El taxista Paul Lee Stine de 29 años fue asesinado por Zodíaco el día 11 de octubre de 1969. Su historia es la siguiente:
Paul Lee Stine estaba parqueado cuando
lo llamaron para ir a la Novena Avenida. Era una noche bien iluminada,
había algo de niebla y el tráfico avanzaba con lentitud a causa de la
congestión. Al pasar por el restaurante Pinecrest un hombre robusto paró
el taxi. El hombre entró, se sentó atrás y le pidió a Stine que lo
llevara a la calle Washington y Maple en el barrio residencial de
Presidio Heights. Stine arrancó.
En la calle Washington había varias
mansiones a uno y otro lado. Ya en la intersección con Maple, el hombre
le pidió a Stine que avanzara otra cuadra más y Stine accedió para
finalmente detenerse entre dos árboles, cerca a la esquina de las calles
Washington y Cherry, delante de la casa número 3898 de la calle
Washington.
Una vez que se hubo detenido, el
corpulento pasajero le puso a Stine una pistola en la mejilla derecha y
le hizo un gancho en la garganta con el brazo izquierdo. Aterrado en los
segundos previos al disparo, Stine intentó en vano librarse levantando
la mano izquierda por encima de su hombro derecho. Sin demorar la
ejecución, "Zodíaco" le dio un tiro que le perforó cónicamente el cráneo,
fragmentándoselo en cuatro segmentos…
Después de eso, Zodíaco salió, entró de
nuevo por la puerta del conductor y se puso la cabeza de Stine en el
regazo mientras tomaba su cartera y le arrancaba un pedazo de camisa.
Tras eso huyó, dejando el taxi en el lugar del crimen.
Lo que Zodíaco no sabía es que tres
jóvenes lo habían visto desde la ventana del segundo piso de la casa que
estaba frente al taxi, al otro lado de la calle. A las 21:58 los
jóvenes llamaron a la Policía y hablaron de lo sucedido, describiendo al
asesino como un hombre blanco de 25 a 30 años de edad, complexión
robusta y el cabello cortado de cierta forma. El gran problema fue que,
por el nerviosismo que embargaba la comunicación, el operador de la
Policía anotó "adulto negro" en vez de "adulto blanco".
Con increíble velocidad y tras la breve y nerviosa llamada, una patrulla
policial que rondaba por el lugar se apareció en Washington y Cherry a
las 22:00. Ahí la patrulla se detuvo cuando, en medio de la oscuridad y
la niebla de aquella húmeda noche, vieron a un hombre robusto que
caminaba lentamente hacia Presidio. Los patrulleros Donald Foukes y Eric
Zelms llamaron con un grito al desconocido y le preguntaron si había
observado algo extraño o sospechoso, a lo que el hombre robusto
respondió diciendo con toda seguridad que había visto a un hombre que,
blandiendo una pistola, corría hacia el este por la calle Washington.
Los patrulleros tenían en mente que el criminal al que buscaban era un "adulto negro", tal y como erradamente había anotado el operador cuando
los jóvenes llamaron. Así pues, los patrulleros le creyeron al hombre
blanco y robusto de oscuras ropas y se fueron hacia el este por
Washington: nunca supieron que ese hombre era Zodíaco, el asesino que
buscaban. Se sabe también que no lo llamaron para que se acerque al
coche, que lo interrogaron breve y apuradamente y que no se fijaron en
la sangre que, disimulada por las tinieblas de la noche y el color
oscuro de su ropa, llevaba aquel hombre en su regazo. Después, cuando el
personal llegó (a las 22:55) a la escena del crimen, se interrogó a los
chicos y estos, ya más calmados, dejaron bien claro que el asesino no
era negro: era blanco. De ese modo y tras que Donald Foukes y Eric Zelms
supieron que el hombre al que dejaron ir era el asesino, en la Policía
de San Francisco surgió una enorme obsesión por el llamado "hombre
corpulento"
Justo el día siguiente al crimen,
Zodíaco envió al diario San Francisco Chronicle una carta que borraba
toda duda en cuanto a si él mató o no a Paul Stine:
- "Zodíaco al
habla. Soy el asesino del taxista en la esquina de Washington con Maple
ayer por la noche, para demostrado aquí está un trozo de su camisa
manchado de sangre. Soy el mismo hombre que mató a las personas de la
zona norte de la bahía. La Policía de S.F. me podría haber cogido ayer
de noche si hubiera registrado bien el parque en vez de hacer carreras
con sus motos a ver quién hacía más ruido. Los conductores de los coches
tendrían que haber aparcado el coche y quedarse esperando en silencio a
que yo saliera de mi escondite. Los escolares son buenos blancos. Creo
que una mañana me voy a cargar un autobús escolar. Dispararé a la rueda
delantera y luego liquidaré a los niños cuando salgan dando saltitos."
Junto a la carta citada estaba un trozo
de tela ensangrentada. Tras analizarlo, la Policía confirmó que la
sangre en el trozo de tela enviado era realmente sangre del taxista Paul
Stine.
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