmensas llanuras, atravesaron ríos caudalosos y áridos desiertos, pero todo fue en vano; el misterioso joven no aparecía por ninguna parte. Todos tuvieron que regresar al castillo con las manos vacías. Entonces el anciano príncipe, que era muy sabio, dijo a su hija:
- "Querida niña, el joven que vieron tus ojos no es una criatura de este mundo, ya que si así fuera mis hombres lo habrían encontrado. Debe de ser el espíritu de la peonía, desde el momento que te apareció precisamente detrás de una planta de estas flores. Por eso, tu deseo es irrealizable; comprende que no puedes casarte con un espíritu. Mañana estará aquí el príncipe Ako y celebraremos la boda. He dicho".
Aya inclinó la cabeza en señal de obediencia; comprendía que su padre tenía razón y que no podía seguir obstinándose en aquel capricho. Empero, corrió al jardín para saludar por última vez a sus flores preferidas y , arrodillada junto a la planta de peonías, estalló en sollozos. Las lágrimas manaban a raudales de sus ojos y regaban la tierra. Bajo aquella benéfica rociada de lagrimas, una flor bellísima floreció, una flor como jamás viose otra igual.
A la mañana siguiente los invitados a la boda, al pasar junto a la plante de peonías, no podían dejar de detenerse y admirar aquella flor magnífica. Pero cuando, después de la ceremonia nupcial, volvieron a pasar por allí, vieron la espléndida peonía que yacía en el suelo marchita. El corazón de la flor no soportó el dolor de ver a la princesa Aya esposa de otro, y se había roto