
Tres años después de estos crímenes,
Joachim volvió a matar. Estaba buscando una víctima femenina en
Grossenbaum cuando se topó con una pareja que había aparcado en un
callejón conocido por ser refugio de enamorados. Hermann Schmitz y su
novia, Marion Veen, se estaban besando en el asiento delantero de su
automóvil. Joachim se puso delante del vehículo y empezó a mover los
brazos como loco. Creyendo que este hombre obviamente agitado tenía
algún problema, Schmitz salió del automóvil. Joachim le asestó varias
puñaladas.
Marion, quien entendió lo que estaba pasando rápidamente, se pasó al
asiento del conductor y puso el vehículo en marcha. Joachim logró
apartarse de un salto en el último momento. Corrió hacia los matorrales y
desapareció, en medio de la noche. Marion colocó una horquilla debajo
de la corneta para que esta no parara de sonar, esperando así llamar la
atención. Entre tanto, detuvo el vehículo y corrió al lado de Hermann.
No había nada que pudiera hacer. Estaba muerto.
En septiembre de 1966, Joachim asesinó y violó a Ursula Rohling, de 20
años. Inmediatamente se sospechó de su novio, Adolf Schickel, la última
persona vista en su compañía. Aunque fue arrestado, después lo dejaron
en libertad. Adolf tuvo que hacer frente a las burlas de sus amigos y
vecinos, que estaban totalmente convencidos de su culpabilidad. Cuatro
meses después de recuperar su libertad, se llenó los bolsillos con
piedras y se ahogó en un río cercano.
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