
En Marzo de 1948 Timothy y Beryl Evans y su esposa se trasladan al nº 10 de Rillington Place, junto a su hija Geraldine de poco más de un año. El joven matrimonio se llevaba bien con Christie y su mujer, quien estaba encantada con la niña. En 1949 Beryl queda embarazada; no desea tener el hijo ya que los ingresos de Timothy eran muy escasos. Preocupados, comentan el problema a los Christie; posteriormente John se ofrece a practicar el aborto, convenciéndoles de que se puede realizar sin salir de casa.
El 8 de Noviembre de 1949 Timothy regresa de trabajar y recibe la noticia de que Beryl no ha sobrevivido a la operación.
Timothy está trastornado y no sabe qué hacer, pues el aborto es ilegal en Inglaterra; así, se deja guiar por la única persona que puede ayudarle: el señor Christie, quien le convence para ocultar el cadáver. Timothy acepta horrorizado, convirtiéndose en cómplice de homicidio. El señor Christie le sugiere que abandone la ciudad durante un tiempo, asegurándole que él se encargaría de dar en adopción a la pequeña Geraldine.
Timothy está trastornado y no sabe qué hacer, pues el aborto es ilegal en Inglaterra; así, se deja guiar por la única persona que puede ayudarle: el señor Christie, quien le convence para ocultar el cadáver. Timothy acepta horrorizado, convirtiéndose en cómplice de homicidio. El señor Christie le sugiere que abandone la ciudad durante un tiempo, asegurándole que él se encargaría de dar en adopción a la pequeña Geraldine.
Aunque el joven se marcha de la ciudad,
no puede olvidar el trágico suceso; así, se presenta en comisaría y
confiesa haber matado a su esposa. Hicieron falta dos registros de la
casa para poder encontrar lo que buscaban; el cadáver de Beryl Evans se
encontraba doblado debajo del fregadero, enrollado en una manta y
ocultado por unos troncos. Se hallaba vestida y con una corbata en el
cuello, había sido estrangulada; la pequeña Geraldine se encontraba,
también estrangulada, junto a su madre. Evans es trasladado a Londres el
2 de Diciembre y es acusado del homicidio de su mujer e hija.
Desesperado, decide confesar la verdad e implicar a Christie como único
responsable del aborto fallido.
En el juicio se comprobó que Christie
sirvió a su país en la primera Guerra Mundial y que había trabajado como
policía especial; con esto se ganó la compasión del jurado. Mientras
declaraba como testigo negó su participación en el aborto y comentó las
continuas peleas entre el joven matrimonio así como los malos tratos que
sufría Beryl (todo falso). En menos de 40 minutos el jurado encontró a
Timothy culpable de los asesinatos y fue sentenciado a la horca.
El joven no dejó de insistir en que
Christie mató a su mujer y a su hija, hasta el mismo día de su muerte,
pero nadie le creyó. Murió ahorcado el 9 de Marzo de 1950.
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