miércoles, 16 de marzo de 2016

Asesinos en Serie (Darya Nikolayevna Saltykova [I])

Darya Nikolayevna Saltykova, nació un 11 de marzo de 1730 en Moscu (Rusia) - fallece el 27 de diciembre de 1801. Era de una familia noble de origen moscovita.  Comúnmente conocida como "Saltichikha", la condesa Darya ha sido catalogada como la "Bathory Rusa" a causa de las más de 130 sirvientas que torturó y asesinó; según dicen y aunque quizá sea solo un mito, bebiendo la sangre de las heridas en algunas ocasiones. Sea como sea, lo cierto es que Darya confesó el asesinato de 138 sirvientes (tres hombres, el resto mujeres) y, si bien las evidencias con las cuales se la condenó apenas confirmaron 38 víctimas, los historiadores no dudan de que el número real fue, en el mejor de los casos, el confesado por la propia Darya.
El abuelo de Darya había sido una figura importante en tiempos de Sofía y Pedro I y la familia de Darya estaba conectada con círculos sociales importantes como los Davidovs, los Musin, los Pushkin y los Tolstoi. Sumado a eso, la joven Darya se casó con Gleb Alekseevich Saltykova, quien era Capitán de Regimiento de la Guardia Real y pertenecía a la nobleza. Fue de ese matrimonio de donde heredó el apellido Saltykova, con el que siempre se la nombra pese a que su apellido original era Ivanova (o "Ivanov").
Darya tuvo dos hijos con el capitán Alekseevich: Teodoro y Nicolás, quienes al igual que su padre sirvieron en la Guardia Real. Todo parecía ir bien hasta que en 1755 ocurrió el primer suceso clave en la transformación de Darya: la muerte de Alekseevich, su esposo. Tras el infortunado suceso, Darya heredó el enorme patrimonio de su esposo y pasó a ser la viuda más adinerada de Moscú, adquiriendo entre otras cosas una enorme finca (con más de 600 sirvientes) en Troitskoe, cerca de Moscú.
Después de la muerte de su esposo, Darya fue con sus hijos a vivir en la finca de Troitskoe, donde inicialmente no mostró crueldad alguna y más bien, según contaron, se la veía triste la mayor parte del tiempo. Incluso en aquel entonces se pensaba que era una buena persona, ya que había hecho donaciones a muchas iglesias y monasterios.

 

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