jueves, 17 de diciembre de 2015

Asesinos en Serie (Juan Vallejo Corona [IV])

La evidencia forense presentaba múltiples dificultades. La sangre hallada en la camioneta resultó ser de un trabajador herido que había sido transportado en dicho vehículo. Su famoso machete no presentaba rastros sanguíneos y la de otros lugares resultó ser pintura.
Las huellas de llanta halladas en los sitios no concordaron con las de la camioneta tampoco, la bala hallada en uno de los cadáveres tampoco perteneció a la pistola de Corona, en fin que ni las marcas de herida de machete ligaban con certeza al contratista con los muertos. Inclusive el acusado contaba con una coartada pues durante el tiempo de la muerte de varios de los enterrados estaba usando muletas para caminar.
El juicio contra Juan V. Corona fue sumamente largo y tedioso. El procedimiento se tornó en una lucha de intereses entre los abogados de la defensa y los de la parte acusadora, en este caso del Estado de California. Las principales disputas giraron en torno a la evidencia forense y a su complicada y fallida recopilación. Ningún especialista que pasó a rendir testimonio en la corte pudo asegurar al 100% que los cuchillos y el machete de Corona estaban conectados con los cadáveres encontrados. En cuanto a la sangre, igual ningún especialista pudo establecer de manera convincente que hubiera conexión entre las muestras de los muertos y las manchas y gotas encontradas en los efectos personales y la propiedad del acusado. Salieron a flote tantos y tan complicados detalles que muchas veces se perdió la perspectiva de los crímenes para enfocarse en la efectividad de los analistas y en su reputación profesional. Aún las recetas y recibos hallados en los entierros fueron puestos en duda, al sugerirse que tal vez alguien quiso inculpar de esa manera a Corona con los asesinatos. Hubo quien sugirió que se revisara la antigüedad de cada cadáver y de las notas para poder dilucidar si fueron puestas después o cayeron en las tumbas en el momento mismo del crimen. Esta estrategia puso al descubierto errores de procedimiento por parte de los forenses al clasificar los cuerpos, los cuales fueron numerados de diferente manera por los médicos, contrariamente el sistema con que la Policía los fue etiquetando. Luego estuvo el hecho de que nadie pudo concluir que Juan V. Corona fuera homosexual, este hecho hubiera resultado crucial dada la evidencia de que los crímenes tenían una motivación notoriamente sexual. Hawk, el abogado defensor, nunca llevó ningún testigo clave al estrado y, aunque no lo nombró explícitamente, basó gran parte de su estrategia en sugerir que había sido el hermano de Juan, es decir Natividad Corona, el "verdadero" responsable de la matanza.

Para complicar más el juicio resulta que se le acusó a Corona por los 25 crímenes, multiplicando así en costos monetarios y de tiempo las diligencias respectivas. Usualmente cuando se acusa a un multihomicida basta con procesarlo por uno o dos crímenes de la multitud que se le adjudican, pero en este caso ese detalle de atiborrar de acusaciones constituía la estrategia de la parte acusadora para conformar un caso ganador. Es decir, cimentar el mosaico de evidencias circunstanciales de que habíamos hablado párrafos atrás. Finalmente ambas partes dieron por agotados sus trabajos y el jurado decidió que Juan V. Corona era culpable de 25 homicidios, en consecuencia el juez recetó 25 cadenas perpetuas con derecho a libertad condicional.
Poco tiempo después Corona volvió a juicio puesto que un nuevo grupo de abogados tomó la defensa del caso y decidió que no se le había defendido correctamente en su primer juicio. De hecho nadie se explica el por qué su primer abogado defensor no hizo nada por alegar incapacidad mental. Estaba claro y documentado que Corona había sido sometido a electroshocks. Sin embargo este nuevo lance probó ser ineficaz y costoso, pues se estima que a los contribuyentes californianos el chiste les salió en varios millones de dólares. Básicamente el jurado argumentó que Corona era el más probable culpable por la evidencia de su bitácora personal, donde había anotado un registro de los nombres de varias de las victimas halladas y, siendo de ese modo, no se modificó la sentencia del juicio anterior, siendo que hasta esa evidencia no estaba exenta de controversia y que fue materia de mucho debate entre especialistas en Grafología.
En cuanto a Corona, no lo pasó bien en la cárcel los primeros años, puesto que fue atacado por cuatro internos, quienes lo cosieron a puñaladas, casi haciéndolo morir y destruyéndole un ojo en el ataque. Pero luego Corona se recuperó y a la fecha continúa purgando su sentencia en la prisión estatal de Corcoran en California. Padece de demencia senil y su salud no es buena.


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