
Aquello fue denunciado a sus padres, que alarmados fueron hasta la ciudad de Manresa donde pidieron ayuda a un poder religioso, este acepto ya que era un experto en temas como posesiones y pactos diabólicos.
Una noche el religioso se encerro en el sotano de la masía con el soldado y el caballo, para intentar liberarlo de lo que consideraba una posesión demoniaca. Se pudieron escuchas gritos, maldiciones y sus padres y algunos vecinos pudieron ver como el jinete y su caballo salian raudos de la bodega al galope, siendo preseguido por el pueblo. Pero ambos se perdieron al entrar gritando en el interior de una cueva de la cercana montaña. Perdiendose su rastro para la eternidad.
Durante muchas décadas los vecinos se negaban a pasar la noche cerca de la cueva y preferian continuar su camino, antes que penoctar alli. Aunque nunca más se vio al jinete y a su caballo
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