
El Dios de
los Mares, Poseidón, golpeó con su gran tridente una roca, y de ella
surgió el caballo, que representaba la inteligencia, el valor, la fuerza
y la capacidad de transportar al hombre sin fatigarse. Destacaría su
“invención” entre todas las especies animales.
La
diosa Atenea, por su parte, clavó su lanza en la tierra y de ella
surgió el olivo, que puede vivir centenares de años, produce frutos
comestibles, y además se extrae el mejor jugo posible: el aceite de
oliva. El pueblo griego eligió por mayoría al
olivo como mejor utilidad para su civilización y desde entonces, Atenas
debe su nombre a tan prestigiosa diosa.
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