Su cuerpo fue encontrado dos días
después a pocas manzanas del cine de Illa de l”Oci: tenía un pañuelo
atado al cuello, estaba metido en una funda de basura y tenía signos de
haber sido salvajemente violada…
Ante el siniestro hallazgo se levantaron
varias hipótesis: crimen pasional, venganza y otras posibilidades
alejadas de la realidad. La clave la tenían las amigas de la víctima…
En el curso de las indagaciones
realizadas por la policía española, se pudo contactar con las amigas de
María Bascuñana, quienes dieron datos determinantes para capturar al
asesino.
Para empezar, según contaron las amigas
de María, ésta les había contado que Gilberto la acosaba sexualmente
cada vez que iba a dejar o retirar su coche del parqueadero. Lejos de
parecer una calumnia, aquello se veía respaldado por otra acusasión,
según la cual Gilberto, buscando satisfacer sus deseos lascivos, les
pedía los números de celular con la excusa de que era para llamarlas en
caso de que algo malo les sucediese a los coches dejados en el estacionamiento. Y decimos que era para satisfacer sus
deseos lascivos ya que, todas las que le dieron el número, recibieron
después llamadas de acoso sexual.
¿Sería entonces Gilberto el asesino de
María? La Policía empezó a sentirse segura de que sí cuando, tras
encontrar el teléfono móvil de María, vieron a través de un registro de
llamadas que, justo en las horas en que desapareció María, desde su
celular se efectuaron dos llamadas, de entre cinco y seis minutos, a
lugares en que se ofertaba sexo telefónico… Entonces: ¿para qué querría
María eso?, ¿era esa una conducta propia de una mujer no-lesbiana?, y
eso, claro está, además de que las llamadas, como ya se dijo, fueron
cronológicamente cercanas al momento del crimen… Ahora Gilberto era el
principal sospechoso, y todo empeoró para él cuando se constató que, la
funda de basura usada para intentar cubrir el cadáver de María, era del
tipo de fundas que empleaba el personal de limpieza del sitio en que
Gilberto trabajaba…
Por otra parte, los compañeros de
trabajo de Gilberto dijeron que sí acudió a trabajar la noche del
crimen, y que no notaron nada raro en él. Y en cuanto a vecinos y
conocidos, todos rendían buen testimonio, diciendo que era un sujeto
amable y tranquilo. Nuevamente surgía algo de duda, pero la certeza
regresó cuando, tras efectuar una autopsia, se encontró, mediante
exámenes de ADN, que el semen encontrado en el cadáver de María
pertenecía a Gilberto…
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