El conde de Besalù era un personaje valiente vencedor de muchas batallas contra los musulmanes, pero un día le avisaron que las tropas moras venían hacia su villa procedentes de Banyoles, momento en que llamó a sus fieles y mesnadas, saliendo al encuentro de los invasores.
Topados de frente con ellos se entabló una fuerte batalla, cuando en un momento al conde se le rompió la espada y viéndose desarmado, se acordó que cerca del lugar había una ermita dedicada a San Martín.
Llegado a esta se arrodillo y comenzó a rezar y a ponerse en manos del santo para que le ayudara en la pelea, quedando alucinado cuando vio que el santo se movía para quitarse la espada que portaba en el cinto y se la ofrecía al conde.
Este la cogió y levantó para confirmar que era de verdad, dándole las gracias volvió a la pelea, en un momento en que sus hombre iban perdiendo terreno, ya que no veían a su señor creyendo que había abandonado el campo de batalla, pero al verle de nuevo, recobraron el valor y vencieron a los moros que yacían todos muertos en el llano llamado de Santa Fe.
Acabada la batalla alabaron a su señor conde y este les contó lo sucedido con San Martín, muchos no le creyeron, entonces el conde cogiendo la espada golpeó a una gran roca partiéndola en dos, desde entonces a este lugar que existe todavía, se le llama Pedratallada.
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