Al parecer, cada día ella elaboraba una lista con el número total de víctimas a matar y o torturar durante esa jornada, y hasta que no acababa la faena no se iba a cenar.
Era llegar Irma Grese al campo de exterminio, y todas las reclusas se ponían a temblar, pensando que en ese día la desdichada iba a ser una de ellas. A Grese le gustaban mucho las guapas, o las menos feas, ya que en aquellas condiciones de insalubridad, era evidente que la belleza de aquellas mujeres estaba muy tocada. Sin embargo, cualquiera de ellas que conservara algo de belleza, era la seleccionada por Grese. Ella se regodeaba viendo el terror en los ojos de aquellas mujeres, ya que de verdad, esta chica carecía absolutamente de cualquier tipo de piedad hacia ellas.
Con sus dientes relucientes, sonreía viendo a la desdichada elegida, como se desangraba ante sus morros, y no dudaba en introducir la punta de la fusta, en las heridas ya abiertas, para que el sufrimiento y el dolor de su víctima, fuese mayor. Algunas veces, tras pasar lista, "El Ángel de la Muerte" seleccionaba a un nutrido grupo de reclusas, tales como 300 por ejemplo, y las introducía a todas en el interior de un pequeño habitáculo, y ordenaba a los guardias que cerraran las puertas de dichos habitáculos, con clavos, a modo de que no pudieran escapar. En el interior de esas habitaciones, las mujeres se agolpaban completamente apelotonadas unas con otras, casi sin oxígeno, y las dejaba sin comida y sin bebida. Estas mujeres, acabarían posteriormente en las cámaras de gas, siendo vilmente ejecutadas.
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