
Para llevar a buen término su acción maléfica y destructora, las brujas
se convirtieron en cuervos, unos pájaros con una
envergadura de 130 centímetros, plumaje negro uniforme, cola terminada
en punta y pico robusto con barba marcada y que estan considerados como aves de "Lucifer" y que ejecutan sus ordenes. Durante la noche y
silenciosamente, fueron arrancando una a una las piedras del
campanario, mientras el anciano y fatigado párroco de Altafulla dormía
plácidamente ajeno a la destrucción. Pero cuando el trabajo se
encontraba bastante avanzado, un cuervo despistado dejó caer una piedra y
despertó al párroco, que descubrió de inmediato lo que allí sucedía.
Como que todavía quedaba en pie una campana, el párroco procedió a
tocarla insistentemente, lo que provocó la caída y consiguiente muerte
de los cuervos, uno tras otro. A la mañana siguiente los vecinos del
pueblo observaron el campanario destrozado y gran cantidad de cuervos
muertos en la plaza de la Iglesia, pero libres de las malas artes de las
brujas. Después del anterior destrozo, el campanario no se reconstruyó
por falta de recursos y todavía hoy se conserva inacabado, tal como lo
dejaron las brujas convertidas en cuervos.
Otra de las "bruixes" en Altafulla, pero una en particular, decían que era una mujer que se convertia en un gato.
Cada noche la bruja se convertia en gato y entraba a robar a las casas. Hasta que un día vieron al gato robar en una casa y le pegaron un tiro en el brazo derecho. Al día siguiente fueron a la casa abandonada donde vivía y la viero tumbada en el suelo con un disparo en el brazo derecho.
A la semana cuando la bruja se recuperó volvió a ir a robar, pero esta vez le tendieron una trampa y la pillaron. La bruja llamó a sus amigas pero nunca la encontraron, las personas que esa bruja les robó la mataron quemandondola y dejandola lejos de ese pueblo.
También decían que sobrevió que estuvo buscando el pueblo durante años pero nunca lo encontró.
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