jueves, 4 de agosto de 2016

Leyendas en Catalunya (La Cova d'en Daina)

La Cova d'en Daina es un dolmen de granito de grandes dimensiones construido entre 2700 a. C. y 2200 a. C. Está ubicado en las afueras del núcleo urbano de Romanyá de la Selva en Catalunya
El conjunto fue descubierto en los años 1900 por el antiguo propietario de los terrenos Pere Cama i Casa. En 1957, las excavaciones promovidas por Lluís Esteva Cruañas hallaron numerosos huesos, dientes, siete puntas de flecha de sílex, fragmentos de cuchillo, trozos de cerámica y cuentas de collar. En 1931, fue declarado Monumento Nacional.
El recinto megalítico está protegido por un crómlech en forma de anillo externo de 11 metros de diámetro formado por grandes piedras de granito. El dolmen mide 7,60 m de largo por 1,70 m de ancho y 1,50 m de alto. La cámara funeraria, de forma rectangular, está separada de la galería por tres piezas que conforman la puerta de entrada.


Historia de Catalunya (Constitució de l'Observança)

 Era un capítulo de la corte promulgado en las Corts de Barcelona de 1480-1481 que establecía el sometimiento del rey a la observancia y cumplimiento de las constituciones catalanas. Ya durante el reinado de Alfons V "el Magnanim" en las Corts de Barcelona (1421) se había acordado la primacía de los "Usatjes de Barcelona", encargando a la Diputacio del General de Catalunya el control de cualquier extralimitación real, pero el creciente autoritarismo de Joan II "el Gran" desencadenó el sangriento final de la edad media en Catalunya con la "Guerra civil catalana" (1462–1472). Tras el conflicto Feran II "el Católic" inició la política de "Redreçament" (reforma) ratificando el pactismo como pilar rector de la política en Catalunya durante la edad moderna; mediante dicho capítulo de corte se consagró el imperio de la ley sobre cualquier atisbo de absolutismo y se ratificó a la Generalitat como institución encargada de velar por el cumplimiento de leyes por parte del rey y sus oficiales; en caso de vulneración constitucional (contrafacción) se apelaba a la Real Audiencia de Catalunya y, a partir de 1702, al "Tribunal de Contrafacciones". Inicialmente fue denominado "Capítulo de corte Poco valdría", por ser estas sus primera palabras, pero posteriormente y a pesar de no ser propiamente una constitución sino un capítulo de corte fue conocido como "Constitución de la Observacia"

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XXV])

El 13 de septiembre se procedió a la ceremonia de capitulación; el sargento mayor de la Coronela Félix Nicolás Monjo y de Corbera, en representación del herido Conseller en Cap y coronel de la milicia Rafael Casanova, y el coronel Juan Francisco Ferrer, en representación del herido general comandante del ejército Villarroel, entregaron solemnemente las llaves de Barcelona al teniente general marqués de Guerchy. Seguidamente el Duque de Berwick procedió a pasar revista al ejército francés, puesto en armas ante su persona, y el duque ordenó mediante bando que cualquier oficial, soldado, vivandero, y cualesquiera otras gentes que seguían a las tropas, serían castigados con la pena de muerte si injuriaban de palabra el honor de los catalanes tratándoles de "rebeldes".
Acto seguido ordenó a sus tropas que entraran en la ciudad de Barcelona. El 14 de septiembre se inició el desarme de las tropas del ejército de Catalunya; se les ordenó presentarse delante de Les Atarazanes a las 8 de la mañana y, tras desarmarlos, tomar sus banderas, y darles pasaportes, los oficiales franceses y españoles se los disputaron para que tomasen partido en sus respectivos ejércitos. Al día siguiente, 15 de setiembre, se procedió a la misma operación con las tropas milicianas de la Coronela. Los gremios entregaron sus 42 banderas, el Consell de Cent la tan nombrada Bandera de Santa Eulalia, y la Generalitat de Catalunya la Bandera de Sant Jordi. El ceremonial continuó y a las 3 de la tarde se las llevaron al Real del mariscal duque de Berwick en el campo delante de Barcelona. Berwick ordenó que fueran enviadas a Madrid y que fueran presentadas a Felipe V como trofeos de guerra para ser colgadas en la Basílica de la Virgen de Atocha, se celebró una misa de Te Deum por el fin de la guerra, y durante tres noches se dispararon fuegos artificiales. Pero Felipe V rechazó las banderas alegando que no reconocía a ninguna bandera de "rebeldes", y las devolvió a Barcelona para que fueran quemadas por el verdugo tal cual criminales que habían cometido los delitos de rebelión y Lesa majestad. El 20 de septiembre llegó el marqués de Lede procedente de Madrid, prohibió que se entregaran mas pasaportes, y expuso a Berwick las órdenes que traía de la corte de tomar prisioneros a los oficiales militares que habían luchado durante el sitio; dos días después, el 22 de septiembre, y contraviniendo el pacto de capitulación, Villarroel y todo el estado mayor del ejército de Catalunya, fueron detenidos y encarcelados. Finalmente el 3 de octubre de 1714 se ordenó mediante bando el desarme total de los catalanes, debiendo entregar "todas, y qualesquier Armas de qualquier genero, ó calidad que sean, y de qualquier medida, assi de fuego, como de corte, ó Cortantes, como son Pistolas, Pedreñales, Fusiles, Escopetas, Espadas, Sabres, Bayonetas, Puñales, Cuchillos con punto, y otras semejantes"

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XXIV])

El avance de las tropas catalanas aplastó a los batallones de las Reales Guardias Españolas, que fueron masacrados tal como recordaba el entonces capitán de la unidad Melchor de Abarca y Velasco: "los regimientos de Guardias que les toco pasar por esta parte derramaron mucha sangre, los cuales quedaron totalmente perdidos". Mientras comandaba el contrataque el Conseller en Cap Rafael Casanova cayó herido de un balazo en el muslo, recogiendo la bandera de Santa Eulalia "el Protector del braç militar de Catalunya", Juan de Lanuza y de Oms, conde de Plasencia, y siendo trasladado al Colegio de la Merced, donde había instalado un hospital de campaña. Ante la caída en combate de Rafael Casanova el avance quedó detenido y a partir de entonces los combates se centraron en la posesión del convento de Sant Pere, que fue reconquistado y perdido once veces entre defensores y asaltantes. Ante la enconada resistencia de los barceloneses el mariscal duque de Berwick movilizó a 6.000 hombres más de sus reservas para entrar en combate.

Al mediodía, habiendo caído en combate la cúpula político y militar, estando el Conseller en Cap Rafael Casanova ingresado en el colegio de la Merced y el teniente mariscal Antonio de Villarroel siendo atendido de sus heridas en su residencia, los miembros de la Junta de Gobierno se reunieron con varios oficiales militares para analizar la situación de los combates. En ese ínterin les llegó la noticia que el comandante del sector de Sant Agustí, el coronel Pablo Tohar, siguiendo órdenes del herido teniente mariscal Villarroel, había hecho llamada a la capitulación. Poco después los combates quedaron detenidos en los tres sectores de ataque y se pactó una suspensión de armas hasta las cinco de la tarde. Tras horas de negociaciones, finalmente, a las ocho de la mañana del día 12 de septiembre, a pesar de la obstinación del diputado de la Generalitat de Catalunya Francisco de Perpiñá Sala y Sasala por no acceder a capitulación alguna, al fin la mayoría de la Junta de Gobierno resolvió que dada la falta de gente y el hambre extrema que azotaba la ciudad, debían aceptarse los términos de la capitulación ofertada por el mariscal de Francia. El sitio de Barcelona había provocado unas bajas estimadas en 14.200 asaltantes borbónicos, 6.850 defensores austracistas, y la destrucción de un tercio de la ciudad.

Leyendas en Catalunya (Juan de Enguera)

Nacio en Valencia en el s. XV - Valladolid el 15 de febrero de 1513. Fue un religioso dominico español, inquisidor general.
Perteneció a la orden de Santo Domingo y desempeñó el importantes cargo de confesor de Ferran "el Católic". Este rey, tras la renuncia en 1507 de Diego de Deza al título de inquisidor general, pidió bula al papa Julio II para nombrar dos inquisidores en los reinos de Castilla y Aragón. El primero recayó sobre Gonzalo Jiménez de Cisneros y el segundo sobre Juan Enguera, quien lo tuvo hasta su muerte.
Compaginó esta tarea con el obispado de Vic entre 1506 y 1511, actuando en las diócesis de toda la Corona de Aragón. Tras la bula "dat. V. idus. decembris", fue obispo de Lleida desde el 17 de febrero de 1511 y finalmente obispo de Tortosa desde octubre de 1512.
Si bien sus actuaciones no fueron tan renombradas como las de Cisneros, se encargó de organizar varios capítulos para definir las normas de la inquisición; por ejemplo los de Monzón en 1512 en los que establecía que el número máximo de inquisidores era 10 en Zaragoza y otros 10 en el resto de las ciudades. También fue uno de los firmantes del Tratado de Blois.

Leyendas en Catalunya (Luis Mercader Escolano)

Nacio en Murviedro (Valencia), en 1444 - 9 de junio de 1516. Fue un religioso cartujo, inquisidor general en Aragón.
Nombrado inquisidor por León X en 1513, ostentó este cargo y el de Obispo de Tortosa desde el 20 de mayo hasta su muerte. Apenas se conocen hechos de sus actuaciones, salvo que su cargo como inquisidor fue más de tipo judicial que religioso, y que, para no alterar su conciencia, delegó en su canonista Hernando de Montemayor.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XXIII])

A partir de la rotura de la brecha el colapso de la defensa se precipitó. Los combatientes del baluarte de Levante, cogidos por la espalda, fueron pasados a bayoneta; otro tanto les sucedió a los defensores del baluarte de Santa Clara, de los cuales sólo unas pocas compañías pudieron salvarse gracias a la carga suicida de una de las compañías de la coronela de Barcelona; y poco después también cayó el baluarte del Portal Nuevo, bajo las tropas españolas. Como recordaba el marqués de Sant Felip "Todo se vencía a fuerza de sacrificada gente, que con el ardor de la pelea ya no daba cuartel, ni lo pedían los catalanes, sufriendo intrépidamente la muerte". Los Consellers de Barcelona, viendo que toda la línea de defensa había colapsado y que la caída de la ciudad era inevitable, decidieron abandonar su cuartel general en el portal de Sant Antoni y salir a combatir por las calles. En ese momento recibieron aviso del teniente mariscal Antonio de Villarroel, quien les comunicaba que retomaba el general comando militar y les pedía que lanzaran su contrataque por el sector de Sant Pere, mientras que él dirigiría otro por el centro. Pasadas las seis de la mañana, Rafael Casanova ordenó emitir el que sería su último bando como Conseller en Cap de Barcelona, ordenando sin excepción a todos los varones mayores de catorce años a la defensa de la ciudad de Barcelona y guardia de la bandera de Santa Eulalia, en servicio del Rey y de la Patria.

Varias compañías de los seis batallones que formaban la Coronela de Barcelona se congregaron en la Plaça de Junqueras, y a la orden del Conseller en Cap Rafael Casanova, que blandía la bandera de Santa Eulalia, reliquia venerada por los barceloneses y que según la tradición sólo podía sacarse en momentos de grave peligro para Barcelona, se lanzaron al contrataque pasadas las siete de la mañana. Embistieron con tal fuerza las tropas catalanas que las tropas españolas que combatían en ese sector empezaron a retirarse desordenadamente hasta provocar una desbandada general de las tropas españolas en todo el sector de Sant Pere

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XXII])

Los fuertes chubascos caídos tras el rechazo de la proposición de negociación inundaron las trincheras borbónicas, impidiendo cualquier posibilidad de lanzar un asalto general. El 10 de septiembre un nuevo chubasco cayó sobre la ciudad; al anochecer el Conseller en Cap Rafael Casanova volvió a reconocer la primera línea de combates en la muralla, alentando a la resistencia de las tropas a pesar de deserciones y la hambruna generalizada. Mas en esta ocasión el mariscal de Francia no ordenó el asalto al entrar la noche. A las 4:30h del 11 de septiembre más de cuarenta batallones borbónicos lanzaron el asalto final sobre Barcelona. El baluarte de Llevant fue asaltado por el brigadier Courty y el coronel Cany, el reducto de Santa Eulalia por el coronel Chateaufort, el baluarte de Santa Clara por brigadier Balincourt, y la brecha contigua a dicho baluarte por el mariscal Lecheraine. La brecha central estaba bajo la responsabilidad del mariscal Guerchois y el brigadier Reves, mientras que el baluarte del Portal Nou, único sector que el mariscal duque de Berwcik confió a tropas españolas, fue asaltado por la elite de las tropas de Felipe V, los Regimientos de Reales Guardias Españolas y Valonas, bajo el mando del mariscal Antonio del Castillo y el brigadier vizconde del Puerto. El asalto general se lanzó por los tres frentes simultáneamente tal como narraba el marqués de Sant Felip, "Todos a un tiempo montaron la brecha, españoles y franceses; el valor con que lo ejecutaron no cabe en la ponderación. Más padecieron los franceses, porque atacaron lo más difícil". La defensa fue obstinada y feroz, abatiendo a los asaltantes borbónicos antes de que estos consiguieran llegar hasta la muralla y obligando a lanzar varias oleadas de gente fresca. Ante la espantosa carnicería que estaban sufriendo las tropas francesas en el sector del Baluarte del Santa Clara, el teniente general Cilly ordenó al coronel Chateaufort que abandonase el ataque al reducto de Santa Eulalia y solicitó al mariscal Lechereine, del centro francés, que lo auxiliase con el grueso de sus tropas formado por los regimientos Normadie, Auvergne, y La Reine para asaltar la brecha contigua al baluarte del Portal de Llevant. Pasadas las cinco de la mañana, y tras lanzar tres asaltos, las tropas conjuntas del coronel Cany, del brigadier Courty, del coronel Chateufort y del mariscal Lechereine conseguían pasar a sangre y fuego por encima de las pocas tropas catalanas supervivientes que defendía dicha la brecha.

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XXI])

El 1 de septiembre, dada la disposición de las tropas borbónicas, y la carencia de munición y tropas para proseguir con la defensa, el general comandante Villarroel reunió a todo el estado mayor del ejército para intentar forzar a los políticos catalanes a que aceptaran una capitulación. Estando todo el estado mayor, a excepción del general Basset, de acuerdo en la propuesta del general comandante Villarroel, este les pidió que pusieran por escrito su voto, para presentarlo a los políticos catalanes. Después se reunió con el Conseller en Cap Rafael Casanova mientras pasaban revista a la primera línea de los combates en la muralla, para que entendiera que con los escasos recursos de que disponía, las tropas asaltantes romperían fácilmente las defensas, y que no era de buen cristiano lanzar a los miles de civiles inocentes que se agazapan en sus casas a una irremisible masacre. Berwick, informado por el creciente número de desertores de las disensiones que había entre militares y políticos, tomó la iniciativa y ofreció entrar en negociaciones de capitulación. Finalmente Rafael Casanova dio su brazo a torcer, y a pesar de las reticencias del conseller segundo Feliu de la Peña, ordenó se convocaran a los Tres Comunes de Catalunya. Leída la exposición de la carta de Villarroel sobre la situación de la plaza, los tres comunes ser reunieron por separado, Generalitat de Catalunya, Braç militar de Catalunya, y el Consell de Cent, siendo representado este último por la "Junta de Gobierno y personas asociadas". En esta junta, presidida por Rafael Casanova, se impuso nuevamente su criterio, y cuando la mayoría aceptó que se entrar en negociaciones se procedió a iniciar la votación; votaron Casanova y tres representantes mas, pero cuando iba a votar el siguiente, la votación se detuvo al ser interrumpida por la noticia que los otros dos comunes ya habían votado, habiendo resuelto que no se diera oídos a la propuesta de negociación. Siguiendo la tradición de no romper el consenso entre los Tres Comunes de Catalunya, se volvió a discutir el parecer, asumiendo Casanova y la mayoría de los presentes que se debía votar al unísono con la Generalitat y el Braç militar. Reiniciada la votación, los 26 restantes miembros de la Junta votaron también por el rechazo de la propuesta de Berwick

Leyendas en Catalunya (Pere Miquel Carbonell i Soler [II])

Gran aficionado a las letras clásicas, reunió una importante biblioteca, de la que copió y anotó muchos de sus códices. Era un gran calígrafo.Aunque inscribirse en el movimiento humanista y, por tanto, cultivar la lengua latina y los clásicos, rechazando en buena parte la tradición cultural catalana anterior, se interesó por la lengua catalana, lo que le llevó a copiar, ordenar y interpolar las "Reglas de esquivar vocablos o palabras groseros o pagesívols" de Bernat Fenollar y Jeroni Pau, a escribir numerosas parejas en catalán ya una "Danza de la muerte", adaptada del francés, que seguía aún las normas de la Gaya Ciencia , con poca calidad literaria.Mantuvo relaciones literarias con los juristas Francisco de Marie-saja y Joan Vilar, con el bibliófilo Guillem Fuster y con los humanistas Antonio y Alessandro Geraldina, Teseo Valentín y Jerónimo Paz.Su cargo de archivero hizo que se decantara por los estudios históricos, entre los que resaltan la recopilación biográfico en latín De viris illustribus catalana, un conjunto de quince biografías breves de eruditos de su tiempo, dentro del ámbito de las tierras de habla catalana. Es autor de las Chroniques de España, que inició en 1495 y concluyó en 1513, las cuales comprenden desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Juan II, obra que sirvió de referencia para los historiadores posteriores. En 1496, siguiendo órdenes de Fernando II, escribió una genealogía de los condes-reyes catalanes, en la que consigna Bernardo de Septimania como primer conde de Barcelona. En 1516 concluyó una recogida de procesos de la inquisición en Barcelona, ​​comentada en catalán, que comprende el periodo 1487 a 1507, el Liber Descripción reconciliatonisque purgationis te Condemnation haereticorum.Compuso también una recopilación de inscripciones latinas de Roma, Barcelona y Tarragona, que parece le fueron facilitados por Jerónimo Paz, primera obra catalana de arqueología.Manuel de Bofarull y de Sartorio, archivero de la Corona de Aragón fue quien transcribió los principales opúsculos y en facilitó la biografía completa

Leyendas en Catalunya (Pere Miquel Carbonell i Soler [I])

Nacio en Barcelona 8 de febrero de 1434 a 2 de abril de 1517. Fue un historiador, humanista, notario y poeta, archivero real del Archivo Real de Barcelona (1476 a 1517).ra hijo de Francisco Carbonell y Juan desde Soler. Era primo del humanista Jerónimo Paz y amigo del arcediano de Barcelona Lluís Desplà (que fue presidente de la Generalidad de Cataluña y padrino de uno de sus nietos) y del protonotario real Joan Peiró, uno de los artífices del desarrollo de la imprenta en BarcelonaSe casó en primeras nupcias con Engracia, con quien tuvo tres hijos, de los que sólo sobrevivió el primero:- Francisco Carbonell- Pere Miquel- BaltasarContrajo segundas nupcias con Eulalia, viuda de Pedro Morer, mercader de Barcelona.Fue nombrado notario público por el rey Alfonso V de Aragón "el Magnánimo" en 1458, cargo en el que lo ratificó el rey Juan II de Aragón "el Grande". Este último monarca le nombró, en 1476, Archivero Real y escribano realSu hijo Francisco Carbonell también fue notario y Archivero Real, y sustituyó a su padre en el Archivo Real de Barcelona, ​​de forma progresiva y con especial intensidad a partir del 1510, y definitivamente a su muerte. El nieto de Pere Miquel Carbonell, hijo de Francisco, llamado Francisco Miquel Carbonell, también obtuvo el cargo de Archivero Real por privilegio de Carlos I.

Leyendas en Catalunya (Francesc Martí i Viladamor)

Nació Puigcerdà (Girona), el 30 de agosto de 1616 - Perpignan (Francia), el21 de diciembre de 1687. Formado en Barcelona como jurisconsulto fue fiscal de la Alcaldía General de Catalunya y uno de los enviados al Congreso de Münster en 1646 para negociar la paz con el Reino de Francia, traicionó el encargo del Consell de Cent y de la Diputacio del General, conspirando para la incorporación del Rosello a Francia. A su regreso a Catalunya fue despojado de sus cargos y en 1652 pasó a Francia donde fue protegido del obispo Pierre de Marca

martes, 2 de agosto de 2016

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XX])

La mañana del 14 de agosto se procedió al relevo de las guardias de la Coronela, entrando en servicio la 8ª del I batallón al mando del doctor Mariano Bassons, que ya había estado luchando allí el día 12, y la 2ª del tercer batallón, a la orden de Juan Boria. En la zona de la torre de Sant Joan entró la 1ª del III batallón a la orden de Carlos de Oliver, reforzadas con 250 efectivos del ejército del regimiento de Sant Narcis, comandados por el teniente coronel Juan de Llinás. Las cinco compañías restantes del III batallón se desplegaron por el tramo de muralla más próximo al bastión, mientras otros batallones de la Coronela a la ordenes de teniente coronel José de Peguera y Vilana-Millàs, y del sargento mayor Félix Nicolás Monjo y de Corbera, se preparaban como cuerpo de reserva en el convento de Sant Francesc y el convento de Sant Sebastia. Para completar el asalto Villarroel dispuso que varias piezas de artillería fueran traídas desde las murallas y apuntaran hacia el interior del bastión, ordenando que no fueran cargadas con balas sino con potes de metralla menuda para devastar a las tropas francesas que se agolpaban en el enclave. Finalmente dispuso a varias compañías de migueletes y caballería desmontada, sumando un total de 1.000 hombres para el ataque. Cuando este se desató la artillería acribilló a los borbónicos, y tras sucesivos asaltos, las tropas de Berwick acabaron retirándose ante lo insostenible de la posición. En total, tras los tres días de combate, las tropas defensoras sufrieron entre 800 y 900 bajas, mientras que los asaltantes tuvieron más de 3.000 bajas. Fracasados los dos asaltos, el mariscal duque Berwick informó a su soberano, el rey Luis XIV de Francia, de los pormenores de lo sucedido justificando los hechos alegando que "los enemigos se defienden como desesperados". Por otro lado, a pesar de haber conseguido la victoria, tras los tres días de combates, las tropas catalanas habían perdido a lo mejor de sus hombres. A partir de entonces las rondas del conseller en Cap para reconocer la primera línea y animar a los combatientes durante la oscuridad de la noche fueron constantes, pero las deserciones empezaron a ser masivas y la defensa se hacía insostenible por momentos. El 21 de agosto el conseller en Cap Rafael Casanova decretó que nadie estaba autorizado para salir fuera del contorno de las murallas de Barcelona

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XIX])

A las once de la mañana del 13 de agosto se procedió al relevo de las guardias; entraron la 2ª compañía del VI batallón a la orden de Juan Francisco Masdéu, la 5ª del mismo batallón a la orden del José Mata, y la 9ª del V batallón a la orden del doctor José Fornés, siendo reforzados con 100 hombres del ejército. Tomaron sus posiciones como pudieron en el dantesco escenario formado por las ruinas ensangrentadas de los bastiones, mientras eran retirados los cadáveres de los muertos entre los sollozos de los heridos en la noche anterior. La tensión fue extrema durante todo el día y, efectivamente, a las diez de la noche las tropas borbónicas lanzaron un nuevo asalto general. Las tropas asaltantes rompieron las defensas masacrando a la 2ª compañía del VI batallón, incluidos el capitán, el teniente y el alférez. Tomado el baluarte de Santa Clara, los granaderos borbónicos empezaron a fortificaron en él. En lo desesperado de la situación, tres compañías del ejército comandadas por el general Bellver, y todo el II batallón de la Coronela comandadas por el sargento mayor Felix Nicolas de Monjo se lanzaron al contrataque. Las tropas del ejército consiguieron diezmar a los asaltantes, pero el batallón de la Coronela fue barrido por las tropas borbónicas y tuvo altísimas bajas. En lo encarnizado de los combates y viendo la posición perdida, el conseller en Cap ordenó que otro batallón de la Coronela se lanzara al ataque, pero el general comandante Villarroel lo rechazó. Ordenó que cesaran todos los ataques hasta que rompiera la luz del día, momento en el cual ordenó el asalto al bastión con solo unidades del ejército, destinando en vanguardia a los migueletes catalanes y los granaderos aragoneses del regimiento de desmontados de Sant Miquel. Tras horas de violentos combates y cargas suicidas todo a lo largo del día 13 los destacamentos borbónicos continuaban fortificados en el bastión de Santa Clara resistiendo a sangre y fuego los envites de las tropas catalanas