
Entonces explicó su modus operandi, que consistía en contratar por una suma de dinero a las prostitutas. Una vez estando ellas a modo, las sometía amenazándolas con un arma de fuego. Tratando de verse lo más seguro y desafiante posible les decía: “Muy bien, eres una profesional, lo que hacemos no te excita en nada, sabes bien que existen riesgos en lo que haces. Que esto te sirva de experiencia, para que la próxima vez elijas bien a quién te ofreces. Si haces todo cuanto te ordeno, no saldrás lastimada…” Hansen hacía lo anterior para ver cómo la víctima se congelaba del miedo. Disfrutaba verlas sentirse indefensas y sometidas a su voluntad. Una vez que tenía a una mujer bajo su poder, normalmente la llevaba en la avioneta a su remota cabaña de los bosques. Ahí, después de violarlas sin misericordia, llegaba al extremo de desnudarlas y aún de taparles los ojos antes de soltarlas. Esperaba un poco a que la chica corriera y después, con su navaja y con el rifle, las cazaba igual que lo hacía con osos o venados.
Al término de su declaración, la Policía
le mostró un mapa de la región a Hansen y le pidió que señalara los
sitios donde había cometido sus fechorías. Éste señaló numerosos
lugares. Al día siguiente se hizo una expedición en un helicóptero
militar y Hansen los condujo a 12 sitios diferentes, ahí fueron marcados
árboles para regresar posteriormente a revisar. Durante 1984 fueron
recuperados únicamente 7 cuerpos.
El 18 de Febrero de 1984 Robert Hansen
se declaró culpable de los cuatro homicidios acordados y recibió
sentencia de 461 años de cárcel sin derecho a libertad condicional.
Inicialmente fue enviado a una penitenciaria en Pennsylvania, pero en
1988 regresó a Alaska a ser uno de los presos del centro correccional
Spring Creek. Poco después de encarcelado su esposa pidió el divorcio.
fuente: http://www.asesinos-en-serie.com
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