miércoles, 3 de agosto de 2016

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XXIII])

A partir de la rotura de la brecha el colapso de la defensa se precipitó. Los combatientes del baluarte de Levante, cogidos por la espalda, fueron pasados a bayoneta; otro tanto les sucedió a los defensores del baluarte de Santa Clara, de los cuales sólo unas pocas compañías pudieron salvarse gracias a la carga suicida de una de las compañías de la coronela de Barcelona; y poco después también cayó el baluarte del Portal Nuevo, bajo las tropas españolas. Como recordaba el marqués de Sant Felip "Todo se vencía a fuerza de sacrificada gente, que con el ardor de la pelea ya no daba cuartel, ni lo pedían los catalanes, sufriendo intrépidamente la muerte". Los Consellers de Barcelona, viendo que toda la línea de defensa había colapsado y que la caída de la ciudad era inevitable, decidieron abandonar su cuartel general en el portal de Sant Antoni y salir a combatir por las calles. En ese momento recibieron aviso del teniente mariscal Antonio de Villarroel, quien les comunicaba que retomaba el general comando militar y les pedía que lanzaran su contrataque por el sector de Sant Pere, mientras que él dirigiría otro por el centro. Pasadas las seis de la mañana, Rafael Casanova ordenó emitir el que sería su último bando como Conseller en Cap de Barcelona, ordenando sin excepción a todos los varones mayores de catorce años a la defensa de la ciudad de Barcelona y guardia de la bandera de Santa Eulalia, en servicio del Rey y de la Patria.

Varias compañías de los seis batallones que formaban la Coronela de Barcelona se congregaron en la Plaça de Junqueras, y a la orden del Conseller en Cap Rafael Casanova, que blandía la bandera de Santa Eulalia, reliquia venerada por los barceloneses y que según la tradición sólo podía sacarse en momentos de grave peligro para Barcelona, se lanzaron al contrataque pasadas las siete de la mañana. Embistieron con tal fuerza las tropas catalanas que las tropas españolas que combatían en ese sector empezaron a retirarse desordenadamente hasta provocar una desbandada general de las tropas españolas en todo el sector de Sant Pere

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XXII])

Los fuertes chubascos caídos tras el rechazo de la proposición de negociación inundaron las trincheras borbónicas, impidiendo cualquier posibilidad de lanzar un asalto general. El 10 de septiembre un nuevo chubasco cayó sobre la ciudad; al anochecer el Conseller en Cap Rafael Casanova volvió a reconocer la primera línea de combates en la muralla, alentando a la resistencia de las tropas a pesar de deserciones y la hambruna generalizada. Mas en esta ocasión el mariscal de Francia no ordenó el asalto al entrar la noche. A las 4:30h del 11 de septiembre más de cuarenta batallones borbónicos lanzaron el asalto final sobre Barcelona. El baluarte de Llevant fue asaltado por el brigadier Courty y el coronel Cany, el reducto de Santa Eulalia por el coronel Chateaufort, el baluarte de Santa Clara por brigadier Balincourt, y la brecha contigua a dicho baluarte por el mariscal Lecheraine. La brecha central estaba bajo la responsabilidad del mariscal Guerchois y el brigadier Reves, mientras que el baluarte del Portal Nou, único sector que el mariscal duque de Berwcik confió a tropas españolas, fue asaltado por la elite de las tropas de Felipe V, los Regimientos de Reales Guardias Españolas y Valonas, bajo el mando del mariscal Antonio del Castillo y el brigadier vizconde del Puerto. El asalto general se lanzó por los tres frentes simultáneamente tal como narraba el marqués de Sant Felip, "Todos a un tiempo montaron la brecha, españoles y franceses; el valor con que lo ejecutaron no cabe en la ponderación. Más padecieron los franceses, porque atacaron lo más difícil". La defensa fue obstinada y feroz, abatiendo a los asaltantes borbónicos antes de que estos consiguieran llegar hasta la muralla y obligando a lanzar varias oleadas de gente fresca. Ante la espantosa carnicería que estaban sufriendo las tropas francesas en el sector del Baluarte del Santa Clara, el teniente general Cilly ordenó al coronel Chateaufort que abandonase el ataque al reducto de Santa Eulalia y solicitó al mariscal Lechereine, del centro francés, que lo auxiliase con el grueso de sus tropas formado por los regimientos Normadie, Auvergne, y La Reine para asaltar la brecha contigua al baluarte del Portal de Llevant. Pasadas las cinco de la mañana, y tras lanzar tres asaltos, las tropas conjuntas del coronel Cany, del brigadier Courty, del coronel Chateufort y del mariscal Lechereine conseguían pasar a sangre y fuego por encima de las pocas tropas catalanas supervivientes que defendía dicha la brecha.

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XXI])

El 1 de septiembre, dada la disposición de las tropas borbónicas, y la carencia de munición y tropas para proseguir con la defensa, el general comandante Villarroel reunió a todo el estado mayor del ejército para intentar forzar a los políticos catalanes a que aceptaran una capitulación. Estando todo el estado mayor, a excepción del general Basset, de acuerdo en la propuesta del general comandante Villarroel, este les pidió que pusieran por escrito su voto, para presentarlo a los políticos catalanes. Después se reunió con el Conseller en Cap Rafael Casanova mientras pasaban revista a la primera línea de los combates en la muralla, para que entendiera que con los escasos recursos de que disponía, las tropas asaltantes romperían fácilmente las defensas, y que no era de buen cristiano lanzar a los miles de civiles inocentes que se agazapan en sus casas a una irremisible masacre. Berwick, informado por el creciente número de desertores de las disensiones que había entre militares y políticos, tomó la iniciativa y ofreció entrar en negociaciones de capitulación. Finalmente Rafael Casanova dio su brazo a torcer, y a pesar de las reticencias del conseller segundo Feliu de la Peña, ordenó se convocaran a los Tres Comunes de Catalunya. Leída la exposición de la carta de Villarroel sobre la situación de la plaza, los tres comunes ser reunieron por separado, Generalitat de Catalunya, Braç militar de Catalunya, y el Consell de Cent, siendo representado este último por la "Junta de Gobierno y personas asociadas". En esta junta, presidida por Rafael Casanova, se impuso nuevamente su criterio, y cuando la mayoría aceptó que se entrar en negociaciones se procedió a iniciar la votación; votaron Casanova y tres representantes mas, pero cuando iba a votar el siguiente, la votación se detuvo al ser interrumpida por la noticia que los otros dos comunes ya habían votado, habiendo resuelto que no se diera oídos a la propuesta de negociación. Siguiendo la tradición de no romper el consenso entre los Tres Comunes de Catalunya, se volvió a discutir el parecer, asumiendo Casanova y la mayoría de los presentes que se debía votar al unísono con la Generalitat y el Braç militar. Reiniciada la votación, los 26 restantes miembros de la Junta votaron también por el rechazo de la propuesta de Berwick

Leyendas en Catalunya (Pere Miquel Carbonell i Soler [II])

Gran aficionado a las letras clásicas, reunió una importante biblioteca, de la que copió y anotó muchos de sus códices. Era un gran calígrafo.Aunque inscribirse en el movimiento humanista y, por tanto, cultivar la lengua latina y los clásicos, rechazando en buena parte la tradición cultural catalana anterior, se interesó por la lengua catalana, lo que le llevó a copiar, ordenar y interpolar las "Reglas de esquivar vocablos o palabras groseros o pagesívols" de Bernat Fenollar y Jeroni Pau, a escribir numerosas parejas en catalán ya una "Danza de la muerte", adaptada del francés, que seguía aún las normas de la Gaya Ciencia , con poca calidad literaria.Mantuvo relaciones literarias con los juristas Francisco de Marie-saja y Joan Vilar, con el bibliófilo Guillem Fuster y con los humanistas Antonio y Alessandro Geraldina, Teseo Valentín y Jerónimo Paz.Su cargo de archivero hizo que se decantara por los estudios históricos, entre los que resaltan la recopilación biográfico en latín De viris illustribus catalana, un conjunto de quince biografías breves de eruditos de su tiempo, dentro del ámbito de las tierras de habla catalana. Es autor de las Chroniques de España, que inició en 1495 y concluyó en 1513, las cuales comprenden desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Juan II, obra que sirvió de referencia para los historiadores posteriores. En 1496, siguiendo órdenes de Fernando II, escribió una genealogía de los condes-reyes catalanes, en la que consigna Bernardo de Septimania como primer conde de Barcelona. En 1516 concluyó una recogida de procesos de la inquisición en Barcelona, ​​comentada en catalán, que comprende el periodo 1487 a 1507, el Liber Descripción reconciliatonisque purgationis te Condemnation haereticorum.Compuso también una recopilación de inscripciones latinas de Roma, Barcelona y Tarragona, que parece le fueron facilitados por Jerónimo Paz, primera obra catalana de arqueología.Manuel de Bofarull y de Sartorio, archivero de la Corona de Aragón fue quien transcribió los principales opúsculos y en facilitó la biografía completa

Leyendas en Catalunya (Pere Miquel Carbonell i Soler [I])

Nacio en Barcelona 8 de febrero de 1434 a 2 de abril de 1517. Fue un historiador, humanista, notario y poeta, archivero real del Archivo Real de Barcelona (1476 a 1517).ra hijo de Francisco Carbonell y Juan desde Soler. Era primo del humanista Jerónimo Paz y amigo del arcediano de Barcelona Lluís Desplà (que fue presidente de la Generalidad de Cataluña y padrino de uno de sus nietos) y del protonotario real Joan Peiró, uno de los artífices del desarrollo de la imprenta en BarcelonaSe casó en primeras nupcias con Engracia, con quien tuvo tres hijos, de los que sólo sobrevivió el primero:- Francisco Carbonell- Pere Miquel- BaltasarContrajo segundas nupcias con Eulalia, viuda de Pedro Morer, mercader de Barcelona.Fue nombrado notario público por el rey Alfonso V de Aragón "el Magnánimo" en 1458, cargo en el que lo ratificó el rey Juan II de Aragón "el Grande". Este último monarca le nombró, en 1476, Archivero Real y escribano realSu hijo Francisco Carbonell también fue notario y Archivero Real, y sustituyó a su padre en el Archivo Real de Barcelona, ​​de forma progresiva y con especial intensidad a partir del 1510, y definitivamente a su muerte. El nieto de Pere Miquel Carbonell, hijo de Francisco, llamado Francisco Miquel Carbonell, también obtuvo el cargo de Archivero Real por privilegio de Carlos I.

Leyendas en Catalunya (Francesc Martí i Viladamor)

Nació Puigcerdà (Girona), el 30 de agosto de 1616 - Perpignan (Francia), el21 de diciembre de 1687. Formado en Barcelona como jurisconsulto fue fiscal de la Alcaldía General de Catalunya y uno de los enviados al Congreso de Münster en 1646 para negociar la paz con el Reino de Francia, traicionó el encargo del Consell de Cent y de la Diputacio del General, conspirando para la incorporación del Rosello a Francia. A su regreso a Catalunya fue despojado de sus cargos y en 1652 pasó a Francia donde fue protegido del obispo Pierre de Marca

martes, 2 de agosto de 2016

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XX])

La mañana del 14 de agosto se procedió al relevo de las guardias de la Coronela, entrando en servicio la 8ª del I batallón al mando del doctor Mariano Bassons, que ya había estado luchando allí el día 12, y la 2ª del tercer batallón, a la orden de Juan Boria. En la zona de la torre de Sant Joan entró la 1ª del III batallón a la orden de Carlos de Oliver, reforzadas con 250 efectivos del ejército del regimiento de Sant Narcis, comandados por el teniente coronel Juan de Llinás. Las cinco compañías restantes del III batallón se desplegaron por el tramo de muralla más próximo al bastión, mientras otros batallones de la Coronela a la ordenes de teniente coronel José de Peguera y Vilana-Millàs, y del sargento mayor Félix Nicolás Monjo y de Corbera, se preparaban como cuerpo de reserva en el convento de Sant Francesc y el convento de Sant Sebastia. Para completar el asalto Villarroel dispuso que varias piezas de artillería fueran traídas desde las murallas y apuntaran hacia el interior del bastión, ordenando que no fueran cargadas con balas sino con potes de metralla menuda para devastar a las tropas francesas que se agolpaban en el enclave. Finalmente dispuso a varias compañías de migueletes y caballería desmontada, sumando un total de 1.000 hombres para el ataque. Cuando este se desató la artillería acribilló a los borbónicos, y tras sucesivos asaltos, las tropas de Berwick acabaron retirándose ante lo insostenible de la posición. En total, tras los tres días de combate, las tropas defensoras sufrieron entre 800 y 900 bajas, mientras que los asaltantes tuvieron más de 3.000 bajas. Fracasados los dos asaltos, el mariscal duque Berwick informó a su soberano, el rey Luis XIV de Francia, de los pormenores de lo sucedido justificando los hechos alegando que "los enemigos se defienden como desesperados". Por otro lado, a pesar de haber conseguido la victoria, tras los tres días de combates, las tropas catalanas habían perdido a lo mejor de sus hombres. A partir de entonces las rondas del conseller en Cap para reconocer la primera línea y animar a los combatientes durante la oscuridad de la noche fueron constantes, pero las deserciones empezaron a ser masivas y la defensa se hacía insostenible por momentos. El 21 de agosto el conseller en Cap Rafael Casanova decretó que nadie estaba autorizado para salir fuera del contorno de las murallas de Barcelona

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XIX])

A las once de la mañana del 13 de agosto se procedió al relevo de las guardias; entraron la 2ª compañía del VI batallón a la orden de Juan Francisco Masdéu, la 5ª del mismo batallón a la orden del José Mata, y la 9ª del V batallón a la orden del doctor José Fornés, siendo reforzados con 100 hombres del ejército. Tomaron sus posiciones como pudieron en el dantesco escenario formado por las ruinas ensangrentadas de los bastiones, mientras eran retirados los cadáveres de los muertos entre los sollozos de los heridos en la noche anterior. La tensión fue extrema durante todo el día y, efectivamente, a las diez de la noche las tropas borbónicas lanzaron un nuevo asalto general. Las tropas asaltantes rompieron las defensas masacrando a la 2ª compañía del VI batallón, incluidos el capitán, el teniente y el alférez. Tomado el baluarte de Santa Clara, los granaderos borbónicos empezaron a fortificaron en él. En lo desesperado de la situación, tres compañías del ejército comandadas por el general Bellver, y todo el II batallón de la Coronela comandadas por el sargento mayor Felix Nicolas de Monjo se lanzaron al contrataque. Las tropas del ejército consiguieron diezmar a los asaltantes, pero el batallón de la Coronela fue barrido por las tropas borbónicas y tuvo altísimas bajas. En lo encarnizado de los combates y viendo la posición perdida, el conseller en Cap ordenó que otro batallón de la Coronela se lanzara al ataque, pero el general comandante Villarroel lo rechazó. Ordenó que cesaran todos los ataques hasta que rompiera la luz del día, momento en el cual ordenó el asalto al bastión con solo unidades del ejército, destinando en vanguardia a los migueletes catalanes y los granaderos aragoneses del regimiento de desmontados de Sant Miquel. Tras horas de violentos combates y cargas suicidas todo a lo largo del día 13 los destacamentos borbónicos continuaban fortificados en el bastión de Santa Clara resistiendo a sangre y fuego los envites de las tropas catalanas

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XVIII])

Tras abrir trincheras, las tropas del duque de Berwick consiguieron llegar hasta el foso, conquistar el camino encubierto, y situarse delante de las murallas de Barcelona. La artillería francesa batió la muralla hasta abrir tres brechas, mientras los minadores hicieron túneles para volar la muralla. El 12 de agosto Berwick ordenó que se lanzara el asalto general sobre Barcelona, siendo esta la primera vez que la Coronela embistió abiertamente a las tropas borbónicas. La noche del 12 de agosto los minadores hicieron estallar mina situada bajo el bastión de la Porta Nova, que quedó parcialmente en ruinas, mientras los granaderos borbónicos se lanzaron al asalto. Estaban de guardia en dicho bastión la 4ª compañía del V batallón de Antonio Berardo, y la 3ª del I batallón de Magín de Ninot. Las compañías de la Coronela se fueron retirando ordenadamente ralentizando el avance de los granaderos borbónicos hasta que recibieron los refuerzos de unidades del ejército que se hallaban de cuerpo de reserva en Sant Agustí y la cortadura. Entonces se lanzaron al contrataque contando con la cobertura de la batería de artillería del bastión de Sant Pere expulsando hasta el foso a los asaltantes. Recuperado el enclave las tropas borbónicas lanzaron varias oleadas de gente fresca, pero ya abierto el día y reforzados con un batallón entero de la Coronela los ataquen fracasaron.
En medio de la noche, al unísono del asalto al bastión de la Porta Nova, también se asaltó el bastión de Santa Clara. A los minadores borbónicos le había resultado imposible minarlo, pero la artillería lo había bombardeado hasta dejarlo en ruinas por la parte frontal, posibilitando su asalto por la rampa formada por los desprendimientos
Dada su precaria situación estaba custodiado por tres compañías: la 3ª del II batallón de Francisco de Bastero, la 7ª del I batallón de José de Ferrer, y la mayor, la 8ª del I batallón formada por los estudiantes de leyes comandada por el catedrático Mariano Bassons. El asalto de los granaderos borbónicos también se prolongó hasta romper la luz del día, y también fracasó ante la enconada oposición de las compañías de la Coronela, que fueron reforzadas inmediatamente por efectivos del ejército a las órdenes del teniente coronel Eudaldo Mas y Duran. Los combates fueron extremadamente violentos, y las compañías borbónicas que se lanzaron a pecho descubierto al asalto quedaron prácticamente exterminadas con 900 bajas. Las bajas entre los defensores, amparados en lo intrincado de las ruinas y barricadas construidas a tal efecto, fueron mucho menores: 160 bajas, con 70 muertos y 90 heridos. No obstante, los oficiales catalanes mostraron un arrojo desmedido, presentando unas bajas del 32% que dobló al de los milicianos, un 16%: el capitán Magín de Ninot resultó muerto, el capitán Ferrer herido, a lo que cabe sumar dos tenientes y un alférez muertos. Esta superior mortalidad entre los oficiales llegó a límites estremecedores en la última defensa de Barcelona el 11 de septiembre

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XVII])

El Sangriento final

El teniente mariscal Antonio de Villarroel, desde que fuera nombrado comandante en jefe del ejército de Catalunya, había tenido plena autonomía militar y había planteado una estrategia defensiva conservadora que buscaba ganar tiempo, basándose en el principio que solo una ayuda externa podía liberar la ciudad. La llegada al poder de Rafael Casanova (Conseller en Cap) el día de Sant Andreu Apóstol, 30 de noviembre de 1713, marcó un cambio total con el anterior gobierno. El nuevo Conseller en Cap Rafael Casanova exigió a Antonio de Villarroel que inmediatamente ordenara lanzar ataques continuos cada noche contra el cordón de bloqueo para desgastar a las tropas borbónicas. Hasta entonces Villarroel había rehusado emplear a la Coronela en los combates habidos delante del campo de Barcelona; en los combate de la Cruz Cubierta, asalto de Can Navarro y en la batalla del convento de los Capuchinos el general comandante solo usó efectivos del ejército de Catalunya. El conseller en Cap Rafael Casanova se hizo con el control de casi todos los recursos políticos, deviniendo la máxima autoridad política de Catalunya, presionando y sugiriendo estrategias al alto mando militar. Rafael Casanova potenció al máximo el papel militar de la Coronela, unidad que tenía bajo su mando directo sin interferencias de los mandos militares, ofreciéndo a sus batallones para que atacaran al cordón de bloqueo borbónico, y ante la negativa de Antonio de Villarroel, organizando y preparando una operación de asalto que lanzaría la Coronela sin la participación del ejército. Cuando la operación ya estaba lista, fue aplazada ante la llegada de las cartas de Carlos III de Austria y la reina. Cuando dos meses después, con la llegada del mariscal de Francia duque de Berwick, el bloqueo se convirtió en un sitio propiamente dicho, Antonio de Villarroel continuó rehusando utilizar a la Coronela, y en el asalto a la primera paralela del 13 de julio de 1714 solo participaron unidades profesionales del ejército catalán. A pesar de ello la fuerza de la Coronela se había ido reduciendo progresivamente al haber sentado plaza en el ejército varios de sus miembros, así como también por las crecientes deserciones ante lo que se avecinaba como un sangriento final. El 28 de julio el conseller en Cap Rafael Casanova decretó mediante bando la militarización total de los niños mayores de 14 años que se hallaban en Barcelona, ordenando se presentaran a las 6 de la mañana en las Rambles de Barcelona; la no comparescencia estaba penada con la prisión. Una vez estuvieron concentrados, se les dio a elegir entre alistarse, o al ejército, o a la Coronela

Leyendas en Catalunya (Pere Marc)

Fue acusado de herejía, por cuanto, según era de dominio público (tenía fama publica referente), daba culto a los demonios, ejercía como mago y adivino, hacía sortilegios. Es decir, era un nigromante del grado máximo. El imputado Pere Marc, ante la parvedad de las pruebas presentadas, fue absuelto. Los hechos imputados fueron considerados de gravedad menor y sólo se le impuso una llevadera penitencia  consistente  en  el  rezo  diario, y  postrado  de  rodillas, del  salmo Miserere. Quien levantó acta pública el notario de Barcelona Bartomeu Costa, padre.

Leyendas en Catalunya (Les "Bruixes" [XII])

Isabel de Monic, en 1574, declara que cuando una vecina le propone hacerse bruja, ella tiene una gran alegría, puesto que se le promete que nada le va a faltar Isabel, huérfana de padre y madre, recibe de boca del diablo la promesa de protegerla y darle todo lo que le haga falta. Antes de ordenar su ejecución, el proceso seguido contra ella indica que "hay que castigar los males y delitos contra la república para servir de ejemplo a las buenas personas y para el mantenimiento y sustento en sus casas y la conservación de sus bienes"

Marquesa Homet se le acusa de pactar con el diablo cuando otra mujer le dice que tendrá un hombre muy galán que le dará dinero.

Caterina Trenca entra en este círculo maligno cuando le prometen que irá ante un señor que le dará dinero, la ayudará en todos los trabajos y hará por ella todo lo que ésta necesite

lunes, 1 de agosto de 2016

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XVI])

No existió propiamente, una bandera que identificara a la Coronela de Barcelona como a unidad, sino que la bandera de la primera compañía del I batallón, cuya capitanía se reservaba honoríficamente al conseller en Cap, pero que era efectivamente comandada por Vicente Duran con el rango de teniente, hacía las funciones de bandera coronela siguiente el protocolo de un regimiento de infantería
Mención aparte merece la Bandera de Santa Eulalia, que no tenía relación orgánica con la Coronela sino que era la bandera de guerra de Barcelona. Desde la edad media la bandera de Barcelona había sido la tradicional cuartelada de la cruz de Sant Jordi con el senyera (emblema de los Comtes de Barcelona, pese a quien le pese y demostrable). Paralelamente el cabildo catedralicio custodiaba una bandera con la imagen de Santa Eulalia de Barcelona, copatrona de la ciudad, que era usada ceremonialmente durante la procesión del Corpus Christi. En el siglo XVI, por alguna razón que no se ha podido contrastar documentalmente, la tradicional bandera cuartelada de las armas heráldicas de la ciudad cayó en desuso, pasando a adoptarse la bandera religiosa con la imagen de Santa Eulalia como bandera de guerra de Barcelona. En el siglo siguiente, durante la "Guerra de Catalunya" (1640-1652), la bandera con la imagen de Santa Eulalia presidió el Tercio de la Bandera de Santa Eulalia en las batallas contra los tercios de Pedro Fajardo y Pimentel, marqués de los Vélez. En el inventario realizado en la Casa de la Ciutat de Barcelona en 1674 se documenta la existencia de una bandera procesional y de un pendón de Santa Eulalia, que eran sagradamente custodiados en un arca que solo se podía abrir con tres llaves distintas. Dado que no existen encargos para la confección de nuevas banderas en los registros de los consellers de Barcelona, el historiador Francesc Riart considera que la hipótesis que guarda mayor fundamento es que la bandera de Santa Eulalia que llevó el conseller en Cap Pedro Juan Rossell en la victoriosa batalla de Montjuic (1641) contra los tercios del marqués de los Vélez, fuera la misma que el conseller en Cap Rafael Casanova llevó el 11 de septiembre de 1714. De hecho, la documentación muestra que en marzo de 1714, cuando el conseller en Cap Rafael Casanova y el conseller segundo Salvador Feliu de la Peña instaron al general comandante Antonio de Villarroel a usar las tropas la Coronela en combate abierto contra el cordón de bloqueo borbónico en el campo delante de Barcelona, bajo el amparo de la Bandera de Santa Eulalia, estos hicieron los preparativos siguiendo el protocolo fijado en 1640. La descripción que hizo Francisco de Castellví de la bandera detalla que era de color rojo carmesí, sobre la que figuraba la imagen de Santa Eulalia de Barcelona, flanqueada por las armas de la ciudad, y con un sagrado cáliz con el lema: "Exugere Deus, Judicam Causa Tuam, ('Ven Dios, y juzga tu causa')"

Historia de Catalunya (La Coronela de Barcelona [XV])

La bandera de un regimiento de infantería era un elemento de identidad y prestigio, y a la vez una herramienta práctica para establecer la posición del mando militar, a la que en el caos de la batalla debían prestar sumar atención los soldados para seguir la órdenes que se establecieran. Un regimiento de infantería reglado tenían una bandera principal, y dos o tres banderas menores; dada su carga simbólica, la captura de una bandera enemiga, de «un color» según la terminología de la época, era apreciada sobremanera como señal de victoria. La defensa de la bandera para evitar que cayera en manos del enemigo suponía habitualmente una feroz lucha a muerte
Dada la base gremial de la Coronela de Barcelona, cada gremio tenía sus propias banderas para su uso religioso-ceremonial, y de combate. Desde el siglo anterior, durante la Guerra de Cataluña (140-1652), los gremios disponían de banderas religiosas y de guerra; al estallar Guerra de Sucesión Española los gremios barceloneses renovaron sus banderas de guerra, que acompañaban siempre a la compañía cuando entraba en servicio de guardia de portales y murallas de Barcelona. Dichas banderas de guerra medían unos 2 metros por lado, y estaban engalanadas como las del ejército de Carlos III de Austria: asta, lanza, cordones, borlas y, en algunos casos, guaspa. En cuanto al diseño, las había de pintadas y de cosidas, luciendo las armas de la cofradía gremial sobre fondo de color.
Tras la reforma de 1713 que reorganizó la Coronela en 6 batallones, se dotó a cada batallón de una bandera con la imagen del santo patrón o misterio católico bajo la advocación del cual estaba: Santísima Trinidad, Inmaculada Concepción, Santa Eulalia de Barcelona, Santa Madrona, San Severo de Barcelona, y Virgen de la Merced. El capitán de la 7ª compañía del II Batallón Francisco de Castellví y Obando narró que cada una de las seis primeras compañías de cada batallón mostraban en el anverso la imagen del santo patrón con el escudo heráldico de Barcelona debajo, y en el anverso las reales armas de Carlos III de Austria con el símbolo heráldico del gremio repetido en las cuatro esquinas de la bandera, una descripción que no se ha podido cotejar con la documentación de los gremios