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Con respecto a la conducta de su madre y el daño que le ocasionó, años después Camargo nos diría lo siguiente: "A
mi madrastra no le gustan los niños, pero le encantan las niñas. La
prueba es que ella consentía hasta el extremo a mi hermana. Ella tiene
que haber sufrido algún trauma en su niñez, que hizo que no le gustaran
los niños. Cuando ella me ponía vestidos de mujer, pienso yo que lo que
estaba tratando era convertirme en una mujer. Puede ser que no me
odiara, puede ser que me amara, pero no me podía amar como un niño"
En
gran parte por ello, Camargo llegó a acumular el inmenso cúmulo de
odio, resentimiento y misoginia (odio a las mujeres) que posteriormente
le transformarían en un despiadado criminal.
Pese a todo, Camargo consiguió ser un estudiante destacado en el colegio León XIII de Bogotá,
aunque posteriormente tuvo que dejar sus estudios y dedicar sus
esfuerzos a ayudar económicamente a su familia; lo cual, según
declaraciones de él mismo, habría contribuido a aumentar su amargura y
resentimiento.
Ya de adulto, Camargo conoció a una mujer llamada Alcira con la que tuvo
dos hijos, a la cual terminó abandonando cuando conoció a Esperanza,
una chica de 28 años con la cual se había hecho muchas ilusiones
llegando incluso a desear casarse con ella; esto sería el detonante del
lado criminal de Camargo, no sólo porque Esperanza no era virgen sino
que, además, sin que hubiera pasado mucho tiempo en su relación la
descubrió en la cama con otro hombre
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